
Hace tiempo que la iglesia evangélica, en general, dejó de ser ajena a las discusiones políticas. Las redes sociales son el escenario preferido para poner de manifiesto el pensamiento de miles de cristianos que sienten la necesidad de expresarse en esta materia. Cualquier suceso es celebrado o criticado con el mismo ahínco por evangélicos que han asumido posturas políticas determinadas.
Los acontecimientos de este sábado a la mañana en Venezuela son una muestra de ello, despertando innumerables expresiones en las redes. Voces a favor de la intromisión estadounidense en pos de la liberación del pueblo oprimido venezolano y voces que aún encontraban argumentos para sostener una defensa de la dictadura de Nicolás Maduro. En el medio, la gente, el venezolano de a pie al que poco le preguntaron qué sentía, qué pasaba por su corazón y su mente. Y la pregunta que queda flotando: ¿hasta dónde puede escalar el fanatismo en un cristiano lejano a la realidad de un país distinto, pero que toma posturas tan determinantes en sus redes para atacar o defender regímenes o intromisiones extranjeras como si fueran parte involucrada?
Muchos cristianos que celebran la incursión norteamericana en Venezuela como también quienes defienden la dictadura de Maduro, se expresan a partir de sus ideologías. Eso queda claro al leer cada posteo publicado en ese extenso mar de opiniones que propician Facebook, X, Tik Tok y otras redes.
Pero ¿alguno tiene un amigo o conocido venezolano? ¿Alguien le preguntó a cien, a diez, a cinco o al menos a un venezolano cómo se siente en este momento?
Luego de leer tantos posts cargados de ciegos fanatismos -de un lado y del otro-, solo resta pensar en algo: ¿no le estaríamos faltando el respeto a los venezolanos al opinar en la lejanía y en la comodidad de un sillón y una computadora? ¿Alguien tuvo el atino de consultar a algunos de ellos sobre lo que pasa por su corazón y por su mente estando en el exilio o escondidos en un país gobernado por un tirano?
O, aunque sea por cortesía, preguntar qué futuro visualizan para ellos, sus familias y su pueblo, para luego esgrimir algún comentario más cargado de empatía que de ideología.
Flashback al viejo Egipto
Por supuesto que se celebra la caída de cualquier régimen dictatorial, sea del país que fuere. Por supuesto, también, que se puede discutir las formas. ¿Era necesario una invasión? ¿Fue el último recurso? ¿Fue un mal necesario para la liberación?
Me viene a la mente Moisés, que agotó todos los recursos de diálogo con Faraón para liberar a Israel de la opresión que vivía en Egipto. Luego de eso, vinieron las plagas, que tuvieron como consecuencia la muerte de los primogénitos. ¿Era necesario llegar a eso? ¿Por qué lo permitió Dios? ¿Fue el recurso que quedaba para ablandar, aunque más no sea por un rato, el corazón de Faraón? Podemos seguir especulando, justificando o condenando. Lo cierto es que toda liberación tiene un rasgo de violencia y hasta de daños colaterales.
Cabe aclarar que no avalamos, ni legitimamos, ni justificamos ningún tipo de violencia; solo se plantea un paralelo con un hecho histórico como para alcanzar a entender el uso de los recursos extremos. Mucho menos se quiere establecer una comparación entre Moisés y Trump.
De vuelta a Venezuela
En el medio, siempre queda la sensación de que en lo último que se piensa es en la paz y el bienestar del pueblo venezolano. A la larga, es lo que más importa. Ahora hay que reconstruir, y eso le toca hacer a los propios venezolanos. Y a los que somos gente de fe, pedirle a Dios por la paz en el país que tanto decimos amar desde la comodidad de un teclado. Poco se leyó en esa dirección (hubo, por supuesto, pero muy poco).
Voces autorizadas
Nos quedamos con un puñado de sensaciones de venezolanos repartidos en el mundo, que encontraron en la huida el único modo de perseguir un porvenir para ellos y sus familias.
