Todo niño pertenece a una familia: por qué la Iglesia debe replantearse el apoyo a los orfanatos

Huerfanos
 Foto de Priscilla Du Preez / Unsplash

Hay un versículo que la mayoría de los cristianos conocen de memoria. Santiago 1:27 nos llama a visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones. Es un mandato muy claro y directo que se repite a lo largo de las Escrituras. Y la Iglesia se lo ha tomado en serio. Generaciones de creyentes han construido orfanatos, financiado hogares de cuidado residencial y viajado por todo el mundo para servir a los niños necesitados. El corazón detrás de esta generosidad es genuino, compasivo y bueno.

Pero, ¿y si la forma en que hemos estado expresando ese amor, por muy bienintencionada que sea, a veces ha causado daño?

Hoy, 1 de junio, en el Día Internacional de la Infancia, la Alianza Evangélica Mundial publica una declaración que espero en oración ayude a la comunidad evangélica global a comprender mejor su llamado a servir a la niñez vulnerable. Estoy profundamente agradecida por la colaboración que hizo posible este pronunciamiento: líderes regionales de la WEA, expertos en bienestar infantil y profesionales que aportaron su experiencia, su investigación y su fe a este trabajo conjunto. Y juntos sentimos la urgencia de compartirlo con todos aquellos que apoyan, trabajan o dirigen orfanatos en todo el mundo.

Los orfanatos deben ser una transición, no un destino

Un informe de la encuestadora Barna publicado a principios de este año resultó tan alentador como aleccionador: la cantidad de dinero que los cristianos donan a los orfanatos casi se ha duplicado en los últimos años. El problema no es la falta de un corazón generoso. La Iglesia quiere ayudar. Sin embargo, la generosidad sin una comprensión clara del problema puede, sin querer, sostener sistemas que no sirven a los niños tan bien como esperamos. Y la evidencia al respecto ya no es ambigua.

Las investigaciones demuestran de manera sistemática que los niños que crecen en entornos institucionales enfrentan riesgos significativamente mayores de sufrir retrasos en el desarrollo, dificultades emocionales y desafíos sociales. Muchos de los que salen del sistema de orfanatos al cumplir la mayoría de edad simplemente no están equipados para vivir de forma independiente y corren un mayor riesgo de convertirse en víctimas de adicciones, falta de vivienda, trata de personas y otras problemáticas. No se trata de casos aislados. Son patrones documentados durante décadas en diferentes continentes. Como ha escrito de manera convincente alguien que vivió de primera mano la experiencia de crecer en un orfanato, las consecuencias no deseadas del cuidado institucionalizado merecen nuestra honesta atención.

El factor de la pobreza en la separación familiar

Muchos cristianos tal vez no se den cuenta de que la gran mayoría de los niños que viven en orfanatos hoy en día no son huérfanos en el sentido tradicional. La mayoría tiene al menos un progenitor vivo. La razón principal por la que las familias colocan a sus hijos en centros de atención residencial es la pobreza. No el abuso, no la muerte, no el abandono en su sentido más profundo. Las dificultades económicas están separando a niños de padres que los aman. Y en muchos casos, una inversión modesta y bien dirigida en esa familia podría mantenerla unida por completo.

Esto no significa que los orfanatos no tengan ningún papel que desempeñar. Lo tienen. Y la declaración que se publica hoy es cuidadosa al señalarlo. El cuidado residencial puede ser un recurso vital de emergencia y transición. La pregunta es si se convierte en un destino en lugar de un puente. El cambio que pide la WEA no es la abolición, sino la reorientación. Es pedir a las instituciones que reimaginen su propósito: hacia la reunificación familiar, el acogimiento con familias extensas (parentesco), el acogimiento familiar temporal (hogares de guarda) y la adopción. Hacia el fortalecimiento de las familias para que, en primer lugar, la separación nunca sea necesaria.

Hacia un modelo de cuidado basado en la familia

La idea de que los niños prosperan en el seno de una familia no es en sí misma un descubrimiento nuevo ni exclusivo de ninguna cultura. Personas de todas las naciones y tradiciones están de acuerdo: un niño necesita a alguien que sepa su nombre, que permanezca a su lado, que lo ame. Esto no es un terreno en disputa. Es un terreno común. Y es profundamente bíblico. Dios mismo asienta a los solitarios en familias (Salmo 68:6). La familia fue su diseño desde el principio.

