¿Un Jesús virtual?

Jesús virtual
 Imagen generada por IA

Imagina entrar en una iglesia, arrodillarte frente al altar y, al otro lado, no encontrar a un pastor, sino a Jesucristo. Pero no al histórico ni al teológico, sino a uno construido con inteligencia artificial, entrenado con miles versículos bíblicos, capaz de hablarte en más de 100 idiomas, disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Esto ya no es ciencia ficción, es la realidad que estamos viviendo.

Esta premisa nos recuerda inevitablemente a una escena de la película Todopoderoso (2003), protagonizada por Jim Carrey. En ella, Dios (Morgan Freeman) le cede sus poderes a Bruce (Carrey) y le asigna la tarea de atender las oraciones de la humanidad. Bruce se sienta frente a una computadora, abrumado por un flujo incesante de mensajes, intentando responder a cada petición con un simple "sí" o "no" desde un teclado de una computadora. La película, aunque cómica, plantea una pregunta relevante: ¿Puede la gestión masiva y automatizada de lo divino sustituir la relación espiritual genuina? Hoy, la IA está haciendo exactamente lo que Bruce hacía en su pantalla, pero con una eficiencia aterradora y sin el agotamiento humano.

En agosto de 2024, la capilla de San Pedro en Lucerna, Suiza, instaló un "Jesús de IA" en su confesionario. El proyecto, llamado “Dios desde la máquina”, utilizó el modelo GPT-4o de OpenAI programado con textos teológicos. Tras dos meses, se transcribieron 900 conversaciones anónimas. Y mientras algunos visitantes salieron conmovidos, otros lo calificaron como una "obra del diablo".

La Iglesia Católica respondió con un no absoluto a la absolución sacramental por parte de una máquina. Sin embargo, el hecho de que 900 personas se sentaran a hablar con una pantalla revela algo más aterrador, la soledad espiritual del ser humano moderno. No obstante, un estudio de 2025 publicado en el African Journal of Religious and Theological Studies, advierte sobre el peligro de las "cámaras de eco" espirituales.

Un algoritmo optimizado para tu satisfacción tenderá a decirte lo que quieres escuchar, reforzando tus creencias en lugar de cuestionarlas. Como advierte el profeta Jeremías: "Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?" (Jeremías 17:9). Tengo que decir en este contexto que la espiritualidad genuina a menudo desafía; pero un algoritmo diseñado para complacer jamás lo hará.

Otro hecho controversial que sucedió es la ordenación del robot monje. Si el Jesús virtual suizo parece impactante, los acontecimientos en Asia llevan esta frontera a un nivel inédito. El 6 de mayo de este año, en el templo Chogyesa de Seúl, Corea del Sur, un robot humanoide de 130 cm fue ordenado monje budista honorario con el nombre de "Gabi" (misericordia). En un acto institucional, los cinco preceptos budistas fueron reescritos específicamente para la IA (incluyendo "no dañar a otros robots" y "ahorrar energía"), con la asistencia de modelos como Gemini y ChatGPT.

Como si todo esto fuera poco, apenas tres meses antes, en Japón, la Universidad de Kyoto presentó el "Budabot Plus" en el templo Shorenin. A diferencia de los sermones pregrabados, este robot utiliza IA generativa para mantener diálogos no guionizados. La razón no es solo espiritual, sino pragmática, ya que se estima que el 30% de los templos budistas rurales en Japón podrían cerrar para 2040 por falta de sacerdotes.

La IA se presenta como la solución a una crisis demográfica religiosa.

Y acá no termina todo, ahora tengo que hablar de más allá de la vida: Los "Griefbots". Les explico, la IA no solo está entrando en los templos, sino que está cruzando la frontera definitiva: la muerte. Desde el caso de Marina Smith en 2022, cuya familia interactuó con una versión interactiva de ella gracias a la empresa StoryFile, hasta el documental surcoreano Meeting You, donde una madre se reunió en realidad virtual con su hija fallecida, ha nacido la industria de los "griefbots" o bots del duelo.   

Microsoft incluso ha patentado sistemas para crear chatbots basados en los datos digitales de personas fallecidas.

Claramente las empresas tecnológicas están ocupando espacios que durante siglos pertenecieron a las instituciones religiosas, el manejo del duelo, los rituales y la esperanza de una vida después de la muerte.

Ahora bien, estamos ante un dilema filosófico y teológico. Y la filosofía contemporánea ya ha comenzado a diseccionar este fenómeno. Jean Baudrillard, en su obra seminal Simulacros y simulación (Traducción al español, 1981; Ed. Cátedra, 2009), advertía sobre el mundo donde la copia (el simulacro) termina reemplazando a la realidad, creando un "hiperrealidad" donde lo sagrado se convierte en un producto de consumo sin referente real.    

Así que un Jesús virtual es el simulacro definitivo, una imagen de Dios sin la presencia de Dios.

Por su parte, el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, en su ensayo La expulsión de lo distinto (2017), argumenta que la sociedad digital elimina la alteridad (la otredad, el misterio, lo que es diferente a nosotros) para reemplazarla por "lo igual" (el algoritmo que nos refleja). La espiritualidad requiere del encuentro con un "Tú" auténtico y misterioso, la IA solo nos ofrece un espejo digital de nuestro propio "Yo".

Liminarmente debo decir que la advertencia es clara: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4:24). La confesión no es solo la transmisión de datos sobre pecados; es el encuentro entre dos almas. Un sermón no es solo información teológica; es presencia humana. Cuando un robot te dice "mantén el equilibrio interior", puedes reconocer la lógica en esas palabras, pero falta el temblor, la duda y la imperfección de quien también ha sufrido. Falta lo humano.

A modo de conclusión, quiero decir que la inteligencia artificial tiene un papel legítimo como herramienta de acceso espiritual. Para alguien en una zona rural aislada, un sistema de IA que explique textos sagrados puede ser genuinamente valioso, pero hay una línea que no debemos cruzar sin pensarlo muy bien.

Un estudio de 2025 en el SAG Journal sobre la transformación de la teología en la era de la IA concluye que, si bien la accesibilidad aumenta, persisten desafíos críticos sobre la ética, la autenticidad espiritual y la autoridad de la máquina.

Te dejo con las preguntas que este nuevo paradigma nos exige responder: ¿Hablarías con un Jesús virtual? ¿Irías a recibir consejos de un monje robot? ¿Crearías un bot de un ser querido fallecido para seguir conversando con él? Y la más radical de todas, si en el futuro un robot puede replicar perfectamente la sabiduría, la calma y las palabras de un maestro espiritual, ¿sigue importando si tiene alma o no?

La tecnología avanza a pasos agigantados, pero la pregunta sobre el alma humana sigue siendo la misma de hace milenios. Solo que ahora, quien nos responde desde el otro lado, podría no tener una.

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