
El régimen de Vladimir Putin está utilizando a la Iglesia Ortodoxa Rusa en sus esfuerzos por reprimir otras religiones, no solo en Ucrania y otros países extranjeros, sino también dentro de las fronteras de Rusia, según afirmaron clérigos y defensores de derechos.
Dmytro Koval, codirector de Truth Hounds —una organización ucraniana de derechos humanos que documenta los crímenes rusos en Ucrania—, dijo a los participantes de la Cumbre Internacional de Libertad Religiosa el pasado 3 de febrero que el uso de la Iglesia Ortodoxa Rusa por parte del Kremlin se remonta a los primeros años de la ocupación en el este de Ucrania en 2014 y antes.
“Hubo, por ejemplo, unidades llamadas el Ejército Ortodoxo Ruso, y están conectadas institucionalmente con la Iglesia Ortodoxa Rusa”, señaló Koval. “Y estas unidades, de nuevo, pusieron en práctica esta doctrina del 'mundo ruso' y este nuevo imperialismo ruso, este nuevo intento de reconstruir el imperio, ya sea soviético o ruso; estas fuerzas nos mostraron cómo se utiliza la iglesia y cómo se utilizará en el futuro”.
El Ejército Ortodoxo Ruso, un grupo paramilitar separatista ruso fundado en 2014 para luchar contra las fuerzas ucranianas en el Donbás, fue posteriormente absorbido por la Quinta Brigada Independiente de Infantería Oplot. Se utiliza para movilizar a la población rusa y a los rusos en los territorios ocupados para que participen activamente en la guerra y den sus vidas por las causas del Kremlin, afirmó Koval.
“Lo que es bastante interesante es el lenguaje utilizado en el Ejército Ortodoxo Ruso: hablaban de una cruzada, pero en su imaginación esa cruzada tenía enemigos no solo en Ucrania, sino también en Occidente”, explicó Koval. “Básicamente, la cruzada debía continuar más allá de Ucrania, en Europa Occidental, y también se mencionaba siempre a los Estados Unidos”.
Comprender cómo la ocupación rusa ha impactado la libertad religiosa —incluyendo el asesinato de líderes eclesiásticos y otros cristianos, así como el cierre de iglesias— es clave para entender la resiliencia ucraniana y su oposición a las “llamadas conversaciones de paz” con Rusia, añadió.

“Una de las razones por las que Ucrania es tan contundente respecto a [la oposición a] cualquier acuerdo territorial es porque Ucrania no está luchando por el territorio, sino por la gente”, dijo Koval. “Y se aprendió mucho de esta experiencia de ocho a diez años de ocupación antes de la invasión a gran escala: lo que la ocupación significa realmente para las personas, incluyendo lo que significa para la libertad de la región”.
Rusia ha deseado reprimir la religión más allá de sus fronteras desde hace mucho tiempo, como señaló un informe de 2017 de la Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional, recordó. “Lo que es triste en ese informe es que Rusia es uno de los pocos estados que no solo organiza represiones en su país, sino que también está exportando la persecución religiosa”.
Koval añadió que las represiones en el extranjero sirven de práctica para la represión dentro de Rusia. “Rusia no solo exporta persecuciones, sino que también las pone a prueba en los territorios ocupados para luego desplegarlas en el territorio de Rusia reconocido internacionalmente. Por lo tanto, lo que estamos viendo en el territorio ocupado desde 2014 hasta ahora es, en cierto modo, una prueba para todo el país”.
Al ser consultado por recomendaciones, Koval dijo que una prioridad debería ser el cese de la vinculación con las autoridades eclesiásticas oficiales. “No creo que sea un secreto en esta sala que las autoridades rusas, incluidas las eclesiásticas, están invirtiendo fuertemente en infiltrarse en los círculos políticos estadounidenses”, afirmó. “Y básicamente, quieren iniciar esta conversación con políticos hablando de la supresión de las libertades religiosas en Ucrania, pero es al revés: es en Rusia donde se están suprimiendo estas libertades”.

Vira Iastrebova, directora del Eastern Human Rights Group (Grupo de derechos Humanos de Oriente), dijo en la cumbre que la Iglesia Ortodoxa Rusa se ha convertido en una herramienta de militarización de los jóvenes mediante la implementación de diversos programas juveniles y clubes paramilitares.
“Uno se llama 'Campamentos, Etcétera'; otro se llama 'Guerreros Ortodoxos'”, dijo Iastrebova. “Y en esos campamentos y programas, se entrena a los niños en el uso de armas de fuego y también se les adoctrina en ideologías de odio y violencia. Comprensiblemente, esto va a tener consecuencias muy graves para el futuro que debemos tener en cuenta”.
El reverendo Andrey Kordochkin, un sacerdote ortodoxo ruso radicado en Europa que fue sancionado y suspendido por el patriarcado de Moscú tras ser coautor de una carta abierta condenando la invasión de Rusia a Ucrania, dijo que el uso que el Kremlin hace del patriarcado llega hasta la propaganda presente en las oraciones oficiales.
“Si miras el texto de la oración que se introdujo en septiembre de 2022, puedes ver que litúrgicamente tiene forma de oración, pero en realidad es una declaración política”, dijo Kordochkin, señalando que niega implícitamente la existencia de Ucrania como país. “Además, esta oración presenta a Rusia no como un agresor, sino como una víctima de fuerzas hostiles que han querido destruirla bajo una mentalidad de conspiración”.
Lo más importante, dijo, es que la oración litúrgica habla de victoria en lugar de reconciliación. Un sacerdote obligado a leer la oración cambió la palabra “victoria” por “paz” y fue expulsado del clero, relató.

“Ahora, un portavoz del patriarcado de Moscú, cuando un periodista le preguntó si estos castigos contra los sacerdotes no eran demasiado crueles, dijo: 'Bueno, la iglesia es como el ejército. Si la gente en el ejército hace un juramento y hace algo contrario a él, tiene que pagar el precio'”.
Recientemente, el Patriarca de Moscú, Cirilo, dijo que aquellos que cuestionan el consenso nacional en Rusia deberían ser tratados como traidores a la patria, señaló Kordochkin. “Traición a la patria no es un término moral, es un término legal porque es un artículo criminal que implica castigos de hasta cadena perpetua o pena de muerte. Así pues, se puede ver esta sinfonía represiva tanto en la institución eclesiástica como en el Estado”.





