
Los therians son personas que se sienten identificadas con un animal. No lo toman como un juego, sino como una forma de sentir, pensar y vincularse con el entorno. En diversos lugares del continente latinoamericano están surgiendo como novedad, a pesar de que ya existen desde hace tiempo en otras partes del mundo. Diario Cristiano dialogó con psicólogos, pastores y docentes acerca de este despertar, moda o fenómeno social, y juntos buscaron la manera de empezar a entender de qué se trata y cómo se aborda la situación.
La palabra therian proviene del griego “thērion”, que significa “bestia” o “animal salvaje”. Se trata de personas jóvenes que aseguran identificarse, a nivel interno o espiritual, con un animal. “No se trata de un disfraz ni de un juego —dicen sus adeptos— sino de una vivencia subjetiva que describen como profunda y persistente”. Con máscaras y colas de animales es común encontrar a quienes realizan “quadrobics” para imitar sus movimientos, desplazándose con sus cuatro extremidades.
Especialistas en salud mental suelen hacer una distinción clave. “Identificarse como therian no es, en sí mismo, un diagnóstico ni una patología”. El foco, señalan, debería estar “en el bienestar de la persona” y en “si esa identificación genera sufrimiento o interfiere con la vida cotidiana”. Mientras tanto, el fenómeno sigue creciendo, empujado por una generación que encuentra en internet un espacio para nombrar experiencias que antes quedaban en silencio.
El fenómeno de los therians abre preguntas sobre identidad, pertenencia y acompañamiento en una generación que busca sentido y validación.
Flavio Calvo, doctor en Psicología, asegura que a la persona que se dice therian “no es conveniente abordarla como una moda o como algo que se tiene que validar así sin más”. Calvo explica que “hay algo que está expresando, o que está expresando malestar. Una confusión de identidad, una necesidad de pertenencia, una necesidad de regulación emocional”.
En ese sentido, Lali Gómez, quien pastorea la Iglesia de la Cruz en Buenos Aires y dirige hogares para mujeres y niños en vulnerabilidad, también sostiene que “no es una moda. Ni tampoco es un comportamiento mental”. Según reflexiona, cree que este fenómeno social “tiene que ver con jóvenes que necesitan encontrar su identidad. Jóvenes que están inmersos en una sociedad donde la paternidad y la maternidad se han diluido de tal manera que no tienen la familia como un soporte, un sostén donde les muestren y los ayuden a marcar su identidad”.
Fernando Altare, pastor en la Iglesia Brazos Abiertos en Santa Fe, Argentina, habla de lo que puede mencionarse como denominador común: la expresión de algo no resuelto con la identidad. Añade que se trata de seres humanos alejados del plan de Dios, alejados del propósito original divino. Lo primero que señaló es que “nosotros estamos para ayudar a la gente”, en referencia al rol de la iglesia frente a esta expresión de adolescentes y jóvenes. “Los problemas de identidad y la falta de propósito que saltan a la vista pueden llegar a encontrar en una moda toda una opción para la búsqueda de sentido”.
Natalia Zukowski es orientadora familiar, sexóloga educativa y docente de nivel medio. Convive a diario con adolescentes y conoce sus inquietudes, vivencias y problemáticas. “Como adultos y como comunidad de fe estamos llamados a mirar más hondo, porque no todo es tan simple como una clasificación. La adolescencia es una etapa de intensa búsqueda de identidad, de pertenencia y validación”.
Calvo, como psicólogo, lo explica de esta manera: “hay un proceso de construcción de la identidad que muchas veces en etapas más vulnerables, como en la adolescencia, se hacen difíciles. Nosotros nacemos con lo que se llama el ‘self’, el sí mismo. Somos un ser. Muchas veces experiencias de rechazo, de trauma, de búsquedas de pertenencia, dificulta que se pueda integrar esa persona a sí misma. Por ahí el tema no es querer ser un animal, sino encontrar una forma de explicación, un símbolo, un simbolismo, una narrativa que explique cuáles son las sensaciones internas que no pueden tal vez simbolizar de otra manera”.

