
Un niño de 10 años murió y al menos cinco personas resultaron heridas luego de un ataque con drones explosivos que impactó una iglesia cristiana y una vivienda en una zona rural del municipio de Tibú, en el departamento colombiano de Norte de Santander.
El ataque ocurrió en el sector conocido como Kilómetro 25, en la región del Catatumbo, una de las zonas más afectadas por el conflicto armado interno en Colombia. Según informó El Tiempo, los explosivos lanzados desde drones alcanzaron un templo cristiano y una vivienda cercana, causando daños materiales y víctimas entre la población civil. Fuentes de la Policía de Norte de Santander citadas por El Tiempo indicaron que entre los heridos estaban un hombre de 40 años, una mujer de 37, un adolescente de 17 años, una niña de dos años y otra mujer de 51 años.
De acuerdo con un reporte de Infobae Colombia, el consejero de Paz y Reconciliación de Norte de Santander, Luis Fernando Niño López, confirmó que uno de los artefactos impactó directamente la iglesia cristiana. El funcionario calificó la acción como un ataque indiscriminado contra la población civil y alertó sobre el uso cada vez más frecuente de drones cargados con explosivos por parte de grupos armados ilegales.
“Diecisiete meses cumplimos ya en esta guerra que no para. Después de junio de 2025 comenzaron a utilizar la táctica de drones y ya son más de 130 ataques”, afirmó el funcionario según lo informado por el portal ConTextoGanadero.
Para el consejero de Paz, el Catatumbo necesita respuestas integrales que incluyan inversión social, infraestructura, educación y cumplimiento de compromisos históricos con las comunidades. “Hay niños que todavía no han podido ir al colegio. Esta población lleva año y medio bajo la guerra”, advirtió.
La Oficina de las Naciones Unidas en Colombia condenó el ataque y señaló que entre los heridos se encontraba una niña de tres años. El organismo informó que el hecho ocurrió en medio de enfrentamientos entre grupos armados no estatales y dejó al menos cinco personas lesionadas además del menor fallecido.
La violencia en el Catatumbo se intensificó durante los últimos meses debido a la disputa territorial entre organizaciones armadas ilegales. Las autoridades colombianas han advertido que el empleo de drones explosivos se ha convertido en una práctica cada vez más frecuente, aumentando el riesgo para las comunidades rurales, las instituciones educativas y los lugares de culto.
Aunque hasta el momento no existe evidencia de que la iglesia haya sido atacada por motivos religiosos, el hecho volvió a poner de relieve la vulnerabilidad de las comunidades cristianas que desarrollan sus actividades en zonas afectadas por la violencia armada.
El hecho se produjo en un contexto de preocupación por la seguridad de líderes y comunidades religiosas en distintas regiones de Colombia. Recientemente, la Confederación Evangélica de Colombia (CEDECOL) expresó inquietud por amenazas e intimidaciones contra pastores y líderes cristianos y pidió a las autoridades garantizar la libertad religiosa y la protección de los derechos fundamentales, según informó Diario Cristiano.
Si bien las autoridades no han establecido ninguna relación entre aquellas denuncias y el ataque ocurrido en Tibú, ambos hechos reflejan los desafíos que enfrentan numerosas comunidades religiosas en regiones donde persisten la violencia armada y las amenazas contra la población civil.
El ataque contra la iglesia cristiana se sumó a una serie de hechos violentos registrados recientemente en el Catatumbo y reavivó las preocupaciones sobre el impacto del conflicto armado en las comunidades religiosas de la región, donde iglesias y organizaciones cristianas continúan desarrollando labores espirituales y sociales en medio de un escenario de creciente inseguridad.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional. Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA). Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Luis Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





