
SANTO DOMINGO.— Para las iglesias evangélicas dominicanas, tener presencia en la vida política plantea una pregunta que las adhesiones electorales no resuelven: qué hacer con esa influencia. Un encuentro entre dirigentes cristianos y una oficina de la Presidencia puso el foco en la necesidad de construir un pensamiento político propio, capaz de examinar las ideologías y formular propuestas desde la fe.
La Alianza Evangélica Dominicana (AEDO) y la Oficina de Enlace Cristiano de la Presidencia organizaron el diálogo en las instalaciones del Servicio Social de Iglesias Dominicanas. Ante pastores, educadores y comunicadores, el español Xesús Manuel Suárez García propuso estudiar la Biblia, la teología y la tradición política protestante para abordar cuestiones de poder, justicia y responsabilidad ciudadana, según la crónica de Félix Caraballo publicada por Evidencias.
Una agenda política desde la fe
El planteamiento central fue evitar que la participación política evangélica se limite a respaldar corrientes ideológicas sin analizar sus fundamentos y consecuencias. Suárez defendió una agenda cristiana que examine los desafíos sociales, económicos, educativos y políticos, acompañada de espacios de formación para quienes ejercen liderazgo en las congregaciones.
La identidad de los organizadores daba al debate una dimensión adicional. Una alianza religiosa y una dependencia del Ejecutivo promovían una reflexión sobre la relación entre las convicciones cristianas y el ejercicio del poder. La independencia necesaria para evaluar a los gobernantes forma parte de las preguntas que abre ese acercamiento.
En la apertura intervinieron el obispo Reynaldo Franco Aquino, presidente de AEDO, y Milcíades Franjul, enlace del Poder Ejecutivo con las iglesias evangélicas. Los asistentes participaron mediante preguntas y ejercicios grupales. La información publicada describe una jornada de formación; no detalla la aprobación de un programa político ni compromisos electorales.
El peso de las iglesias evangélicas en República Dominicana
La discusión se produce en una sociedad cuyo mapa religioso se ha diversificado. Latinobarómetro registró en 2024 que el 43% de los dominicanos encuestados se identificaba como católico y el 28% como evangélico. Esas cifras muestran el peso de ambas comunidades, aunque no permiten deducir cómo votan sus integrantes ni cuánto coinciden con sus dirigentes en asuntos públicos.
Para las organizaciones evangélicas, esa presencia social constituye una base de interlocución con el Estado. También plantea un desafío: expresar sus convicciones sin presentar a sus congregaciones como un bloque político uniforme.
Entre la cooperación con el Gobierno y la autonomía
La relación con el Gobierno tiene antecedentes documentados. En enero de 2025, la Presidencia informó de una reunión entre la Oficina de Enlace y representantes de concilios e instituciones evangélicas para fortalecer sus vínculos y establecer un plan de trabajo conjunto. El servicio comunitario y la salud y unidad de las familias figuraron entre los temas abordados.
Franjul defendió entonces la cooperación entre las iglesias y el Ejecutivo como una contribución al bienestar social. El énfasis del nuevo encuentro en el pensamiento crítico permite examinar otra dimensión de ese vínculo: la capacidad de las comunidades religiosas para colaborar con las autoridades, expresar desacuerdos y someter sus decisiones a escrutinio.
En República Dominicana, esa conversación se inserta en una larga historia de relaciones entre religión y Estado. El Ministerio de Relaciones Exteriores identifica el Concordato firmado con la Santa Sede en 1954 como un elemento central de la influencia histórica de la jerarquía católica en la sociedad y la política del país. La interlocución evangélica se desarrolla sobre ese trasfondo institucional.
La experiencia de Suárez en España ofrece un antecedente sobre la participación ciudadana desde la fe. Una memoria de la Alianza Evangélica Española describe una iniciativa en la que participó para ayudar a los creyentes a comparar programas electorales y tomar decisiones informadas, sin orientar su voto hacia una opción determinada.
En Santo Domingo, la propuesta quedó planteada como una tarea de formación y elaboración de ideas. Su alcance podrá evaluarse cuando esas reflexiones se traduzcan en posiciones concretas: qué políticas respaldar, cuáles cuestionar y con qué argumentos defenderlas ante ciudadanos que comparten un país, pero no necesariamente las mismas creencias.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional.
Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina (AEL) y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA).
Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Luis Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