“La verdad se ve y no se cree; los venezolanos hemos vivido más de 20 años en una situación tan extrema, tan oscura, tan aberrante, que por un momento piensas que la resignación sería tu única vida. Desde la madrugada estamos viendo los acontecimientos en vivo y un sabor amargo es lo que yo particularmente siento. Mis hijos perdieron parte de su infancia, sus amigos, sus primos, sus abuelos. Tuvieron que ir a un país desconocido, sin saber el idioma y adaptarse, sí o sí, para poder sobrevivir, así como en la cadena evolutiva. A eso nos sometió este gobierno. Un sabor amargo recordando todos los muertos inocentes, desarmados durante las protestas pacíficas ejecutadas desde el corazón porque no había comida, por la grave inseguridad que gobernaba. Hoy, la justicia divina rugió como León sobre las hienas que se reían pensando que estaban mandando. Hay un Dios, que nadie lo dude. Hay Justicia.
¡Que viva Venezuela!
¡Que viva Cristo!”
(Alexis Principal, músico y pastor, reside en los Estados Unidos)
“En la madrugada de hoy, 3 de enero, desperté con esa noticia que habían intervenido el país llevándose a Maduro y a su esposa, y en ese instante me sorprendí, le di gracias a Dios. Fueron sentimientos encontrados de alegría, incertidumbre, miedo, pero inmediatamente recordé la palabra de Dios, y sus promesas fueron mis tranquilizantes. Seguimos orando por nuestro país pidiéndole a Dios que se glorifique a través de sus instrumentos y que suceda lo que tenga que suceder. Venezuela está bajo la sombra del Omnipotente”.
(Larry, productor musical, residente en Venezuela)
“Hoy nos despertamos con la noticia que durante años hemos esperado millones de venezolanos, dentro y fuera de Venezuela. Hoy, 3 de enero de 2026, marca el inicio del fin de una dictadura que oprimió al pueblo venezolano y lo llevó al borde de la miseria.
Como venezolana, pido que sigan orando, pues será un proceso fuerte; que compartan noticias de fuentes confiables; y que Venezuela sea una inspiración para los países hundidos en dictaduras y para aquellos que comienzan a coquetear con el izquierdismo.
Mi oración está con todas las familias venezolanas y con los presos políticos. Venezuela libre”.
(Tatihana Pozo Puccini, escritora, reside en los Estados Unidos)
“Fue una sensación de alegría y terror. Todo mi cuerpo temblaba, me puse a clamar a mi Dios pidiéndole que actuara con justicia y verdad.... En ese momentos muchos pensamientos inundaron mi mente pero comencé a pensar en las promesas de Dios que tiene para sus hijos. Llamé a mis seres queridos para ver cómo estaban y todo estaba bien; asustados, pero era lo normal. Doy gracias a Dios por todo, mi esperanza está puesta en Él y se que obrará como sea su voluntad”.
(Lehabim, cantante, residente en Venezuela)
“Es un sentimiento inexplicable el que estamos viviendo desde esta madrugada. Evidenciar la justicia ante tanta impunidad, nos lleva a agradecer a Dios. Oramos por el pueblo venezolano y por la libertad plena. El Señor bendiga al pueblo de Venezuela”.
(Efraín Ocando, periodista, reside en los Estados Unidos)
“Cuando escuché la noticia de la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores, algo dentro de mí se estremeció. Después de más de 20 años en el exilio, y con más de 30 familiares que también tuvieron que huir, fue como si, por un instante, el duelo de tantos años encontrara un respiro. Sentí, por primera vez, una chispa de esperanza. Sentí alegría. Sentí ganas de volver, de venderlo todo y regresar a la tierra que me vio crecer. Siento ganas de ser parte de la historia que reconstruye una nación hecha pedazos; de ser parte de una nueva Venezuela.
El dolor del exilio no se borra, pero hoy la ilusión despertó. Y creo, con el corazón, que Dios no ha terminado su obra en nuestra nación. Finalmente, la justicia divina ha llegado… y ha llegado para quedarse.
Te amo, Venezuela. Te amo libre y soberana”.
(Virginia Ferrer, empresaria, reside en México).
“La primera sensación es de mucha emoción y felicidad. La diáspora está en un limbo pero un sentir de libertad y esperanza nos acompaña por ahora. Que se haga justicia es un motivo de celebración, pero aún falta que caiga el régimen”.
(Carlos Páez, periodista exiliado).
Nota del autor: Los apellidos de quienes testimoniaron sus vivencias y residen en Venezuela fueron resguardados por cuestiones de seguridad.





