Resultados de las elecciones legislativas Colombia 2026: ¿Cómo le fue a los cristianos?

Elecciones Colombia
Las elecciones legislativas de Colombia se realizaron este domingo 8 de marzo. En ellas se eligieron a los miembros de ambas cámaras del Congreso de Colombia para el periodo 2026-2030, entre un total de 3144 aspirantes. Foto: Secretaría Distrital de Gobierno

Análisis en primicia para Diario Cristiano Internacional

Hoy, Colombia durmió con el aroma denso de la democracia. Las urnas cerraron hace unas horas y el país ha hablado. Mientras las redacciones de los grandes medios se pelean por los titulares de las mayorías tradicionales, desde esta trinchera de fe nos hacemos la pregunta: ¿Cómo le fue al pueblo de Dios en las urnas?

La respuesta no es blanca ni negra. Los resultados fueron moderados. A pesar de una amplia gama de candidatos cristianos dispersos en casi todas las tiendas políticas, el voto creyente no logró un tsunami electoral, pero sí dejó sorpresas mayúsculas que desafían la lógica humana y confirman que, cuando Dios habla, la historia se tuerce hacia su propósito.

Los Gigantes y las Sorpresas

Nadie, absolutamente nadie, daba un peso por Salvación Nacional hace apenas unos meses. Era considerado un partido fantasma. Pero parece que el Señor le habló a Sara Castellanos para que fuera allí. Contra todo pronóstico, Sara se coronó con más de 100.000 votos, asegurando su curul en el Senado. Lo que parecía un riesgo calculado se convirtió en una de las fuerzas políticas más grandes del país. Es la prueba de que la obediencia vale más que la encuesta.

En el Centro Democrático, Daniel Briceño demostró que la fe no está peleada con la técnica. Con 250.000 votos, se convirtió en una máquina electoral gracias a un trabajo riguroso de control político y una estrategia impecable en redes sociales, guarden este extracto de la columna, me atrevo a decir que a este paso Daniel Briceño será presidente. Por su parte, Jota Pe Hernández, de la Iglesia Avivamiento, logró 160.000 votos, demostrando que el voto de opinión jala y duro.

En la Cámara de Bogotá, la historia de la Misión Carismática Internacional (MCI) escribió un capítulo dorado. Carol Borda, fórmula única de Sara Castellanos en Bogotá, obtuvo unos históricos 60.000 votos, convirtiéndose en la mujer más votada en la capital por su partido y rompiendo el techo cristalino de votaciones recientes de la iglesia. Detrás de esta campaña hubo estructura: los pastores Boer (del equipo de 12 de los pastores castellanos), la Fundación Nazer (la organización pro-vida más grande de Colombia) y un equipo sólido que no durmió.

También obtuvieron curul Carlos Eduardo Guevara por el Partido MIRA (Iglesia Internacional de Jesucristo) con 80.000 votos, manteniendo a esa colectividad como una fuerza que no crece explosivamente pero que se adapta a su realidad. En Bogotá, David Gerardo Cote (Centro Democrático) logró su curul con 27.000 votos, respaldado por la estructura del concejal Marco Acosta. Y hay esperanza pendiente: el activista Jonathan Silva, con 25.000 votos, tiene probabilidades reales de obtener su escaño en el escrutinio la próxima semana.

Las Heridas Abiertas y los Silencios

Pero la política también tiene su cruz. La actual senadora por el moribundo Colombia Justa Libres obtuvo 62.000 votos y se debate en la incertidumbre del escrutinio.

Hubo dolores necesarios. El exconcejal de la familia Marco Fidel Ramírez, con todo respeto a su trayectoria, cerró su carrera política (electoral) con 3.000 votos. Fue un final digno para un hombre que dio mucho. Angelicia Narváez, en un intento frustrado de retomar el legado del exrepresentante Carlos Acosta, obtuvo 2.000 votos. Y duele decirlo, pero fue lamentable el caso de Ricardo Arias Macías; con un perfil excelente, solo logró 12.000 votos detrás de la estructura del concejal Emel Rojas.

Una mención aparte merece José Molina, activista e influencer cristiano enfocado en temas medioambientales. Con 4.000 votos, aunque no logró la curul, se proyecta como un líder de nicho para un futuro ejercicio de concejal.

Seamos honestos: la política cristiana está desgastada. El votante creyente está cansado de promesas incumplidas y de candidatos que usan el púlpito como trampolín. Debemos replantearnos las formas y hacer énfasis en la educación política, como lo he venido diciendo en mi línea editorial de decenas de columnas.

Sin embargo, hay un faro en la tormenta. Proyectos sólidos permanecen. La Misión Carismática Internacional lleva 36 años haciendo política continua. Hace cuatro años, muchos declararon su muerte política, se burlaron de su influencia y pronosticaron su fin. Hoy, con Sara en el Senado y Carol en la Cámara, se mantienen vigentes.

Una Reflexión al liderazgo de la política cristiana

Nos queda la reflexión necesaria de que en el Señor opera el lenguaje y las formas de la fe, pero también opera el tiempo de Dios, que no es el tiempo de las encuestas. La política, igual que el Evangelio, no admite pereza ni duda. Requiere coraje, determinación y, sobre todo, estrategia. Hay que leer el nuevo tiempo.

Está naciendo una nueva derecha en Colombia, y los cristianos tenemos la oportunidad histórica de ser cabeza y no cola. Pero eso requiere coherencia y convicción. Requiere haber estado cuando todos se fueron.

A los líderes cristianos que lean estas líneas: sé que hay cicatrices que no se ven. Sé que hubo noches en las que el peso de la representación fue tan grande que las rodillas temblaban. Sé que hubo momentos en que el enemigo susurró que era mejor retirarse, que la batalla era demasiado grande, que el desgaste era inevitable.

Esta campaña me enseñó muchas cosas, pero la más importante es que Colombia necesita gobernantes con corazón de pastor. Esta es una elección más, si, el otro año si Dios lo permite estaremos en otra e incluso iniciaremos el trabajo pasadas las presidenciales, pero no resulta conveniente seguir sin entender esto. La lucha es de largo aliento, hay que celebrar para quienes ganaron, llorar para quienes perdieron y seguir adelante. A quienes el señor ha llamado a la esfera de gobierno seguiremos aquí, creciendo, madurando y trabajando por Dios y la causa. Victorias o derrotas, de ambas comemos los estoicos sin llenarnos. Hay cosas que llenan más que esto y son en realidad la esencia del ser sobre el hacer. Imprimiéndole un poco de humanidad a la columna he de mencionar un abrazo de celebración que recibí luego de un torpe tropiezo, que entre decenas de abrazos esa noche fue genuino, humano y un recordatorio de que esto lo es todo.

Pero miren los resultados hoy. Son vidas transformadas, son voces que ahora tienen veto sobre leyes injustas, es un legado que se blindó con sangre, sudor y lágrimas. Ustedes no solo ganaron una elección; ganaron una guerra de desgaste contra el olvido. Cuando el mundo decía "se acabó", Dios decía "apenas comenzó".

Que estas letras no les traigan orgullo, sino un santo quebrantamiento. Que lloren, no por la victoria, sino por la gracia de haber sido hallados fieles en un tiempo de traiciones. Que lloren al recordar a los que cayeron en el camino y al saber que la vara no se quebró. Porque al final, no se trata de curules, se trata de mayordomía. Y hoy, Colombia es un poco más de Cristo porque ustedes no soltaron la mano de Dios cuando más temblaba la tierra.

Sigamos. Que esto es solo el prólogo.

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