Diez razones por las que Cantar de los Cantares es más que un simple romance físico

Corazón y cruz
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La vida espiritual no es estática; es un ascenso progresivo hacia las profundidades del amor divino.

A lo largo de la historia de la Iglesia —especialmente en los escritos de Gregorio de Nisa, Bernardo de Claraval y los primeros padres de la Iglesia— el Cantar de los Cantares ha sido entendido como el mapa del viaje del alma hacia la unión con Dios. Cantar de los Cantares 2:14 se encuentra en el centro de ese ascenso. En él, Dios llama al creyente a salir de su escondite, a entrar en las "hendiduras de la peña" y a revelar el rostro y la voz que Él considera hermosos.

Este único versículo no es una mera invitación poética. Es el llamado a ascender, a elevarse desde las aguas superficiales de un cristianismo casual hasta las alturas de la intimidad santa. A continuación, se presenta un breve marco de 10 pasos para este ascenso, arraigado en el Cantar de los Cantares y reflejado en la tradición mística de la Iglesia.

1. Iniciativa divina — el llamado desde las hendiduras (Cantar de los Cantares 1:4)

El ascenso siempre comienza por iniciativa de Dios, no nuestra. Antes de que el alma busque a Dios, Dios busca al alma. El primer clamor de la amada, "Llévame en pos de ti", revela que el hambre espiritual se despierta solo porque Dios la ha llamado desde las hendiduras de la peña, esos lugares ocultos donde residen el miedo, la vergüenza y las heridas del pasado.

Cantar de los Cantares 2:14 es Dios mismo llamando: "Muéstrame tu rostro". Este es el primer paso: el toque soberano que despierta el deseo.

2. La herida de amor — el despertar del anhelo (Cantar de los Cantares 2:5)

Una vez atraída por Dios, el alma enferma de amor. La amada clama: "estoy enferma de amor", o literalmente, "estoy herida de amor". La belleza divina traspasa el corazón, dejando un dolor interior que el mundo no puede satisfacer.

Esta "herida" es santa. Es el anhelo que da origen a la oración, la adoración y la búsqueda. Es el fuego interno que inicia el ascenso del alma hacia Dios.

3. Purificación — cazar las pequeñas zorras (Cantar de los Cantares 2:15)

A medida que el deseo arde con más fuerza, Dios expone las "pequeñas zorras" que echan a perder las viñas: pequeñas concesiones, pecados ocultos, actitudes no examinadas y amores desordenados.

La purificación no es un castigo; es una preparación. Dios se niega a permitir que deseos menores sofoquen la creciente llama del amor divino dentro de nosotros.

Cantar de los Cantares 2:14 nos llama a las "hendiduras de la peña". Estas hendiduras representan los lugares donde Dios realiza una cirugía santa, eliminando las "zorras" para que la intimidad pueda florecer.

4. Iluminación — el invierno ha pasado (Cantar de los Cantares 2:10–13)

Después de la purificación viene la iluminación. La amada oye al Amado decir: "Levántate, oh amiga mía… ha pasado el invierno".

La fría estación de la distancia y la sequedad espiritual se derrite a medida que irrumpe la revelación. Las Escrituras cobran vida. La oración se convierte en deseo, no en deber. Dios comienza a revelar Su belleza de nuevas maneras.

Esta es el alma saliendo de las sombras del peñasco hacia la luz de Su presencia.

5. Misterio divino — buscarlo en la noche (Cantar de los Cantares 3:1)

Pero el ascenso no se estanca en una primavera perpetua. A medida que la amada madura, Dios la conduce a un misterio más profundo. Cantar de los Cantares 3:1 revela la búsqueda de Dios "por la noche", la estación en la que Dios parece oculto, no porque esté ausente, sino porque está guiando al alma hacia la nube del misterio divino.

Gregorio de Nisa dijo que el alma debe aprender a buscar a Dios no solo en la luz, sino también en la oscuridad, confiando en Él más allá del entendimiento. Este es el "escondrijo del peñasco" del que habla Cantar de los Cantares 2:14.

