
Durante mi paso por la industria editorial he tenido el privilegio de haber sido el editor en español de uno de los autores más conocidos en el mundo cristiano, y puedo dar fe, como publisher, de lo sencillo y agradable que era trabajar para él, lejos de pelear por cartelera, marketing o lugares en el catálogo, no recibí de él reclamo alguno. Siempre listo para aceptar una invitación a alguna iglesia en Latinoamérica sin pretensiones mayores ni condiciones extravagantes.
Con mi esposa hemos viajado con él y su esposa Juanita para acompañarlos en alguna de estas invitaciones. También hemos compartido alguna que otra conferencia donde coincidimos como oradores.
Hasta parecería hoy una ironía que de los libros de su autoría que publiqué, siendo yo un novato en mi camino con Jesús, fuera "Gracia Divina Vs. Condena Humana". Ayer, Phillip Yancey envió a los medios una carta confesando en público lo que había pasado durante muchos años en privado. Me llenó de tristeza leer su carta y la carta de Juanita.
En el afán de resaltar algo que podamos aprender de esta situación, sin minimizar de manera alguna lo ocurrido, destaco algunos puntos de las cosas que, pienso, aún podemos aprender de él.
• La sinceridad de la confesión como el primer paso - fundamental - para la restauración. Sin tratar de minimizar el hecho ni de hacerlo parecer "una caída" o "un simple resbalón" . Confesando - sin morbo alguno pero- sin maquillaje lo prolongado de esta relación adúltera.
• La decisión irrevocable de dejar de escribir, de enseñar, de hablar en público, de dejar su ministerio sin que alguien tenga que reclamárselo.
• El pedido público de perdón a Dios, a su esposa y afortunadamente también a sus lectores por haberlos decepcionado por vivir una doble vida.
• Su esposa, a pesar de estar devastada por este hecho, expresó que hará honor a su compromiso matrimonial confiando en la gracia del Señor.
Me alegro mucho saber que están trabajando seriamente en restaurar lo que el adulterio de Phillip dañó, un matrimonio precioso de 55 años.
No tengo duda que lo conseguirán, esa Gracia de Dios que, como autor nos ayudó a entender, hoy como hermano caído, le ayudará a sanar las profundas heridas producidas por el pecado que hoy se hizo público.





