El ascenso de los generales de la fe. Muere el pastor Darío Silva

Darío Silva-Silva
El pastor Darío Silva-Silva, fundador de Casa Sobre la Roca Revista Hechos y Crónicas

Colombia y el cuerpo de Cristo en Iberoamérica despiden hoy a uno de los artífices más formidables de la comunicación y el avivamiento contemporáneo. En este domingo 6 de septiembre de 2026, el doctor y pastor Darío Silva-Silva ha partido a la presencia del Señor. Fundador de la iglesia Casa Sobre la Roca, Iglesia Cristiana Integral, e intelectual que sacudió las estructuras de la nación, su vida fue un testimonio dramático de la redención soberana de Dios frente a las tinieblas de este mundo.

Antes de postrarse ante la cruz, Silva-Silva recorrió los laberintos más oscuros del poder secular y las sociedades secretas.

Su historia comenzó en Neiva, donde en su juventud fue cofundador de "Los Papelípolas", el primer grupo cultural y literario del departamento del Huila. Desde allí escaló hasta convertirse en una de las plumas y voces más incisivas del periodismo nacional, destacándose en la dirección de noticieros de televisión como Noticolor y recibiendo galardones como el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar en 1987, además de la Orden al Mérito en el grado de Comendador del Congreso de la República.

Esa generación ha entregado el cayado. Hoy la pregunta no es qué pasará, sino quién está dispuesto a cruzar el Jordán.

Sin embargo, en medio de esa cúspide profesional, su vida estuvo atada a los oscuros intereses de la masonería.

Aquellas logias masónicas, sepulcros blanqueados de falsa filantropía y humanismo anticristiano que operan en las sombras conspirando contra la verdad absoluta del Evangelio, mantuvieron cautivo su talento. La masonería, con sus ritos luciferinos de auto-deificación y su odio soterrado al señorío de Jesucristo, intentó usar su voz para los sótanos del relativismo.

Pero el Todopoderoso tenía otros planes. A mediados de los años ochenta, tras los cambios políticos y el cierre del noticiero que dirigía, enfrentó una profunda crisis económica, con embargos y duros señalamientos públicos que lo llevaron al borde del colapso y del suicidio. En esa hora oscura conoció a Esther Lucía Ángel, quien lo introdujo a un camino de transformación espiritual.

En un acto de milicia espiritual, Darío rompió todo pacto con las tinieblas masónicas, renunció a la mentira esotérica y entregó su intelecto al único Amo digno de gloria. De las cenizas de ese rescate nació el autor de El hombre que volvió del infierno, el teólogo y el adalid que fundó una de las obras neo-pentecostales más influyentes del continente.

El alcance de su ministerio trascendió con creces los muros de un templo local para convertirse en un fenómeno de masificación espiritual, cultural e institucional.

De esos grupos de estudio bíblico iniciados en 1984 junto a Esther Lucía nació la Iglesia Cristiana Integral Casa Sobre la Roca. El alcance de su ministerio trascendió con creces los muros de un templo local para convertirse en un fenómeno de masificación espiritual, cultural e institucional. Bajo su liderazgo, la organización creció de manera exponencial hasta expandirse con múltiples sedes tanto en Colombia como en el exterior, consolidándose como una de las megaiglesias más respetadas y concurridas del país.

Su visión integradora llevó a fundar el programa de opinión Hechos & Crónicas Televisión y la revista impresa homónima, la Fundación Misericordia, Amor y Servicio (FAS) para el desarrollo social, instituciones educativas como el Nuevo Gimnasio Cristiano y programas de formación teológica como el IBLI-FACTER, posicionándose en 2001 como uno de los personajes más influyentes de Colombia según la revista Semana.

Su partida terrenal se suma a la de otros grandes patriarcas de la fe que recientemente han cruzado el velo, como el evangelista Luis Palau o el pastor Bernardo Stamateas, recordándonos que el ciclo de los pioneros avanza inexorablemente hacia su ocaso.

En Colombia, hemos tenido una Generación Moisés: hombres y mujeres de carácter recio, titanes que abrieron brecha a machete y rodilla en medio de un país tradicional y convulsionado por la violencia, sacando al pueblo de la esclavitud del secularismo y legándonos la tierra prometida de la libertad de cultos, los medios masivos cristianos y las grandes congregaciones.

Esa generación ha entregado el cayado. Hoy la pregunta no es qué pasará, sino quién está dispuesto a cruzar el Jordán.

...esos hombres que abrieron la brecha cuando mueren no descienden, ascienden a su recompensa por una vida en pie de lucha.

Jóvenes de Iberoamérica, somos la Generación Josué. A nosotros no se nos ha llamado a construir cimientos desde cero, sino a conquistar los territorios que la Generación Moisés preparó con lágrimas y ayuno. Nos corresponde tomar la posta institucional, intelectual y espiritual con la misma osadía, resistiendo el espíritu de la época y barriendo con la apostasía moderna que intenta infiltrar los púlpitos.

Hoy, el pastor Darío Silva-Silva descansa en paz en la presencia gloriosa de su Señor a quien sirvió con pasión indomable hasta su último aliento. Ha peleado la buena batalla, ha terminado la carrera, ha guardado la fe.

Nosotros nos quedamos en el campo de batalla, con los lomos ceñidos, bregando en esta trinchera terrenal hasta tener también el incalculable privilegio de cruzar al otro lado: ya sea por el sello supremo del martirio por causa de su nombre, por el curso natural de la muerte, o por el estremecedor sonido de la trompeta final que nos arrebate a su presencia.

Titulé esta columna “el ascenso de los generales de la fe” porque esos hombres que abrieron la brecha cuando mueren no descienden, ascienden a su recompensa por una vida en pie de lucha. Como lo decía el apóstol Pablo, para nosotros sus siervos el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Danos señor el privilegio de vivir una vida a tu servicio y que la muerte no nos encuentre en un lecho sino ocupados en los asuntos del reino como a ellos, como esa generación estuvo dispuesta la nuestra también lo está, para tu gloria y en su honor…


Autor: Josué David Cortes, licenciado en educación y ciencias religiosas con estudios en Ciencia Política y cosmovisión. Actualmente se desempeña como Maestro de Educación religiosa y ética valores en Bogotá Colombia, liderando una transformación educativa desde la apologética y la batalla cultural. Activista en defensa de la vida, la familia y la libertad. Escritor de verdad en tiempos de relativismo.

Más reciente