Además, Zukowski recuerda que “nuestra primera reacción no debería ser la ridiculización, el combate ni la burla. Ridiculizar cierra puertas”. Cosa que Calvo también afirma al decir que “La psicología está para ayudar. No está ni para ridiculizar, ni para confirmar o decir: ‘sí, está todo bien’ sin críticas. La verdad que estamos más para explorar y ver cuál es la necesidad de esas personas, porque se puede ayudar a las personas a trabajar su identidad, cómo gestionan sus emociones, sus habilidades sociales. El sentido de la vida, el sentido de sí mismo, es el construir una identidad y que no dependa de separarse, de querer ser otra cosa. El foco es ayudar a formar, a fortalecer esa estructura de la persona”.
En cuanto a el rol de las comunidades de fe, Calvo sostiene que “conviene que la iglesia ofrezca contención. Que ofrezca la pertenencia que están necesitando, el acompañamiento. No sirve una iglesia que condene, o que patologice desde un lugar moral”.
Algo que también plantea Altare al sostener que “la iglesia no está para levantar el dedo acusador condenando las conductas y decisiones de gente que tiene un vacío en su interior, tampoco está para pasarse la vida analizando y describiendo la situación espiritual de la sociedad. Un therian, al igual que cualquier otra persona, no necesita que lo adoctrinemos desde un escalón superior. Necesita que le presentemos a un Dios lleno de amor que te da sentido y rumbo en la vida y te cambia el corazón para siempre”.
Con máscaras y colas de animales es común encontrar a quienes realizan “quadrobics” para imitar sus movimientos, desplazándose con sus cuatro extremidades.
A lo que Calvo adhiere: “Conviene que seamos una iglesia que brinde, que dé un apoyo saludable. Que no niegue la dimensión psicológica que hay detrás y que acompañe el tratamiento. Que no lo reemplace, sino que lo acompañe cuando sea necesario. Pero el espacio de contención, de amor incondicional y de pertenencia que puede dar la iglesia es generalmente lo que estas personas están buscando”, sostuvo.
Lali Gómez va un poco más allá de la generalización y propone espacios sociales donde la familia sea el centro. Una familia que pueda expresarse y contener. “Si nosotros queremos niños sanos, jóvenes sanos, lo que tenemos que hacer es fortalecer a la familia. Trabajar en la familia. Y no solamente en cuanto a un culto general, sino tener espacios. Lugares donde la familia pueda desarrollarse, crecer, crecer juntos”.
El énfasis de Lali también se enmarca en “acompañar en la maternidad, en la paternidad. En una sociedad donde ya no quieren tener hijos, donde no quieren tener esta responsabilidad, nosotros tenemos que ayudarlos a que puedan entender que maternar y paternar es algo maravilloso”. Lo que para la pastora es “romper con muchos mitos y con muchas creencias, que hacen de la maternidad y de la paternidad algo malo. Algo que hace que postergues tus sueños. Sino por el contrario, que podemos ser totalmente plenos. Que podemos cumplir nuestros sueños y también podemos ser padres y madres muy presentes. Entonces la responsabilidad de la iglesia es crear espacios donde la familia crezca. Crear espacios también por un lado para la niñez. Y por otro lado, para la adolescencia y acompañarlo en todos estos procesos”.
O, en palabras de Altare, “si para algo existe la iglesia es precisamente para cambiar esa realidad, aportando la luz de un Evangelio que te transforma la vida”.
La palabra therian proviene del griego “thērion”, que significa “bestia” o “animal salvaje”.
Lali Gómez cree que es necesario “hablar sobre todos los temas que se puedan hablar. Traer y poner en palabras todas estas cuestiones y todas estas modas que van apareciendo. No ser indiferentes a ellos. Sino hablarles con claridad y tener un espacio de escucha donde ellos puedan evacuar todas sus dudas y tengan respuestas de su identidad en Dios. Que no se sientan avergonzados, sino por el contrario, que puedan vivir plenamente a Cristo. Así que podemos ayudar desde ese lugar. Teniendo espacios, hablando, creando y también acompañando los procesos de la sociedad en la que vivimos. No podemos estar ajenos a lo que la sociedad vive y pide”, puntualizó.
El fenómeno de los therians abre preguntas sobre identidad, pertenencia y acompañamiento en una generación que busca sentido y validación. Especialistas coinciden en que la respuesta no pasa por la burla ni la simplificación, sino por la escucha, el discernimiento y el trabajo integral con las personas y sus contextos. En ese marco, el desafío para las familias, la educación y las comunidades de fe es generar espacios de contención, diálogo y orientación que permitan comprender estas experiencias y acompañar a quienes las atraviesan, poniendo en el centro la dignidad, el cuidado emocional y la búsqueda de una identidad sólida.





