
Este 11 de septiembre se cumplen 25 años de los atentados que golpearon a Estados Unidos y marcaron la historia contemporánea. En 2001, terroristas de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales: dos impactaron contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York; otro contra el Pentágono; y el cuarto cayó en Pensilvania, después de que pasajeros y tripulantes intentaran recuperar el control. Los ataques dejaron 2.977 víctimas mortales.
Detrás de esa cifra hay vidas truncadas, familias atravesadas por ausencias y duelos que perduran. También hay historias de quienes se acercaron para ayudar en medio de la devastación.
Una de ellas es la del pastor y politólogo argentino Marcelo Díaz, quien llegó a Nueva York como voluntario un mes después de los atentados. En conversación con Diario Cristiano Internacional, compartió sus recuerdos de aquella experiencia.
Durante diez años, Díaz había trabajado vinculado al Ejército de Salvación, principalmente en capacitación en liderazgo. Esa tarea lo había conectado con numerosas organizaciones cristianas e iglesias de Estados Unidos.

“Un mes después del atentado tuve que viajar por compromisos y el Ejército de Salvación organizó equipos de ayuda para emergencia. Me sumé como voluntario junto a otros pastores y líderes de Philadelphia y fuimos a Nueva York”, relató.
Su aporte consistió en administrar los recursos que llegaban como donaciones y acompañar a quienes trabajaban en la zona del desastre. Además de las tareas prácticas, había un espacio para conversar y escuchar a bomberos y policías.
Al recordar lo que sintió frente a los atentados, Díaz reúne emociones difíciles de separar. Enumeró: “Horror, sorpresa, enojo, tristeza, todo mezclado”.
“Escuchar las miles de historias de los fallecidos, más los actos de heroísmo de civiles, policías y bomberos sacudían el corazón cada momento dejándote sin palabras”, expresó.
En medio de ese dolor, la ayuda requería organización. Según recordó, distintos grupos coordinaban las tareas y los voluntarios se ocupaban especialmente de las donaciones y de mantener limpios los espacios donde los equipos de emergencia acudían a comer y descansar.
"Los bomberos -señaló- soportaban una presión emocional enorme. Al trabajo entre los escombros se sumaba el duelo por sus compañeros muertos mientras intentaban rescatar a otras personas antes del derrumbe de las torres".
Durante su voluntariado, Díaz también pudo ingresar a la Zona Cero. Allí vio hierros retorcidos, enormes cantidades de concreto y restos humanos. Al evocar aquella escena, expresó con un sentido: “No hay palabras, solo impotencia y lágrimas”.
Entre sus recuerdos aparece un detalle, las tarjetas personales casi quemadas de empleados del World Trade Center. Encontrarlas, contó, resultaba profundamente impactante.
Al concluir sus dos días de colaboración, salió de la Zona Cero directamente hacia el aeropuerto. Todavía llevaba puesta la credencial de voluntario. Esa identificación dio lugar a un gesto de agradecimiento que también quedó en su memoria.
“Cuando me vieron, me sentaron en clase ejecutiva y me dieron dos bandejas de cena”, recordó Díaz. Durante el viaje escuchó repetidamente una frase: “Thank you for your service [gracias por su servicio]".
“Estaban todos muy sensibles”, resumió.
Veinticinco años después, su relato conserva el recuerdo de los escombros y de las vidas perdidas, como también el de aquellos gestos de gratitud hacia quienes habían llegado para ayudar. Los trabajos de remoción comenzaron de inmediato el 11 de septiembre de 2001. Abocados al rescate de sobrevivientes, luego los cuerpos de las víctimas y cualquier elemento que aportara algún dato a la investigación. Durante ocho meses y medio, miles de hombres y mujeres participaron de los trabajos de recuperación y remoción de escombros. Entre ellos bomberos, policías, obreros y voluntarios en turnos de 24 horas. La última pieza de acero estructural se retiró en una ceremonia el 30 de mayo de 2002. Los plazos previstos eran de más de un año, pero el trabajo continuo redujo el tiempo estimado.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional. Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA). Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Luis Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