¿Por qué es necesaria esta declaración entonces? Las iglesias y los ministerios pueden desempeñar un papel fundamental en la construcción de un futuro mejor para la niñez vulnerable. Y creo que la WEA está en una posición única para llevar este mensaje en nombre de los evangélicos. Como una comunidad global que representa a cientos de millones de cristianos evangélicos en más de 160 naciones, puede dar voz a lo que las iglesias y ministerios locales ya están descubriendo sobre el terreno, y traducir eso en un llamado a la acción unificado y con fundamento teológico.

Para las iglesias y congregaciones que se preguntan por dónde empezar: existen recursos disponibles a través de organizaciones expertas que trabajan en este ámbito. No tienen por qué transitar este camino solos. Hablen de esto con su liderazgo. Evalúen los programas que apoyan actualmente. Hagan preguntas. Y tengan la certeza de que cuando alineamos nuestra generosidad con el mejor entendimiento disponible de lo que los niños necesitan, cumpliremos mejor el llamado de Dios a cuidar de los vulnerables.

Cambiar un paradigma nunca es fácil, pero está lejos de ser imposible. En todo el mundo, muchas iglesias, ministerios y orfanatos ya están haciendo esta transición y están viendo a los niños florecer como resultado. Su experiencia, sabiduría y lecciones ganadas con tanto esfuerzo están disponibles para que aprendamos de ellas. Tal vez ya haya alguien en su país, en su región o incluso en su propia red que esté siendo pionero en este trabajo y de quien puedan aprender. ¡O tal vez Dios los esté llamando a ustedes a ser esos pioneros!

Por eso, los invito a leer la siguiente declaración y a compartirla con otros en su iglesia, ministerio o comunidad. Y que el Espíritu Santo guíe las conversaciones que surjan de ella.


Un llamado a adoptar el cuidado basado en la familia - Una declaración de la Alianza Evangélica Mundial

Como comunidad global de iglesias y ministerios evangélicos, la Alianza Evangélica Mundial afirma su compromiso inquebrantable de cuidar a los niños vulnerables de maneras que reflejen el corazón de Dios y defiendan la dignidad, el valor y los derechos de cada niño. Creemos que la Iglesia global debe pasar urgentemente del cuidado infantil institucional a soluciones basadas en la familia.

Los niños son el futuro de nuestras iglesias, comunidades y países. La forma en que los cuidemos hoy moldeará profundamente el bienestar de nuestras sociedades y el testimonio de la Iglesia global en los años venideros.

Reconocemos que, durante generaciones, muchos esfuerzos bienintencionados para cuidar a los huérfanos y niños vulnerables han dependido en gran medida del cuidado institucional. Estas instituciones a menudo han proporcionado un apoyo a corto plazo esencial en tiempos de crisis. Sin embargo, la creciente evidencia global —así como principios bíblicos claros— revela que los entornos institucionales no son una solución adecuada a largo plazo para los niños. Las investigaciones demuestran de manera sistemática que los niños criados en instituciones corren un mayor riesgo de sufrir retrasos en el desarrollo, problemas de salud mental, debilitamiento de sus habilidades sociales y emocionales, y exposición a traumas, abusos y negligencia.

El diseño divino de la familia y la realidad socioeconómica

Dios creó a las familias como el entorno natural y formativo para que los niños crezcan y prosperen. Las familias ofrecen amor, guía, seguridad y un sentido de pertenencia que las instituciones, por su propia naturaleza, no pueden replicar. Los niños necesitan cuidadores estables que los conozcan por su nombre, que caminen con ellos a través de las alegrías y los desafíos de la vida, y que reflejen el amor de nuestro Padre celestial. Es por esto que creemos que el cuidado basado en la familia —como la reunificación familiar, el cuidado por parentesco, el acogimiento familiar y la adopción— es la opción más apropiada y dadora de vida para los niños siempre que sea posible. Este enfoque fomentará en gran medida un sentido de pertenencia e identidad en Cristo, lo cual es esencial para su bienestar, a fin de que alcancen el potencial dado por Dios y el éxito en la vida.

