
En medio de un contexto donde el entorno digital influye cada vez más en la identidad y el desarrollo de niñas y adolescentes, surge una propuesta que busca cambiar ese rumbo desde la cultura y la escritura. Se trata de “Niñas Escritoras”, un programa impulsado por la Fundación MujerEva que logró consolidarse en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) 2026 como una iniciativa con impacto real.
El proyecto, que comenzó como una estrategia preventiva frente a los riesgos digitales, hoy se presenta como un movimiento cultural con validación institucional, presencia en escenarios internacionales y resultados concretos.
Uno de los hitos más relevantes fue su lanzamiento oficial el 25 de abril en la FILBo, donde se presentó el primer fruto del programa: Sarah Barragán, una joven de 16 años que se convirtió en la primera autora formada dentro de esta iniciativa. Su participación no fue simbólica, sino activa dentro de la agenda oficial de la feria, con presentaciones, firmas de libros y en espacios de lectura dirigidos a públicos infantiles y juveniles.
Durante un fin de semana en el que tuvo restringido el acceso a su dispositivo móvil, Sarah decidió comenzar a escribir algunas ideas que rondaban en su imaginación. Aquella pausa digital terminó convirtiéndose en el punto de partida de una novela de casi 400 páginas. Hoy, ese manuscrito se transformó en un libro publicado que ya circula en plataformas internacionales y que llegó a las librerías colombianas en abril.
La obra fue editada por Sé Un Mensaje Agency, impresa con el apoyo de HarperEnfoque y distribuida internacionalmente gracias a Grupo Penta, aliado del proyecto.
“Sarah Barragán no es una historia de rescate. Es una historia de talento acompañado”, señalaron en un comunicado de prensa desde la Fundación MujerEva.
Este hecho marcó la entrada formal del programa en el circuito literario colombiano, con el respaldo de referentes del ámbito cultural. Durante el evento, la coordinadora de programación infantil y juvenil de la FILBo, Mariana Arrubla Jaramillo, destacó la importancia de generar propuestas que fortalezcan el desarrollo cultural de las nuevas generaciones.
El impacto de “Niñas Escritoras” no se limita al ámbito editorial. Antes de su presentación en la feria, el programa ya había sido llevado a colegios públicos de Bogotá, donde alcanzó a más de 600 estudiantes. Allí, la joven autora compartió su experiencia con adolescentes que enfrentan desafíos vinculados a la identidad, la presión social y la exposición digital.
La iniciativa también logró visibilidad en medios de comunicación, donde la historia de Sarah y el enfoque del programa comenzaron a instalarse como una narrativa alternativa frente al consumo digital pasivo. Según sus impulsores, el objetivo es ofrecer herramientas que permitan a las niñas pasar de ser consumidoras de contenido a creadoras con voz propia.
El trasfondo de esta propuesta se vincula con una preocupación creciente a nivel global: la brecha de género y el impacto del entorno digital en el desarrollo de las niñas. Diversas iniciativas internacionales, como Girls Who Code, ya han advertido sobre la necesidad de empoderar a las jóvenes con habilidades que les permitan incidir en el mundo digital y no quedar relegadas en él.
En esa línea, “Niñas Escritoras” plantea una respuesta desde la cultura, apostando por la escritura como herramienta de formación, identidad y propósito. Más que un taller literario, se presenta como un espacio de construcción personal en un contexto donde las narrativas digitales suelen imponer modelos y expectativas.
Con su consolidación en la FILBo, el programa no solo suma legitimidad, sino que abre el debate sobre el rol de la cultura frente a los desafíos del entorno digital. En un escenario donde las pantallas marcan el ritmo de la vida cotidiana, esta iniciativa propone una alternativa: que las niñas no solo consuman historias, sino que también las escriban.





