
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en todos los ámbitos de la sociedad también llegó al mundo religioso. En ese contexto, el reconocido biblista y teólogo Samuel Pagán presentó una reflexión denominada por él como "La Inteligencia Artificial: Desafíos y posibilidades para las Iglesias", en la que analizó las oportunidades y los desafíos que esta tecnología plantea para las comunidades de fe.
Durante un diálogo en exclusiva con Diario Cristiano Internacional, Pagán definió la inteligencia artificial como una rama de la informática que busca desarrollar sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana.
Pagán aclaró que la IA no posee conciencia ni espiritualidad propias, sino que funciona a partir de modelos matemáticos y algoritmos diseñados por seres humanos para objetivos específicos.
Lejos de presentar una visión alarmista, el académico sostuvo que las iglesias deben comprender el alcance de estas herramientas y aprender a utilizarlas responsablemente. Según explicó, la inteligencia artificial puede "colaborar" en áreas como la preparación de sermones, el análisis de textos bíblicos, la investigación teológica, la elaboración de materiales educativos y la gestión administrativa de las congregaciones.
También destacó su potencial para fortalecer el evangelismo digital, facilitar el discipulado en línea y ampliar el acceso a recursos bíblicos y teológicos para creyentes de distintas regiones del mundo.
Acerca de la demonización de esta tecnología, Pagán aseguró que la tecnología "no es un demonio. Son recursos que están a disposición del hombre, pero tiene que ser usada con sabiduría. Estas tecnologías tienen que ser usadas con prudencia y con responsabilidad".
Asimismo, explicó que las respuestas de los sistemas de inteligencia artificial dependen en gran medida de las instrucciones que reciben de los usuarios. En ese sentido, Pagán relató una experiencia reciente en la que consultó a una plataforma de inteligencia artificial sobre diferencias entre el presidente Donald Trump y el papa León XIV. Según explicó, el sistema respondió con información referida al fallecido papa Francisco. Tras advertir el error, la propia herramienta reconoció la inconsistencia de los datos.
A partir de ese episodio, el teólogo enfatizó la necesidad de proporcionar instrucciones precisas a los modelos de IA y verificar siempre la información obtenida.
Sin embargo, el destacado biblista advirtió que ninguna herramienta tecnológica puede reemplazar la acción del Espíritu Santo ni sustituir el estudio serio de las Escrituras. Asimismo, señaló que los contenidos generados por inteligencia artificial deben ser evaluados con discernimiento debido a la posibilidad de errores, sesgos ideológicos o información incorrecta.
Coincidencias con el Vaticano
Las observaciones del teólogo encuentran varios puntos de contacto con la reflexión desarrollada por la Iglesia Católica en los últimos años.
En enero de 2025, los Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación publicaron el documento "Antiqua et Nova", dedicado específicamente a la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana.
El texto reconoce que estas tecnologías ofrecen importantes oportunidades para la educación, la investigación, la salud y otros ámbitos de la vida humana. Sin embargo, insiste en que la inteligencia artificial no puede equipararse a la inteligencia humana, ya que esta posee dimensiones morales, relacionales y espirituales irreductibles.
El documento vaticano también advierte que la IA puede generar consecuencias negativas cuando se utiliza para la manipulación de la información, la vigilancia abusiva, la producción de contenidos falsos o el desarrollo de sistemas armamentísticos autónomos.
Más recientemente, el papa León XIV dedicó su primera encíclica, "Magnifica Humanitas", a reflexionar sobre la dignidad humana en el contexto de la revolución tecnológica y el avance de la inteligencia artificial.
El documento, publicado el pasado 15 de mayo, plantea que la humanidad enfrenta una decisión crucial ante las nuevas tecnologías. Utilizarlas para promover el bien común o permitir que se conviertan en instrumentos de poder y deshumanización.
León XIV reconoce que la inteligencia artificial y la digitalización están transformando profundamente la vida cotidiana, los procesos de toma de decisiones y el imaginario colectivo. Al mismo tiempo, advierte que el creciente poder tecnológico, concentrado en muchos casos en actores privados con alcance global, plantea desafíos inéditos para la justicia, la libertad y el bien común.
La encíclica sostiene además que la tecnología no es buena ni mala en sí misma, pero tampoco es neutral, ya que refleja los intereses, valores y objetivos de quienes la desarrollan, financian, regulan o utilizan. Por ello, el pontífice llama a promover mecanismos de responsabilidad, transparencia y gobernanza que permitan orientar estas herramientas al servicio de la persona humana.
Diferencias de énfasis
Aunque ambas perspectivas reconocen las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial, existen diferencias en los aspectos que cada una enfatiza.
La explicación de Pagán se concentró principalmente en los usos prácticos que pueden beneficiar la vida y misión de las iglesias, especialmente en áreas de enseñanza, investigación bíblica, administración eclesial y evangelización.
Por su parte, tanto "Magnifica Humanitas" como "Antiqua et Nova" dedican una atención considerable a cuestiones sociales más amplias. Entre ellas destacan la concentración del poder tecnológico, la protección de la dignidad humana, la defensa de la libertad, el impacto de la automatización sobre el trabajo, los riesgos de la manipulación informativa y la necesidad de establecer marcos éticos para el desarrollo de la inteligencia artificial.
La encíclica también alerta sobre el riesgo de construir una nueva "Babel tecnológica", en la que la eficiencia y el control sustituyan la centralidad de la persona humana. Frente a ello, León XIV propone una visión basada en la responsabilidad compartida, el diálogo, la solidaridad y la construcción de una sociedad donde la tecnología contribuya al florecimiento integral de las personas y los pueblos.
Aun así, tanto las reflexiones de Pagán como los documentos recientes del Vaticano coinciden en un principio fundamental. Y es que la inteligencia artificial puede aportar beneficios significativos a la sociedad y a las comunidades religiosas, siempre que su desarrollo y utilización permanezcan sujetos a criterios éticos claros, al respeto de la dignidad humana y al servicio del bien común.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional. Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA). Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Evangelística Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