6. Unión de voluntades — aferrarse y no soltar (Cantar de los Cantares 3:4)

A medida que el alma se adentra en el misterio, ocurre algo profundo: la voluntad comienza a alinearse con la voluntad de Dios.

La amada dice: "Hallé al que ama mi alma; lo así, y no lo dejé".

En esta etapa, la obediencia no fluye de la obligación, sino del amor. El alma ya no lucha contra la voluntad de Dios; la abraza. El placer divino se convierte en la alegría del alma. El sacrificio se convierte en deleite. Este es el corazón de la madurez espiritual.

7. Morada mutua — "mi amado es mío, y yo suya" (Cantar de los Cantares 6:3)

El amor se profundiza hasta convertirse en una morada mutua.

No se trata de un afecto emocional, sino de una fusión espiritual.

"Mi amado es mío, y yo suya" es el lenguaje del pacto, la unión y la vida compartida.

Cantar de los Cantares 2:14 dice: "hazme oír tu voz". Dios no desea simplemente obediencia, sino unión: tu corazón, tu voz, tu presencia. En esta etapa, Cristo se convierte en la morada del alma, y el alma se convierte en la Suya.

8. Fuego transformador — convertirnos en lo que contemplamos (Cantar de los Cantares 4:7)

A medida que el amor se profundiza, se vuelve transformador.

El Amado declara: "Toda tú eres hermosa… y en ti no hay mancha".

Esto no es un halago; es el poder del amor divino remodelando el alma a la imagen de Cristo a través de Su gracia y misericordia.

El amor es el fuego que purifica. El amor es la energía que santifica. El amor es la fuerza que hace que el alma refleje a su Amado.

El ascenso hacia el amor divino no es meramente devocional; es transformador.

9. Deseo incesante — la santa inquietud (Cantar de los Cantares 5:6)

Después de profundos encuentros, la amada descubre una paradoja:

Cuanto más experimenta a Dios, más lo anhela.

"Se fue mi alma tras su hablar; lo busqué, y no lo hallé".

Esto no es distancia, es una invitación. Es la inquietud inducida por el amor que impulsa al alma a ir más alto.

Parafraseando a Gregorio de Nisa: "Cada plenitud trae un nuevo anhelo".

(En sus Homilías sobre el Cantar de los Cantares, Gregorio desarrolla el tema de que el anhelo del alma por Dios no termina con una única experiencia de plenitud; más bien, la satisfacción aumenta el deseo y conduce a un deseo y ascenso aún mayores. Gregorio dijo: "El disfrute presente de Dios es el punto de partida para una mayor participación de su bondad, y aumenta nuestro deseo por él" (citado a menudo de la Homilía 1 de *In Canticum Canticorum*)).

El ascenso hacia el amor es infinito porque Dios es infinito.

10. Amor desbordante — apoyada en el amado hacia el mundo (Cantar de los Cantares 8:5)

La etapa final no es un retiro del mundo, sino un desbordamiento hacia los lugares áridos de la tierra.

"¿Quién es esta que sube del desierto, recostada sobre su amado?".

Esta es el alma transformada por el amor, apoyada en Dios y llevando a Cristo a los lugares quebrantados del mundo.

Sin importar los desafíos terrenales, una vez transformada por su amado, ella sabe que está sellada sobre Su corazón y que las tormentas de la vida no pueden apagar Su amor (Cantar de los Cantares 8:6-7).

El ascenso místico termina en triunfo. El ascenso del alma hacia el amor no es un lujo místico reservado para los santos; es el llamado del Nuevo Testamento para cada creyente.

El Cantar de los Cantares nos invita a salir de nuestro escondite, a entrar en las hendiduras de la purificación y a subir a la montaña de la intimidad divina hasta que el amor nos transforme por completo.

Que puedas oír Su voz llamándote a ascender.


El Dr. Joseph Mattera es conocido por abordar eventos actuales a través de la lente de las Escrituras, aplicando verdades bíblicas y ofreciendo defensas coherentes a la cultura posmoderna de hoy. Para ordenar sus libros más vendidos o unirse a los miles de suscriptores de su aclamado boletín, visite www.josephmattera.org.

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