
La adicción no afecta solo a una persona. Genera ondas que impactan a todo el hogar e incluso sacuden a varias generaciones. Puede cambiar la forma en que hablas en la cena, la forma en que duermes (o dejas de dormir), la forma en que celebras los días festivos y la forma en que preparas tu corazón cada vez que suena el teléfono.
Cuando luchaba contra la adicción a las drogas en mi adolescencia, mi familia no tenía idea de qué hacer. Sentían que yo les estaba haciendo esto a ellos; que algo andaba mal con nuestra familia y conmigo. Esto causó una inmensa vergüenza y mis padres no buscaron ayuda externa para ellos, aunque intentaron darme la asistencia que yo necesitaba conectándome con tratamientos y asesoría.
Afortunadamente, hoy sabemos que existen métodos basados en evidencia para que las familias puedan apoyar a sus seres queridos que luchan contra las adicciones y, lo que es igual de importante, qué tipo de apoyo existe para la familia en su conjunto. Es parte de la razón por la que abogo como experta en adicciones y escribo libros para ayudar a respaldar a las familias. La adicción es tratable y es una condición común.
Hoy en día, millones de familias en todo el mundo se ven afectadas por la adicción. Millones también se ven impactadas por la recuperación. Sin embargo, a pesar de su prevalencia y de la información disponible en la actualidad, demasiadas personas luchan por saber cómo ayudar y apoyar a sus seres queridos.
Lo que los seres queridos suelen entender mal sobre la adicción:
A continuación se presentan cuatro de las cosas principales que los familiares entienden mal sobre la adicción, seguidas de formas de ayudar a nuestros seres queridos mediante investigaciones y fundamentos bíblicos.
1. “Una vez que renuncien a las drogas, estarán curados”
Cuando ingresé a un tratamiento residencial en mi adolescencia, mis padres pensaron que cuando regresara a casa estaría curada. Todo resuelto de una sola vez. La realidad es que entre el 40% y el 60% de las personas en las primeras etapas de recuperación experimentan una reaparición del consumo o una recaída. Las investigaciones demuestran que puede llevar tiempo lograr la sobriedad y mantenerse así.
La recuperación por lo general incluye la sobriedad, pero también requiere tiempo para aprender nuevas habilidades de afrontamiento, abordar traumas y reconstruir la confianza. Nuestros seres queridos pueden necesitar diferentes enfoques de tratamiento para las adicciones y una variedad de servicios después del tratamiento formal.
2. “No podemos hablar de esto, es demasiado vergonzoso”
Recuerdo que mi madre me dijo que no quería contarle a nadie de la familia sobre mi adicción porque sentía vergüenza. No sabía cómo reaccionaría la gente. Pensó que el silencio nos protegería.
Pero el silencio aísla y puede causar aún más daño a las familias.
Cuando las familias comparten su situación con personas de confianza (incluidos miembros de la iglesia), a menudo descubren lo que la mayoría de nosotros eventualmente aprende: casi todo el mundo conoce a alguien afectado por la adicción. El estigma se siente único, pero el dolor es común.
Lo que es cierto: Las conversaciones seguras y honestas rompen el poder de la vergüenza. Como enseñan las Escrituras: “Por eso, confiesen sus pecados unos a otros, y oren unos por otros para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz” (Santiago 5:16). Cuando vivimos en la luz y las familias comparten sus luchas, la sanidad puede ocurrir.
3. “Si ejercemos un control más estricto, podremos detenerlo”
Cuando la adicción amenaza tu hogar, el control se siente como amor. Revisar teléfonos, rastrear ubicaciones, interrogar historias, administrar el dinero y encubrir las consecuencias.
A veces esas acciones provienen de un temor real y, en ocasiones, aumentan el secreto y el aislamiento.
Lo que es cierto: No puedes controlar a alguien para que sane. Pero sí puedes crear condiciones donde la sanidad sea más probable: seguridad, verdad, límites y apoyo. Podemos tener esperanza, orar y tomar acciones positivas. También podemos confiar en que “El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido” (Salmos 34:18).
4. “Si los apoyamos, los estamos alcahueteando”
Aquí es donde muchas familias entran en pánico. También es aquí donde creo que se ha hecho mucho daño al causar una mayor vergüenza a las familias.
Lo has escuchado durante décadas: “No los ayudes; necesitan tocar fondo”. Ese consejo es arcaico y yo añadiría que es perjudicial. A menudo se transmite como una norma universal y las familias terminan paralizadas por el miedo. También puede llevar a las familias a querer aislarse más porque les preocupa estar haciendo —o dejando de hacer— las cosas incorrectas.
Lo que es cierto: Puedes amar a alguien sin financiar su adicción. Puedes ofrecer compasión sin eliminar todas las consecuencias. Puedes brindar apoyo sin renunciar a tu paz. Nadie necesita tocar fondo antes de ser digno de la gracia que Dios da gratuitamente. “Ante todo, ámense profundamente unos a otros, porque el amor cubre multitud de pecados” (1 Pedro 4:8).
Lo que realmente ayuda
Para muchas personas, las sustancias comenzaron como una solución, una estrategia para afrontar el dolor, el trauma, la ansiedad, la soledad o las luchas no tratadas de salud mental.
Cuando te acercas con curiosidad, no estás “aprobando” la adicción. Abres una puerta a la honestidad y aquí es donde comienza la recuperación. Podemos hacer preguntas abiertas, satisfacer necesidades básicas y tener listas opciones de apoyo para cuando la persona esté preparada.
Sí, la recuperación de la adicción es un asunto familiar. Es a través de la familia que Dios sana a las personas. Él ubica a los solitarios en familias y guía a los aprisionados por la adicción hacia la libertad a través de la comunión (Salmos 68:6). El amor es más fuerte cuando es honesto, sabio y cuenta con apoyo.
Si estás caminando con cautela, dudando de cada palabra, aterrorizado por una recaída o ahogándote mientras intentas salvar a alguien más, escúchame: No estás solo. La sanidad es posible. Y hay pasos sencillos que puedes dar ahora mismo.
Si amas a alguien que lucha contra la adicción:
Elige a una persona de confianza y dile la verdad esta semana.
Escribe un límite que puedas mantener con amor.
Y da un paso hacia el apoyo para ti mismo.
Si estás listo para un camino claro y fundamentado en la fe, lee el nuevo libro de Caroline, aplica la guía y comiencen juntos el viaje hacia la recuperación.
Autora: Caroline Beidler, trabajadora social con maestría (MSW), es autora, conferencista y editora ejecutiva de Recovery.com, donde combina la investigación con conocimientos expertos sobre adicciones y salud mental. Partiendo de su propio proceso de recuperación, es la fundadora de la Women's Recovery Leadership Foundation y ayuda a otros a encontrar sanidad a través de su boletín y pódcast, Circle of Chairs, que llega a miles de personas cada semana. El próximo libro de Caroline, "When You Love Someone in Recovery" (Cuando amas a alguien en recuperación), una guía compasiva y práctica para comprender la adicción y apoyar a los seres queridos en el proceso, sale a la venta en abril de 2026. Vive en el este de Tennessee con su esposo y sus gemelos de siete años.





