
La trayectoria del cine de animación cristiano es extensa y ha transitado por producciones televisivas que marcaron hitos culturales, como La Casa Voladora, Súper Libro, VeggieTales y otras. Sin embargo, la industria ha tenido sus momentos de mayor luminosidad con éxitos taquilleros como El Príncipe de Egipto, esa joya audiovisual que nos dejó a todos, pequeños y grandes, profundamente inspirados. Hoy, los realizadores de David replican y perfeccionan esa fórmula con un largometraje que no solo honra ese legado, sino que establece un nuevo estándar de calidad.
Tuvimos el privilegio de asistir a la premier de David junto a Sara Villa, como invitados de Canzion Films Colombia, y la experiencia fue, en una palabra, conmovedora.
Desde una perspectiva técnica, la película destaca por un apartado visual de altísima calidad. La dirección de arte propone una estética surrealista donde muchos escenarios poseen un fotorrealismo impactante. Hay detalles minuciosos en el diseño de personajes, como la textura del vello corporal y la iluminación ambiental, que dan fe del monumental esfuerzo de producción. Al finalizar la función, el director Phil Cunningham compartió mediante un vídeo que la realización de David tomó 30 años. Y se nota en cada fotograma. Es una obra increíble, fruto de una paciencia y dedicación poco comunes en la industria contemporánea, donde el renderizado y la composición visual alcanzan niveles cinematográficos superiores.
Musicalmente, al menos en la versión con doblaje latino, la experiencia es mágica. Las películas que recurren al género musical corren un gran riesgo: que sus canciones funcionen como relleno, carezcan de sentido dramático o no se alineen con la trama. Sin embargo, en David esto no ocurre. Aquí las canciones están integradas orgánicamente en un guión sólido, actuando como motores narrativos que profundizan en el arco emocional de los personajes.
Pero la fortaleza principal reside en la historia. ¿Cuántas veces hemos escuchado la narrativa del pastor, el rey, el niño que venció al gigante? Esta vez es diferente. La película tiene una magia particular que coloca el corazón de David en el centro del encuadre. Es una oportunidad para reflexionar sobre qué hacía que David fuera un hombre conforme al corazón de Dios. Era valiente, arriesgado, tenía convicciones firmes, pero sobre todo, era vulnerable ante El Padre, ante Abba. Y aun cuando pecó, mantuvo el propósito.
En lo personal, esta proyección llegó en un momento crucial. Ambos disfrutamos mucho la película como una pausa necesaria a nuestra agitada agenda de los últimos meses. Podemos testificar que para los dos, este tiempo reciente ha sido un periodo de guerra espiritual, pero también de aprender a ser vulnerables ante Dios. Ver David nos recordó a ambos que somos un hilo en el telar de Dios y que los hilos se entrelazan para formar el gran propósito divino. Ser un hilo puede parecer irrelevante, pero definitivamente no lo es; somos los hilos de Dios y también sus hijos. Cuando vean la película, entenderán la referencia visual y temática de los hilos dentro de la trama.
Sin caer en spoilers que arruinen la experiencia, nos atrevemos a nombrar nuestros tres momentos favoritos. Primero, cuando David vence a Goliat; hay un plot twist narrativo que van a disfrutar mucho (jaja). Segundo, cuando David se arrodilla para preguntarle a Dios por qué lo escogió; la respuesta que emana del cielo es poética y visualmente deslumbrante. Pero la parte más impactante es la más triste: la muerte de Jonatán nos hizo romper en llanto. Hay una honestidad emocional en esa escena que conecta directamente con el alma del espectador.
David es una historia que todos deben ir a ver al cine. El cine es el espacio donde se viven las grandes historias y es necesario que apoyemos el cine cristiano de calidad. Además, invitamos a los asistentes a sumarse a un proyecto loable para que 1 millón de niños puedan ver gratuitamente la película, formando en ellos valores y valentía.
Agradecemos profundamente la invitación de Carlos Jiménez, promotor de Canzion Films Colombia, y el espacio brindado por Cinemark. Te invitamos a ver la película en cines con tu familia. Por favor, comparte esta columna para que más personas acepten la invitación y descubran que, después de 30 años de trabajo, vale la pena esperar una historia que toca el cielo y la tierra.
Ahora invitamos a todos a hacer lo mismo que nosotros: tomarse un tiempo, disfrutar al calor de un maíz pira y una coca cola, y dejar que esta historia hable al corazón.
¡Nos vemos en el cine!





