Gritando fuerte y claro: por un Bogotá Gospel inclusivo

Bogotá Gospel
 Captura de pantalla: Yotube Bogotá Gospel

Cada año, cuando el Parque Simón Bolívar se prepara para vibrar con el Festival Bogotá Gospel, el corazón de la comunidad cristiana en la capital late con fuerza. Es un espacio que ha logrado unir a miles de personas bajo un mismo propósito: celebrar la fe a través del arte. Sin embargo, como amante de la música y observador de nuestra cultura contemporánea, siento que hay una nota que falta en la partitura, un sonido que ha sido históricamente vital para el Evangelio y que hoy parece estar en silencio durante este magno evento.

Me refiero a la escena del Rock y Metal Cristiano.

Para entender la magnitud de este espacio, debemos recordar sus raíces. El festival nació en 2008 gracias a la visión de la concejal Clara Sandoval, miembro de la Iglesia Misión Carismática Internacional (MCI). Su propósito original fue llevar un mensaje de transformación cultural y evangelismo a los espacios públicos de Bogotá. Aquella iniciativa carismática, nacida para impactar a la ciudad con poder, hoy tiene la oportunidad de ampliar su espectro. Si el objetivo es alcanzar a toda criatura, ¿por qué limitarnos a un solo lenguaje musical?

No es un secreto que, en las últimas ediciones, la balanza se ha inclinado notablemente hacia el género urbano. Si bien respeto y valoro el talento de los artistas urbanos, la programación actual refleja una homogeneidad que deja por fuera a una gran parte del cuerpo de Cristo. Históricamente, el rock y el metal han sido vehículos poderosos. Bandas como Petra, Stryper, Logos y Skillet han demostrado que la guitarra eléctrica también puede predicar.

Quiero detenerme en el himno "Loud and Clear" (Fuerte y Claro) de Stryper. La letra en español es un manifiesto que parece escrito para nosotros hoy: "El pelo es largo y los gritos son fuertes y claros / La ropa es ajustada, pendientes colgando de las orejas / No importa cómo luzcamos / Siempre alabaremos su nombre".

Esta estrofa es profética para nuestra situación. La canción reconoce explícitamente la estética que a menudo es juzgada dentro de la iglesia (pelo largo, ropa ajustada, accesorios), pero declara contundentemente: "No importa cómo luzcamos, siempre alabaremos su nombre". El coro nos llama a la acción: "Fuerte y claro / Lo diremos alto y claro". Y el puente nos recuerda la misión espiritual detrás del ruido: "Estamos haciendo ruido... Para el Rey de Reyes... Luchando contra el diablo, esa es nuestra misión".

Cierren los ojos por un momento, hermanos metaleros. Visualicen el atardecer en el Parque Simón Bolívar. Imaginen que las luces del escenario principal se apagan y, de repente, se encienden con intensidad roja y dorada. Escuchen el feedback de los amplificadores antes de que arranque el primer riff pesado. Visualicen a una banda de metal cristiano subiendo a ese escenario, no como artistas secundarios, sino como protagonistas. Imaginen a miles de personas, no solo moviendo las manos suavemente, sino levantando puños al cielo, saltando y cantando con lágrimas en los ojos: "¡Luchando contra el diablo, esa es nuestra misión!". Sientan cómo la distorsión de las guitarras no es ruido, sino un trueno de alabanza que hace temblar las estructuras espirituales de la ciudad. Ese escenario les pertenece tanto como a cualquier otro. Ese momento de adoración visceral, donde la potencia sonora se encuentra con la unción del Espíritu, es posible y es necesario.

Sin embargo, sabemos que dentro de la iglesia hemos sido ampliamente juzgados. Por nuestros tatuajes, por nuestro cabello, por el volumen de nuestra música. Se nos ha mirado con recelo, como si la santidad estuviera reñida con la estética del rock. Pero quiero dejar esto claro ante los organizadores y la comunidad: aunque nuestra apariencia sea diferente, amamos al Señor con la misma pasión que cualquier otro creyente. Hemos encontrado en este género otra forma de expresarle nuestro amor, sanando heridas y encontrando identidad en Cristo entre riffs pesados.

Para cimentar esta solicitud, es necesario analizar la lógica institucional y el impacto real. Si el Festival Bogotá Gospel busca según su visión inicial busca representar la diversidad de la cultura cristiana en la ciudad, excluir sistemáticamente al Rock y Metal Cristiano contradice ese objetivo fundacional, dado que constituyen una expresión histórica y global con una audiencia fiel en Bogotá. Además, la efectividad evangelística depende de conectar con los lenguajes culturales de la audiencia; existe un segmento demográfico significativo cuyo lenguaje predominante es el rock, como lo demuestran los rankings globales de música cristiana donde bandas como Skillet han liderado listas. Ignorar esto no es solo una cuestión de gusto, sino limitar estratégicamente el alcance del mensaje. Registros públicos del Instituto Distrital de las Artes muestran que el festival ha congregado más de 60.000 espectadores, lo que indica capacidad logística para diversificar la cartelera sin afectar la asistencia, aprovechando que la industria del rock cristiano mueve millones de espectadores anualmente.

Es probable que surjan voces en contra basadas en prejuicios comunes que debemos abordar con verdad. Algunos argumentarán que el metal está asociado a lo oculto, pero esto comete una falacia genética, juzgando el origen del género y no el contenido lírico actual de las bandas cristianas que explicitan su fe. Otros dirán que no es apto para un ambiente familiar, olvidando que agrupaciones como Stryper o Skillet han demostrado ser propuestas íntegras y seguras para todas las edades. También se suele decir que no hay talento local suficiente, lo cual es fácilmente desmentible por la vibrante escena underground cristiana en Colombia que carece precisamente de estos espacios de visibilidad. Desestimar estas objeciones es ejercer un discernimiento justo que separa la estética de la sustancia espiritual.

Por eso, hoy quiero anunciar una iniciativa concreta. Estoy lanzando una petición para recolectar firmas con un objetivo claro: solicitar a la Mesa Gospel, que aglutina a todos los organizadores del evento, que este año se reserve un espacio en la cartelera de artistas principales para una banda de Rock o Metal Cristiano Internacional.

Quiero ser enfático en algo: esta no es una petición de rebeldía, ni un acto de confrontación. Es una petición de carácter ciudadano, cristiano y cultural, hecha con el mayor respeto hacia la organización y la historia del evento. Solo esperamos que nuestra voz no quede en el olvido. Buscamos que el festival sea verdaderamente representativo de toda la música cristiana que se produce con excelencia. La idea es presentar estas firmas formalmente ante los organizadores en el mes de mayo, esperando que consideren esta petición como una oportunidad para enriquecer la experiencia espiritual de los asistentes.

El Evangelio es universal, y su música también debería serlo. Invito a todos los lectores, pastores y líderes que crean en la diversidad artística a sumarse a esta causa. Que el próximo Bogotá Gospel sea un testimonio de unidad en la diversidad, donde el sonido de una batería pesada y una guitarra distorsionada también puedan decir: "¡Cristo vive!", gritando fuerte y claro, sin prejuicios.

Las firmas pronto comenzarán a recolectarse. Espero contar con tu apoyo para hacer oír esta voz.

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