
Me voy a tomar la atribución de escribir en primera persona. Lo hago muy contadas veces, cuando la situación lo amerita. Esta mañana desperté con la triste noticia de que el cantante, pastor y evangelista de origen argentino, Eduardo Santoro, partió a la patria celestial. Fue algo repentino. El domingo había predicado acerca de “vengan a mí todos los que están trabajados y cargados, y yo los haré descansar”. Sin duda, este es su tiempo de descanso eterno.
Tenía 65 años recientemente cumplidos. Era hijo de inmigrantes italianos. Desde muy joven encontró su lugar sirviendo en la Iglesia Cristiana Evangélica Ebenezer, donde participó en áreas de alabanza y adoración, evangelización, predicación y rehabilitación de personas con adicciones. “Ver cómo muchos de ellos hoy sirven como pastores y evangelistas ha sido una de las mayores recompensas de mi caminar con Dios”, expresó en su página web.
Estuvo grandemente influenciado por la fe inquebrantable de su madre, Rosa Vanella de Santoro. Se formó en el Seminario Bíblico de Fe, bajo la enseñanza del misionero y pastor Milton Pope, y de Haydeé Zanetti, quien fue su mentora espiritual.
Su recorrido musical comenzó en 1985 con su primera producción, "Desde que te conocí". Eduardo pasaba tiempo en búsqueda de Dios y también pedía guía y ayuda espiritual a Haydeé. Allí lo conocí. Ella era la hermana menor de mi abuela; ambas mujeres vivían juntas y yo las visitaba cada sábado al mediodía. Santoro solía llegar a esa misma hora o apenas pasado el horario de almuerzo. Yo tenía un tiempo acotado para estar con mis abuelas y apenas 15 años. Siempre me quejaba de su presencia, hasta que un día me dijo: “Grabé un cassette de música y te voy a regalar una copia”. Quería ganarse a esa adolescente celosa que no quería compartir a su familia con un extraño. Así, coincidiendo con el nombre del disco, Desde que te conocí, Eduardo, te acepté y fui fiel seguidora musical.
Más tarde llegaron "La manera de vivir" (1987), "Más que vencedor" (1991, grabado en México junto al grupo Torre Fuerte), "Te bendecimos" (1995), "Debes conocerle" (1998) y la más reciente de sus producciones musicales, "Siempre te alabaré" (2023).
En 2008 se mudó a México, bajo la cobertura de las Asambleas de Dios, y un año más tarde fundaron la iglesia “Jesús en Ti”, donde pastoreó y predicó el Evangelio hasta hace apenas tres días. Estuvo casado con Inés durante cuatro décadas. Juntos tuvieron cuatro hijos: Sebastián, Lucas, Paula y Joel.
Eduardo tenía como misión en su vida “seguir sirviendo al cuerpo de Cristo y a quienes aún no lo conocen, con todos los dones y ministerios que Dios me ha dado, trabajando en unidad con otros ministerios para llevar salvación, esperanza y edificación a cada vida que Él ponga en mi camino”.
La noticia en Argentina corrió rápidamente. Amigos y cantantes cristianos de aquella época expresaron su pesar, como Juan Carlos Marsilli, quien dijo que tuvo la “oportunidad de cruzarme en estudios de grabación en Buenos Aires. Una voz maravillosa y una persona de bendición por su vida y sus canciones. Lamento su partida. Consuelo y fortaleza para su familia”. También Cristian Gastou contó que “esta semana pasada estuve escuchando su música y mostrándosela a mis hijos. Dios bendiga a Inés y a la familia”.
Marcelo Mollo lo recordó de la siguiente manera: “Se adelantó, camina con el Señor… una pena porque se lo va a extrañar. Buen tipo siempre, mis condolencias a los suyos”. Junto a Mollo, el sonidista Walter “Wally” Guiriani señaló que tiene “hermosos recuerdos de haber trabajado y compartido presentaciones, linda persona que dejó huella”.
No solo los argentinos lo recordaron. El cantante, compositor y también pastor puertorriqueño Benjamín Rivera lo definió como “una leyenda”.
Eduardo marcó una época, una tendencia y una visión evangelizadora. Él, Daniel Cipolla, Pablo Bedrossian, Estrellita, Enrique Gómez, Marcelo Patrono, Andrea Francisco, Juan Carlos Marsilli, Rabito (Juan Carlos Fernández) y Pueblo de Dios, Polo Negrete, Adrián Jr. y tantos otros abrieron camino. Hoy le tocó a Eduardo ser llamado por el Creador. Quienes lo conocimos lo despedimos con un ¡nos vemos pronto, en el cielo!





