
TUXTLA GUTIÉRREZ- La noche del 31 de enero quedará marcada como un nuevo episodio de sangre en la larga historia de tensiones por la libertad de culto en la región de Los Altos de Chiapas. Un grupo de fieles de la iglesia evangélica “Agua Viva” fue víctima de una emboscada violenta en la cabecera municipal de Chanal, un hecho que ha reavivado el temor y la exigencia de justicia entre las minorías religiosas del estado.
En una conferencia de prensa realizada en la capital chiapaneca, las víctimas, acompañadas por su asesora jurídica, rompieron el silencio para narrar los hechos y exigir una investigación pronta y expedita. Con la voz entrecortada y el cuerpo aún resentido por los golpes, uno de los afectados relató cómo la celebración de su fe se convirtió en una pesadilla.
Según la denuncia presentada ante el Ministerio Público, los hechos ocurrieron alrededor de las 19:30 horas, cuando el ahora denunciante regresaba a su comunidad tras imprimir invitaciones para una próxima campaña evangélica. Al pasar por un tramo complicado del camino, marcado por un tope y un bache, fue interceptado.
"Íbamos en paz, realizando una labor religiosa. Al pasar por ese lugar, Alfredo Núñez Gómez nos estaba esperando. Sin mediar palabra, nos agredieron. Me aventaron una botella y al disminuir la velocidad, él, junto con su hijo, su yerno y su esposa, nos golpearon", declaró el afectado, quien logró huir momentos después para pedir auxilio a Alfredo López Hernández, testigo de una parte de la agresión.
En la carpeta de investigación, que ya cuenta con dictámenes médicos, testimonios y audios, también se señala como presunto responsable a Marciano Gómez López, presunto líder de los agresores.
El saldo oficial es de cinco personas lesionadas: tres mujeres y dos hombres. Entre ellos, la situación más crítica es la de un pastor, quien se debate entre la vida y la muerte debido a la gravedad de los golpes recibidos. Una de las mujeres agredidas resultó herida precisamente cuando intentaba defender a su esposo de la golpiza.
"Lo que más nos duele no son solo los golpes, es la impunidad. En Chanal, profesar una religión distinta a la tradicional nos convierte en blanco", expresó uno de los denunciantes, visiblemente consternado. Las víctimas manifestaron su temor no solo por su integridad física, sino por la de sus familias y compañeros del gremio transportista, muchos de los cuales han sido testigos silenciosos de la creciente hostilidad.
Ante este panorama, los quejosos hicieron un llamado directo y enérgico al fiscal general del estado, Jorge Luis Llaven Abarca. La exigencia es clara: que la Fiscalía General del Estado (FGE) intervenga de fondo en la investigación, se conduzca con apego a la legalidad y se deslinden responsabilidades, sin favoritismos ni impunidad.
"Nosotros no estamos condenando a nadie de manera anticipada, solo queremos que se esclarezca lo ocurrido y que se aplique la ley. La respuesta de las autoridades será determinante para saber si en Chiapas hay justicia pareja o si ciertas personas tienen derecho a golpear y amedrentar solo por nuestras creencias", sentenció la asesora jurídica del grupo.
Este nuevo caso de intolerancia religiosa en Chanal, un municipio mayoritariamente católico y de fuertes usos y costumbres, enciende las alarmas internacionales sobre la fragilidad de la libertad de culto en las regiones indígenas de México. Mientras las víctimas esperan justicia, la comunidad evangélica de Los Altos de Chiapas permanece en vilo, preguntándose si el próximo en ser atacado podría ser cualquiera de ellos.





