
Ya ha pasado más de un año desde que escribí mi primera columna de opinión en Diario Cristiano Internacional, “El Efecto Pablo y la esencia de lo revolucionario” fue un apartado de texto que intentaba dar una radiografía sobre el contexto actual de América Latina, más allá de la perspectiva de la izquierda latinoamericana explorando la cosmovisión bíblica, sembrando unas semillas de esperanza en torno a un proceso de transformación espiritual que está ocurriendo en nuestra región.
Desde aquella primera columna hasta esta, la número cincuenta, me he dedicado a hablar de los más diversos temas: cosmovisión bíblica aplicada al gobierno, política nacional e internacional, análisis geopolítico, sucesos culturales, jóvenes, niños, escultismo y apologética, entre muchos otros.
Sin embargo, creo que más que hablar acerca de mí, debo reflexionar sobre el camino recorrido y la necesidad que me motivó a iniciar. Al principio, siendo un cristiano muy interesado en los asuntos políticos, me di cuenta de que cuando surgía una noticia sobre la política en mi país, no tenía muchos medios cristianos que me ofrecieran una opinión fundamentada desde la cosmovisión bíblica para sostener mi criterio. Identifiqué esa problemática y sentí el llamado a escribir.
Hoy en día, hemos sido llamados a impactar las siete esferas de la sociedad, entre las cuales se encuentran el gobierno y la educación; ámbitos a los que lamentablemente no se les ha dado la suficiente importancia y donde escasean los recursos y la bibliografía cristiana conocida.
Para esta columna número cincuenta, quiero centrarme en dos conceptos en torno a los que he reflexionado a lo largo de este proceso: el hablar y el perseverar.
El Señor nos dio una gran comisión que consiste en predicar el Evangelio a toda criatura de las más diversas formas. La predicación efectiva se trata de hablar a cada persona acerca de Jesucristo, su muerte y resurrección para el perdón de nuestros pecados, nuestra salvación, sanidad y libertad.
Para esta columna número cincuenta, quiero centrarme en dos conceptos en torno a los que he reflexionado a lo largo de este proceso: el hablar y el perseverar.
Aunque el mensaje no cambia, la forma de presentarlo sí debe adaptarse. La Iglesia del siglo veintiuno debe entender que no se trata de ceder principios, valores o modificar la Palabra, sino de ser culturalmente relevantes y entender el contexto para predicar de manera efectiva, influyendo en cada esfera de la sociedad, bajo el mandato evangelístico pero también bajo el cultural.
Sin embargo, hablar a veces es difícil. Nos da miedo, sentimos que habrá rechazo, o quizás ya nos rechazaron una vez y por eso no queremos seguir hablando.
Ahí es donde entra el segundo concepto: debemos siempre perseverar hasta el final. No hemos sido llamados a perseverar con la expectativa de que nos escuchen multitudes con aplausos; hemos sido llamados a hablar y perseverar porque esa es nuestra gran comisión.
Afortunadamente, hoy contamos con muchas herramientas que facilitan el proceso de escritura, como la inteligencia artificial, que bien utilizada es un recurso útil para sacar adelante proyectos como este, asegurando la ortografía, coherencia y redacción.
No quiero extenderme más, sino simplemente hacer una reflexión sobre lo que el cristiano debe hacer en su vida: hablar y perseverar.
En lo que me respecta, agradezco a Dios y a Diario Cristiano Internacional por este espacio, y seguiré escribiendo columnas de opinión cada que me sea posible.
Cierro mi columna número cincuenta con un compromiso delante de Dios, mi Padre, y de quienes han leído mis textos: seguir usando la pluma como espada para hablarle a esta generación sobre verdades, en un tiempo de mentiras y relativismo.
Autor: Josué David Cortes, licenciado en educación y ciencias religiosas con estudios en Ciencia Política y cosmovisión. Actualmente se desempeña como Maestro de Educación religiosa y ética valores en Bogotá Colombia, liderando una transformación educativa desde la apologética y la batalla cultural. Activista en defensa de la vida, la familia y la libertad. Escritor de verdad en tiempos de relativismo.





