
En un mundo donde las olas de calor récord alternan con fríos polares intensos, muchos se preguntan si estos eventos son simples anomalías climáticas o algo más. Para los cristianos, estas manifestaciones no sorprenden, ya que forman parte de las profecías bíblicas que anuncian los últimos tiempos antes del regreso de Jesucristo.
La Biblia no solo promete que las estaciones continuarán, sino que describe aumentos dramáticos en el calor y perturbaciones en el clima como señales de juicio y del fin de la era actual.
Después del diluvio, Dios declaró en Génesis 8:22: “Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.” Este versículo establece un orden cíclico estable, pero en los últimos días las Escrituras indican que este equilibrio se alterará de manera dramática, con extremos que servirán como advertencias divinas.
Jesús mismo habló de estas señales en Lucas 21:25-26: “Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en el mundo; porque las potencias de los cielos serán conmovidas”. Estas “señales espantosas”, mencionadas también en Lucas 21:11, incluyen fenómenos climáticos extremos que generan temor a escala global.
Uno de los pasajes más impactantes sobre el calor extremo aparece en Apocalipsis 16:8-9, durante la Gran Tribulación: “El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, y le fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria”.
Este texto describe un calor abrasador tan intenso que quema a las personas, revelando el control soberano de Dios sobre la creación y la dureza del corazón humano.
Respecto al frío polar y los contrastes, la Biblia afirma que el “frío y el calor” persistirán, pero en un mundo caído estos se manifestarán de forma más violenta, como parte de los “dolores de parto” que preceden al fin, según Mateo 24:8.
Los datos actuales confirman estos patrones extremos. En 2025 se registró el tercer año más caluroso de la historia, solo detrás de 2024 y 2023, según equipos científicos internacionales. Cientos de millones de personas, especialmente en China, Australia, el norte de África, la península arábiga y partes de la Antártida, experimentaron récords de calor anual. En China se han visto contrastes brutales: temperaturas bajo cero de -50°C en el norte seguidas de 52°C en regiones como Sinkiang. En Estados Unidos, masas de aire polar provocaron mínimas récord en más de 30 ciudades, mientras que en Kansas se batieron récords de marzo con 35°C. En Argentina, durante 2026 se registraron temperaturas mínimas de hasta -7,4°C en las afueras de Buenos Aires. Proyecciones indican que 2026 podría estar entre los años más calurosos jamás registrados, intensificando olas de calor, sequías e incendios.
Los cristianos sabemos que esto sucederá porque confiamos en la Palabra de Dios. No vivimos en pánico, sino con expectativa vigilante. Sabemos que el aumento del calor, junto con fríos extremos y otros desastres, forma parte del plan soberano del Señor. No son solo consecuencias humanas, sino señales de que la creación “gime a una” esperando la redención, como dice Romanos 8:22.
Jesús nos exhorta a discernir los tiempos: “De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis todas estas cosas, sabed que está cerca, a las puertas” (Mateo 24:32-33).
Esta certeza nos llama al arrepentimiento, a la fe en Cristo y a una vida santa, en lugar de caer en la desesperación ecológica.
Dios tiene control absoluto sobre el clima, como se ve en numerosos pasajes como Job 37.
Diversos expertos y autores cristianos han conectado estos eventos con las profecías bíblicas. Libros como The Bible Explains the Climate Change Controversy analizan cómo las Escrituras revelan la verdad detrás del calentamiento global y los extremos climáticos. Obras sobre profecía explican que Dios usa el clima extremo como juicios remediales para llamar al arrepentimiento.
Un referente clave es el libro Aviso de Tormenta de Billy Graham, publicado originalmente en 1992. En esta obra, que leí hace unos cuantos años, Graham examina los problemas actuales de la humanidad, incluyendo los desastres naturales, a la luz del libro de Apocalipsis. Compara las tormentas literales y figuradas con las advertencias divinas que muchas veces ignoramos. Graham urge a reconocer estos “nubarrones de tormenta” como llamados urgentes a volver al Evangelio, destacando que, así como la gente se prepara para una tormenta invernal o un huracán, los cristianos debemos estar listos espiritualmente.
Los extremos de calor abrasador y frío polar no son el fin de la historia, sino que apuntan a un Dios que juzga pero también redime. Para los cristianos, son una invitación a mirar al cielo, fortalecer nuestra fe y compartir el mensaje de salvación. Como promete Apocalipsis 7:16 sobre los fieles: “No tendrán hambre ni sed, y el sol no los herirá, ni ningún calor”.
En estos tiempos, oremos, vigilemos y proclamemos que Jesucristo es la única esperanza segura. Las profecías se cumplen: ¡Él viene pronto! Que este mensaje nos motive a vivir con urgencia y confianza en las promesas de la Palabra de Dios.
Autor: Julio César Cháves nació en Chacabuco, provincia de Buenos Aires. Es escritor con una trayectoria sostenida en el periodismo de opinión, habiendo publicado cientos de notas en medios de su ciudad y en plataformas digitales propias.
Cuenta con estudios en teología, oratoria, apreciación cinematográfica, fotografía y literatura. Es egresado del Instituto Teológico por Extensión (INSTE). Actualmente cursa la carrera de Psicopedagogía en el Instituto Paulo Freire de Chacabuco.
Es autor de los libros La conquista de la libertad (Editorial de las Tres Lagunas), Cómo manejar exitosamente las circunstancias (RC Editora / Emanuel), Dios con nosotros (Editorial Autores de Argentina) y La Marca, obra escrita junto a su hermano Benjamín. Su escritura transita la intersección entre fe cristiana, psicología, cultura contemporánea y crítica social, con una voz construida desde la experiencia académica y vital.
Está casado con Alejandra Biazotti y es padre de tres hijos: Matías, Max y Merlina. Reside en Chacabuco, donde desarrolla su actividad como escritor, técnico y estudiante universitario.
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