
Una polémica estalló en el Carnaval de Río de Janeiro luego de un desfile que incluyó representaciones consideradas ofensivas para la fe cristiana y para los evangélicos, lo que generó críticas, reacciones políticas y un nuevo debate sobre la libertad religiosa en Brasil.
El episodio ocurrió el domingo 15 de febrero durante la presentación de la escuela de samba Acadêmicos de Niterói en el sambódromo Marquês de Sapucaí. Según informes, el espectáculo incluyó una alegoría en la que los evangélicos aparecían caracterizados como “neoconservadores en conserva”, representados dentro de latas y portando libros que aludían a la Biblia. La puesta los ubicó junto a otros grupos retratados bajo la misma categoría ideológica, en el marco de un desfile que homenajeaba al presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
La escena fue interpretada por numerosos sectores como un acto de burla hacia la fe cristiana. Líderes y usuarios en redes sociales manifestaron rechazo, mientras que sectores de la oposición política impulsaron acciones institucionales contra el financiamiento público otorgado a la escuela de samba para el espectáculo.
La fe cristiana fue objeto de burla en nombre de la cultura, disfrazada de maniobras políticas. Dicen que el país es laico, pero el laicismo no autoriza la burla ni la humillación. Lo que se presentó era conocido, se permitió y lastimó a millones de brasileños". Y reflexionó: "¿Se imaginan si fuera al revés? -Michele Bolsonaro.
El debate no es aislado. En Brasil existe desde hace años una tensión recurrente entre expresiones culturales del carnaval y grupos cristianos que denuncian la ridiculización de símbolos religiosos. Proyectos legislativos recientes buscan incluso prohibir disfraces o representaciones que se consideren “cristianofóbicas” durante las celebraciones, además de crear mecanismos de denuncia y protección a creyentes.
Otros antecedentes también alimentan la discusión. Iniciativas parlamentarias han señalado presentaciones carnavalescas donde se representó a Jesús o símbolos cristianos en contextos considerados irrespetuosos, lo que llevó a plantear medidas para evitar la intolerancia religiosa en eventos financiados con recursos públicos.
En paralelo, sectores cristianos defienden la necesidad de respetar la fe y la identidad religiosa en el espacio público. Voces evangélicas sostienen que la crítica cultural no debe transformarse en escarnio ni en estigmatización de creyentes, especialmente en un país donde el cristianismo representa a una porción significativa de la población.
Entre ellos Michele Bolsonaro, ex primera dama de Brasil, declaró que "la fe cristiana fue objeto de burla en nombre de la cultura, disfrazada de maniobras políticas. Dicen que el país es laico, pero el laicismo no autoriza la burla ni la humillación. Lo que se presentó era conocido, se permitió y lastimó a millones de brasileños". Y reflexionó: "¿Se imaginan si fuera al revés?".
En ese sentido la activista provida y cristiana, Dra. Lais Santiago expresó en sus redes sociales que "como cristiana y evangélica, no puedo permanecer callada y cobarde ante tales barbaridades. Esto no es solo la burla de un pueblo, sino una falta de respeto criminal, explícita y directa a la fe de más de 50 millones de brasileños. Hacer la vista gorda ante algo que sucede ante nuestros ojos es ser cómplice cobarde de una injusticia. No es solo un ataque a nuestra fe, sino a todas las familias brasileñas, a la agricultura y a las mujeres".
Además Santiago añadió que "ningún ataque debe ser aceptado como libertad de expresión o manifestación cultural, especialmente cuando es de naturaleza religiosa. Unámonos como Iglesia de Cristo y como nación, oponiéndonos a toda forma de intolerancia religiosa. ¡Toda fe merece respeto!".
Esta postura refuerza llamados a proteger la libertad religiosa y a evitar expresiones que degraden símbolos sagrados.
El episodio del desfile vuelve a colocar en primer plano la discusión sobre los límites entre arte, sátira y respeto a las creencias. Para comunidades cristianas, el caso confirma la necesidad de defender su fe frente a manifestaciones que consideran ofensivas; para otros sectores, abre un debate más amplio sobre pluralismo, libertad de expresión y convivencia cultural en una de las celebraciones más emblemáticas de Brasil.
La senadora brasileña Damares Alves anunció que impulsará acciones legales tras el controvertido desfile del Carnaval de Río de Janeiro, el cual —según planteó— incluyó elementos que ridiculizaron la fe cristiana evangélica y transmitieron un mensaje político favorable al presidente Lula da Silva.
A través de sus redes sociales, la legisladora afirmó que lo ocurrido no puede considerarse una simple manifestación cultural o sátira. En su declaración, sostuvo que la representación constituyó "una falta de respeto hacia millones de creyentes" y podría implicar "una vulneración del derecho constitucional a la libertad religiosa". También señaló que evaluará medidas jurídicas para que se investigue el uso de recursos públicos y el contenido del espectáculo.





