¡Votemos por Oviedo!

Juan Daniel Oviedo
Juan Daniel Oviedo en 2025 Dominio Público

La reciente confirmación de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial de Paloma Valencia es un mensaje frío y calculado que resuena como una bofetada para las bases conservadoras de este país. Así, sin pelos en la lengua.

Al elegir a un perfil eminentemente tecnocrático, cuya brújula moral se ajusta a la agenda ideológica progresista que tanto hemos combatido, el Centro Democrático (CD) nos está diciendo, sin vergüenza, que el poder le importa más que la coherencia. Y ya veo venir las piedras de amigos y compañeros de batallas que militan en este partido, pero no podemos tapar el sol con un dedo.

Si de poder se trata, escoger a Oviedo es una decisión acertada, si de principios se trata no existe justificación alguna. Y no, no se trata de su orientación sexual. Dejando eso a un lado, Juan Daniel es un hombre técnico y muy capaz que demostró en el DANE su excelencia como servidor público. ¡Pero no representa nuestras ideas! Y el corazón de la política son las ideas. Al perder una elección eso es lo que nos queda y a al ganarla la oportunidad de hacerlas realidad.

No es un secreto que, en política, la negociación es el oxígeno del sistema. Se negocian presupuestos, se negocian tiempos, se negocian cargos. Pero hay una línea roja que, si se cruza, convierte al político en un burdo mercader de todo lo que toca. Los principios fundacionales —la defensa de la vida desde la concepción, la protección de la familia natural y la libertad de conciencia— no son monedas de cambio.

Mientras la Corte Constitucional avanzaba en la despenalización del aborto hasta las 24 semanas, y mientras la ideología de género se infiltraba en las políticas públicas, ¿dónde estaba Oviedo? Pues allá, celebrando las victorias de la izquierda contra los inocentes en el vientre, contra las familias. Y eso, en una fórmula vicepresidencial que aspira a representar a la derecha, es inaceptable.

El Centro Democrático nació con la promesa de ser un dique de contención contra el castrochavismo y el relativismo cultural. Sin embargo, con el paso de los años, se ha transformado en una centro derecha tibia. Es justo reconocer que en sus filas hay hombres y mujeres de bien, afines a nuestras causas, que mantienen la llama encendida. Pero la dirección, la cúpula, ha decidido que la gobernabilidad vale más que la identidad. Han priorizado la foto institucional sobre la sustancia ideológica.

Juan Daniel es un hombre técnico y muy capaz que demostró en el DANE su excelencia como servidor público. ¡Pero no representa nuestras ideas!

Aquí es necesario detenerse y reflexionar sobre la naturaleza del liderazgo. La pretensión de llegar al poder no puede estar por encima de la capacidad de sostener las convicciones cuando el viento sopla en contra.

Un líder sin columna vertebral ideológica es como un arquitecto que construye rascacielos sobre arena: puede que la estructura se vea imponente al principio, pero ante la primera tormenta cultural, se vendrá abajo. El progresismo es el tipo de “amigo” que te abraza y luego te clava el puñal. La verdadera política no es solo ganar elecciones, es dejar un legado ético. Si sacrificas lo esencial para obtener lo coyuntural, no has ganado; te has vendido. Y el precio de esa venta lo pagan los ciudadanos que creyeron en la promesa de un cambio moral.

La creatividad en la política no está en inventar nuevas formas de complacer a todos, sino en tener la audacia de decir "hasta aquí llegamos". Oviedo representa lo contrario: la suavidad de quien no quiere problemas. Pero los problemas de fondo, los que amenazan el tejido social, no se resuelven con suavidad, se resuelven con firmeza.

Esto nos lleva a un escenario incómodo, casi doloroso, que debemos visualizar con realismo. Las encuestas y la dinámica electoral nos van a llevar a una segunda vuelta. Y aquí surge el dilema de la lealtad. Si Abelardo de la Espriella, quien ha mantenido una postura clara y sin fisuras en defensa de la vida y la familia, logra pasar a la segunda vuelta, es imperativo que el Centro Democrático y sus militantes lo apoyen sin reservas.

Pero, ¿y si la situación se invierte? Si es la fórmula Valencia-Oviedo la que pasa a la segunda vuelta, ¿deberíamos las bases conservadoras cerrar filas? En teoría, sí. Hay que sacar a la izquierda del poder o en 4 años no habrá país que salvar. En la práctica, esta escogencia de Oviedo es una afrenta que dificulta dicha movilización. Yo aún me cuestiono si podría hacerlo.  Por coherencia. ¿Cómo pedirle a un provida que vote por quien ha sido cómplice de la cultura de la muerte? ¿Cómo pedir coherencia a las bases cuando la cúpula ha decidido que los principios son negociables?

Los principios fundacionales —la defensa de la vida desde la concepción, la protección de la familia natural y la libertad de conciencia— no son monedas de cambio.

Mientras se desarrolla una pelea a muerte en redes sociales entre los seguidores de paloma y los de Abelardo, se escuchan las voces de los pragmáticos en el Uribismo gritando, ¡Votemos por Oviedo! Y yo les respondería en sus nuevos términos ¡Periodicazo! Por culpa de ustedes estamos en una encrucijada Moral. Visiono para el país un momento en el que los colombianos premien la extrema coherencia en las urnas y elijan a Abelardo de la Espriella.

Dejando atrás a las derechas tibias y pasando a la restauración radical del país. De la patria milagro. Pero si eso no pasa tendremos que pensar en la forma de evitar a la izquierda en el poder. Que Dios nos conceda la sabiduría. Pesa sobre nuestros hombros el futuro de nuestra Nación y ahora un dilema Ético casi imposible de resolver entre coherencia y supervivencia. Esto solo confirma que hay cosas que no admiten tibiezas, dos de ellas, el amor y la política.


Sobre el autor: Josué David Cortes, licenciado en educación y ciencias religiosas con estudios en Ciencia Política y cosmovisión. Actualmente se desempeña como Maestro de Educación religiosa y ética valores en Bogotá Colombia, liderando una transformación educativa desde la apologética y la batalla cultural. Activista en defensa de la vida, la familia y la libertad. Escritor de verdad en tiempos de relativismo.

Más reciente