
Con cerca de 700.000 votos en las recientes elecciones legislativas, el Movimiento de Salvación Nacional ha logrado lo que muchos analistas consideraban imposible: pasar de ser un partido declarado muerto políticamente a convertirse en el futuro de la nueva derecha colombiana. Los resultados son contundentes: cuatro curules en el Senado y una representante a la Cámara por Bogotá. Pero para entender este resurgimiento, no basta con mirar las cifras frías del escrutinio; hay que bucear en la historia, en la sangre y en las ideas que han cimentado esta colectividad.
Para comprender este fenómeno, es necesario remontarse a 1990. En medio de una crisis de legitimidad de los partidos tradicionales y el acecho del narcoterrorismo, Álvaro Gómez Hurtado fundó el MSN como una disidencia conservadora y un llamado moral a la nación. Su propuesta, El Acuerdo sobre lo Fundamental, buscaba poner por encima de las ideologías la honestidad administrativa, el derecho a la vida, la propiedad y la familia. Sin embargo, la violencia truncó ese proyecto prematuramente. El asesinato de Gómez Hurtado el 2 de noviembre de 1995 dejó al movimiento huérfano de su líder natural, sumiéndolo en un declive que culminó con la pérdida de su personería jurídica en 2006.
Durante 15 años, el MSN fue solo un recuerdo en la memoria de la derecha doctrinaria. No fue hasta diciembre de 2021, cuando el Consejo Nacional Electoral, en un acto de reparación histórica, le devolvió su personería. Pero el verdadero salto cualitativo ocurrió entre 2025 y 2026. La alianza estratégica con Abelardo de la Espriella permitió que el partido conectara con un sentimiento popular emergente. Bajo la bandera de la Lista del Tigre, el MSN logró canalizar el descontento de un electorado que buscaba seguridad, justicia tradicional y coherencia, alejándose del clientelismo.
Sin embargo, la victoria electoral es solo el primer paso. El verdadero reto reside en la consolidación de una estructura que le permita sobrevivir y crecer, y aquí es donde las juventudes del partido se convierten en el gran vehículo para asumir esa misión. Este nuevo bloque generacional debe formar su identidad sobre dos grandes pilares. El primero es la solidez discursiva: construir una nueva derecha que defienda sin complejos la vida, la familia, la propiedad, la libertad y la institucionalidad. Pero es crucial salir de la narrativa de la defensa entendida únicamente como reacción; nuestro enemigo ideológico ha marcado la agenda durante años y, si bien es importante responder, ha llegado la hora de marcar la agenda nosotros.
El segundo pilar es promover nuestras ideas en el territorio. Hay que salir de la zona de confort de clase. No podemos seguir vendiendo nuestras ideas exclusivamente en foros académicos de las grandes universidades privadas como los Andes, la Javeriana, el Rosario o la Católica, allá las ideas alcanzan a llegar al fondo del salón donde las reciben una mesa con tintos y aromáticas o una máquina de comida. Por eso hay que entrar a la universidad pública sin miedo, ir a los colegios, a los barrios. Se trata de mostrarle a la gente que nuestro discurso es en su beneficio directo: al empresario de barrio mostrarle que la libertad económica pone pan en su mesa; al padre y a la madre de familia, que tienen libertad para educar a sus hijos según sus convicciones y que hay ideologías que quieren pervertir a sus hijos; a la sociedad en sí, que la vida se defiende desde la concepción y que el aborto es un crimen de las élites políticas y económicas contra la humanidad; y al joven, que aunque las personas han fallado en las instituciones, debemos renovarlas y confiar en nuestra democracia.
Todo eso es el ejercicio de lo que yo llamo “pedagogizar la política”, y es tarea de los jóvenes. Toca remangarse el saco, hacer una olla comunitaria en el barrio y salvar a Colombia desde el asfalto, o sea desde abajo. Además de presentar nuestras ideas, hay que llenar los mecanismos e instancias de participación que la idea tiene coptados. Se necesita una revolución molecular: formar jóvenes, no necesitamos importar a un Laje en cada esquina, necesitamos al joven que ya está en la esquina, que conoce a su gente y tiene la legitimidad natural. Formarlo, o como me gusta decirlo, “tirarle línea”, para que él conquiste su barrio. Se vienen elecciones locales el próximo año y el partido debe ser protagonista. Salvación Nacional debe pensar hacia la derecha, pero actuar como la izquierda en cuanto a organización territorial y trabajo de base.
Este desafío recae sobre los hombros de la actual dirección, liderada por el ahora senador Enrique Gómez, su equipo, junto a Nicolás Gómez y Martín Gómez, quienes tienen la tarea de orquestar esta expansión. La bancada que llega al Congreso para el periodo 2026-2030 está compuesta por los senadores Sara Castellanos, Germán Jiménez y Alejandro Bermeo, sumados al liderazgo de Enrique Gómez, y cuentan con la voz en la Cámara de Representantes por Bogotá de Carol Borda. Con este equipo.
Ahora, el partido enfrenta el reto de consolidar una estructura que le permita sobrevivir y crecer más allá del fenómeno coyuntural. Tener bancada es un logro; mantenerla con dignidad es el verdadero desafío. El MSN representa hoy la evidencia de que hay una derecha nueva en Colombia que está pidiendo coherencia, que no se conforma con el poder por el poder, sino que busca un proyecto de país.
Y aquí es donde el discurso se pone jarto para algunos, pero necesitamos una derecha popular. Y no popular en cuanto a una lucha de clases, más bien en cuanto a que las ideas de la derecha peguen en el pueblo que es el que vota. Hay que librarnos de la narrativa de la izquierda de que la palabra derecha significa: Centro democrático, Álvaro Uribe y paramilitarismo. Y he de aclarar que las 3 palabras no están puestas juntas por algún tipo de relación.
Sobre el Centro Democrático, es un partido de centro derecha que ha representado una derecha tibia con tendencias socialdemócratas, pero la izquierda no está lista para ese debate. Sobre Álvaro Uribe es un líder político indiscutible al que nadie le ha dado ni le dará la talla en su partido, y no, no soy uribista. Y sobre el paramilitarismo, los paracos son lo mismo que los guerrillos, criminales armados que si no tienen voluntad de paz deben ser abatidos por la fuerza del estado. Ya, así sin rodeos. Y está aclaración era profundamente necesaria. Volviendo a nuestro tema, necesitamos una derecha popular. Si seguimos aplaudiéndonos entre nosotros vamos a morir viendo el mismo país.
En este contexto, es vital recordar que, si bien las ideas del Acuerdo sobre lo Fundamental son necesarias para el orden social, es necesario recordar el fundamento de la fe que las inspira. Se trata de reconocer que un gobierno de principios y valores cristianos es aquel que entiende la dignidad humana como inviolable. Son esos valores los que cimentaron a Occidente, los que construyeron la libertad y la justicia que hoy defendemos. Los cristianos están jugando un papel crucial en este renacimiento como guardianes de la moral pública. El MSN tiene en sus manos la oportunidad de demostrar que la política, cuando se ejerce con virtud, coraje y coherencia, puede ser realmente un servicio de salvación nacional.





