
Dios ha dado a la humanidad un libro guía. Ese libro revela el conocimiento de Dios y orienta sobre todas nuestras necesidades físicas y espirituales. Hace siglos el profeta Jeremías escribió: “¡Conozco, Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar de sus pasos!” (Jeremías 10:23).
El salmista preguntó: “¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos para no pecar contra ti” (Salmo 119:9-10).
La Biblia es la palabra de Dios y es más inmutable que los cielos y la tierra. Las leyes humanas son efímeras. De tiempo en tiempo necesitan reformarse. La ley de Dios, en cambio, es inmutable como el mismo Dios del universo.
Las leyes humanas son efímeras. De tiempo en tiempo necesitan reformarse. La ley de Dios, en cambio, es inmutable como el mismo Dios del universo.
Las leyes de los hombres nacen de la cultura, de la historia de un país, de la tradición, del medio social y de la idiosincrasia de cada pueblo. Siempre son pasajeras, mutables, transformables. En contraste, la ley de Dios es eterna. Sus principios sencillos se aplican a todas las personas, en todas las épocas, en todos los rincones del planeta y en todo nivel social.
La historia de su composición refuerza esa singularidad. Fue escrita a lo largo de aproximadamente mil quinientos años, por más de cuarenta autores de orígenes muy distintos: reyes, pastores, pescadores, médicos, profetas y un fabricante de carpas. Redactada en tres idiomas (hebreo, arameo y griego) y en tres continentes, mantiene una unidad de mensaje sorprendente.
Los manuscritos del Mar Muerto, descubiertos entre 1947 y 1956 en las cuevas de Qumrán, incluyen fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento y datan de entre el siglo III a.C. y el siglo I d.C. Esos textos, mil años más antiguos que los manuscritos masoréticos medievales conocidos hasta entonces, confirman la notable estabilidad del texto hebreo a través de los siglos. Del Nuevo Testamento se conservan miles de manuscritos griegos, una abundancia documental sin parangón entre las obras de la antigüedad clásica.
La verdad está en las páginas de las Sagradas Escrituras. Hoy el mundo está convulsionado porque se ha olvidado de la Biblia. El Dr. Josh McDowell, junto a Bob Hostetler, en el libro Es bueno o es malo (título original Right from Wrong), señala una de las razones por las que esta generación bate récords de deshonestidad, falta de respeto, promiscuidad sexual, violencia y suicidio: ha perdido su apuntamiento moral. Se ha erosionado su fe fundamental en la moralidad y en la verdad.
La palabra de Dios es manifestación de su naturaleza; por eso es inmutable y actual.
Hubo un tiempo en que los niños se criaban en un entorno que les comunicaba normas absolutas. Padres, maestros y adultos colaboraban para enseñar que se debía hacer el bien y no el mal. La sociedad explicaba el universo y el propósito de la vida según la tradición judeocristiana: la creencia de que existe la verdad y que todos pueden conocerla. Ese entendimiento daba una norma moral para medir el crimen, la ética comercial, los valores comunitarios y la conducta. Se convirtió en la lente con la que se miraba la ley, la ciencia, el arte y la política.
Esa influencia no es abstracta. La tradición jurídica occidental, desde el derecho consuetudinario inglés hasta los fundamentos de la Magna Carta y el pensamiento de juristas como William Blackstone o Edward Coke, reconoció en la Biblia y en la moral cristiana una base esencial.
En los escritos políticos de la fundación de los Estados Unidos, la Biblia fue la fuente más citada, por encima de Montesquieu o Locke. Conceptos como la dignidad de la persona, la igualdad ante la ley y la responsabilidad moral individual llevan su marca indeleble.
Hoy la escena en la Argentina ha cambiado de raíz. Lo que dice la Biblia parece no interesarle a casi nadie. Muchos rigen sus vidas según el relativismo, el hedonismo, el materialismo y la permisividad. Resulta más atractivo mirar la televisión o un videoclip que abrir las Escrituras. Por eso la sociedad está como está. Nadie sabe con certeza qué es bueno y qué es malo. Cada uno hace lo que le viene en gana. La aventura del hombre en la tierra ha consistido, una y otra vez, en crisis y quebrantamientos del orden social establecido. El mundo se ha olvidado siempre de la verdad.
Quien ignora lo que dice cree estar libre, pero en realidad es esclavo de la mentira.
Cuando algunos judíos contemporáneos de Jesús murmuraban que Él era un impostor respecto de la ley, el Maestro respondió con palabras claras: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir. Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:17-18).
Lucas registra la misma idea: “Pero más fácil es que pasen el cielo y la tierra, que se frustre una tilde de la ley” (Lucas 16:17). La ley de Dios es eterna, inmutable y actual.
La Biblia es inmutable porque refleja el carácter de su divino Autor. El apóstol Santiago lo dice con precisión: “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17). Dios es luz inmutable.
Mi cuerpo cambia. La historia de la humanidad cambia. Las personas cambian. Pero Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos (Hebreos 13:8). La palabra de Dios es manifestación de su naturaleza; por eso es inmutable y actual. Fue inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16). En sus páginas se hallan las respuestas a las grandes preguntas. Es la carta magna de la libertad. Leerla es amar la libertad. Quien ignora lo que dice cree estar libre, pero en realidad es esclavo de la mentira.
Søren Kierkegaard contó una historia sobre una bandada de gansos de corral. Todos los domingos se reunían cerca del comedero. Uno de ellos, el ganso predicador, se subía a la cerca y les hablaba de las glorias del reino de los gansos. Les recordaba su gran herencia y las maravillosas posibilidades del futuro.
A veces, mientras predicaba, sobrevolaba el corral una bandada de gansos silvestres que se dirigían al sur formando una V. Los gansos de corral alzaban la vista emocionados y comentaban: “Así es como somos realmente. Nuestro destino no es pasar toda la vida en este corral maloliente. Nuestro destino es volar”. Pero cuando los gansos silvestres desaparecían, los de corral contemplaban las comodidades que los rodeaban, suspiraban y volvían al fango. Jamás volaron.
Hay personas que prefieren las comodidades de la mundanalidad y dejan de lado la verdad de Dios. Debemos esforzarnos y leer la Biblia, porque allí está la verdad. Dios quiere que despleguemos las alas y volemos. No quiere que vivamos encerrados en el corral de la vanidad y de las mentiras. Quiere que seamos libres. La Biblia debe regir nuestras vidas. Es la verdad sobre la cual podemos edificar de modo inteligente y en concordancia con la voluntad de Dios.
Autor: Julio César Cháves nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Es escritor con una trayectoria sostenida en el periodismo de opinión, habiendo publicado cientos de notas en medios de su ciudad y en plataformas digitales propias. Cuenta con estudios en teología, oratoria, apreciación cinematográfica, fotografía y literatura. Es egresado del Instituto Teológico por Extensión (INSTE). Actualmente cursa la carrera de Psicopedagogía en el Instituto Paulo Freire de Chacabuco.
Es autor de los libros La conquista de la libertad (Editorial de las Tres Lagunas), Cómo manejar exitosamente las circunstancias (RC Editora / Emanuel), Dios con nosotros (Editorial Autores de Argentina) y La Marca, obra escrita junto a su hermano Benjamín. Su escritura transita la intersección entre fe cristiana, psicología, cultura contemporánea y crítica social, con una voz construida desde la experiencia académica y vital.
Está casado con Alejandra Biazotti y es padre de tres hijos: Matías, Max y Merlina. Reside en Chacabuco, donde desarrolla su actividad como escritor, técnico y estudiante universitario. Puede seguirlo en su página de Facebook.