Es profundamente preocupante que la mayoría de los niños que se encuentran hoy en los orfanatos no sean realmente huérfanos. Muchos tienen padres vivos o miembros de la familia extendida que los colocaron bajo cuidado institucional únicamente debido a la pobreza o a dificultades temporales, no por fallecimiento o abuso. Con el apoyo adecuado —ya sea asistencia financiera, capacitación en pautas de crianza o servicios comunitarios— estas familias podrían fortalecerse para cuidar a sus hijos en el hogar. Es injusto que las dificultades económicas separen a un niño de su familia, especialmente cuando existen soluciones que pueden ayudar a mantener a los hogares unidos. Cuando una familia biológica no representa un entorno seguro, las familias de acogida o adoptivas pueden brindar un ambiente familiar protector y amoroso dentro del contexto de la comunidad.

El papel de la Iglesia en la reorientación de recursos

Invertir en la preservación familiar y en el cuidado comunitario no solo es un enfoque más compasivo, sino que también es más sostenible y responsable. Además, el cuidado institucional no solo es menos eficaz, sino también mucho más costoso que apoyar a los niños en entornos familiares. Las iglesias, los ministerios y los donantes tienen un papel vital que desempeñar en el cambio de recursos hacia soluciones que prioricen a la familia como la base del cuidado.

También reconocemos que en ciertas situaciones —como la necesidad de descanso para los cuidadores, rehabilitación y fines de emergencia— puede ser necesaria la atención residencial temporal. En tales casos, esta debe ser a corto plazo y a pequeña escala, con el objetivo claro de la reunificación con la familia o la colocación en un hogar permanente y amoroso. Ningún niño debe permanecer en cuidado institucional indefinidamente. En su lugar, debemos trabajar hacia entornos familiares protectores a largo plazo donde los niños puedan florecer verdaderamente.

Como seguidores de Cristo, estamos llamados a reflejar el corazón de Dios para el huérfano (Santiago 1:27), a actuar con justicia y defender al vulnerable (Isaías 1:17), y a encarnar el amor de Dios de maneras prácticas y transformadoras. Creemos que la Iglesia tiene un papel único y crítico que desempeñar en la transformación de la manera en que la sociedad cuida a la niñez.

Acciones concretas para las congregaciones locales

Por lo tanto, animamos a las iglesias de todo el mundo a convertirse en agentes activos de cambio, apoyando a las familias en crisis, involucrándose en el acogimiento familiar y la adopción, brindando mentoría a jóvenes vulnerables y colaborando con los sistemas locales y nacionales de protección infantil. Las congregaciones pueden identificar las necesidades dentro de sus propias comunidades, evaluar los programas existentes y abogar por políticas que prioricen el cuidado basado en la familia. Cada paso que se da para fortalecer a las familias y prevenir la separación innecesaria contribuye a una cultura donde cada niño pueda tener un hogar al cual pertenecer.

El cambio del cuidado institucional al cuidado basado en la familia no está exento de desafíos. Requiere una inversión intencional, colaboración, capacitación y un compromiso a largo plazo. Pero estamos seguros de que, con una sólida enseñanza bíblica sobre el tema, la oración, la guía de Dios y los esfuerzos unidos de iglesias, ministerios, gobiernos y comunidades, podemos construir un futuro donde cada niño crezca en una familia segura y amorosa.

Juntos, reimaginemos el cuidado de la niñez, no a través del lente de las instituciones, sino a través de la promesa de vida que ofrecen las familias seguras y amorosas.


Autora: La reverenda Dra. Rebecca Goropevsek es coordinadora de la Red de Niños de la Alianza Evangélica Mundial (WEA) desde 2020 y anteriormente desempeñó otros cargos en la WEA, entre ellos el de representante ante las Naciones Unidas en Nueva York. También forma parte del Consejo de Liderazgo Global de World Without Orphans y ha participado en una escuela cristiana de educación primaria y secundaria y en un ministerio cristiano para adolescentes.

Como parte de su doctorado en Ministerio, elaboró un manual para que los pastores puedan asesorar a parejas con problemas de infertilidad y orientarlas para que consideren la adopción. Nacida en Eslovaquia, vivió varios años en Austria y Suiza, y ahora reside en Estados Unidos, al norte de la ciudad de Nueva York.

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