Galán, traidor. Ni con la vida ni con los cristianos se juega

Carlos Fernando Galán, alcalde mayor de Bogotá
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La política, cuando carece de principios, se convierte en la más sucia de las traiciones. Y lo que ha hecho Carlos Fernando Galán, alcalde mayor de Bogotá, al objetar el Proyecto de Acuerdo 340 de 2026 es una puñalada por la espalda a la vida y a quienes confiaron en su palabra. Hace apenas un par de semanas, el Concejo de Bogotá, en un ejercicio de conciencia y responsabilidad, aprobó la "Ruta por la Vida". Una iniciativa que, sin maquillaje ni eufemismos, buscaba tenderle la mano a la mujer con embarazo en crisis, ofreciéndole alternativas reales al aborto.

Esto era, nada más y nada menos, el cumplimiento de un mandato de la propia Corte Constitucional, que ha sido clara al ordenar formular políticas de apoyo a la mujer en esta situación, dándole opciones. Pero Galán dijo "no". Galán eligió cerrar la puerta a la esperanza y abrirla de par en par a la cultura de la muerte.

Al objetar este proyecto, el alcalde no solo está ignorando la protección del inocente por nacer; se está prestando activamente a las agendas globalistas y progresistas que tienen como único fin la promoción del aborto como método de "salud pública". Es la confirmación de lo que muchos sabíamos, los políticos de centro, esa especie que prolifera en nuestros estamentos, son tibios. No tienen posturas claras, solo tienen conveniencias. Su brújula moral gira según sople el viento de la popularidad o de los poderes fácticos.

Pero hay algo más grave, algo que duele en el alma de muchos creyentes: la ingratitud. Galán le da la espalda a los políticos cristianos y a las bases evangélicas y católicas que lo apoyaron decididamente en su campaña a la alcaldía. Fueron voces cristianas las que lo ayudaron a llegar, las que pidieron el voto para él confiando en que habría un respeto mínimo a los valores de la familia y la vida. Hoy, esos aliados son desechados como papel usado. Es una vergüenza.

A los cristianos es mejor tenernos de amigos que de enemigos. Cuando un político nos usa para llegar al poder y luego, por conveniencia, nos bota, está cometiendo un error estratégico y moral. Esto nos invita a una profunda reflexión: ¿tanto vale la pena hacerle campaña a políticos no cristianos? La historia se repite. Nos necesitan para los votos, pero nos ignoran para las decisiones.

El Proyecto 340 era una oportunidad de oro para no seguir derramando sangre inocente a litros en nuestra ciudad. Era un gesto de humanidad. Pero Galán eligió otro camino. Eligió prestarse al negocio de entidades como Profamilia, Oriéntame y otras que ven en el aborto una industria y no una tragedia. Eligieron la ideología sobre la compasión.

Sin embargo, la historia es larga y la justicia divina también. Un día, nosotros tendremos ese poder. Llegará el día en que cristianos comprometidos con la vida ocupen la alcaldía, la presidencia y los más altos estamentos del país. Y entonces, las cosas serán diferentes. Entonces, ni la vida ni la fe serán moneda de cambio. Pero hasta ese día, que quede claro: con los cristianos y con la vida, no se juega. Sr. Alcalde, la cuenta de esto no se paga en las urnas, se paga en la conciencia y en la historia.

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