
Hay canciones que nos recuerdan que existen cosas que el tiempo y la distancia no pueden borrar. Una de ellas es Goral Echad, interpretada por la cantante israelí Ofra Haza. Su título significa "Un solo destino" y expresa el vínculo que permanece entre un pueblo y su tierra, aun cuando las circunstancias lo llevan lejos de ella.
La canción apareció en 1984, en el espectáculo infantil Malka HaKsamim, y posteriormente formó parte del álbum Adama (Tierra), publicado en 1985. Su letra fue escrita por Tzafnat Yaron-Levi y la música compuesta por Shem Tov Levi. La experiencia de sus creadores, relacionada con una estancia en Estados Unidos y la posibilidad de emigrar, ayuda a comprender el sentimiento que transmite: la dificultad de dejar atrás las propias raíces.
No nació como una canción sobre la guerra actual ni como una declaración política. Es una expresión cultural de identidad y pertenencia. Sin embargo, hoy nos permite reflexionar sobre el pueblo judío, su historia y su relación con la Tierra de Israel.
Durante siglos, muchas comunidades judías vivieron dispersas por el mundo, pero conservaron sus tradiciones y la memoria de Jerusalén. La distancia no borró ese vínculo. Para nosotros, los cristianos de Costa Rica, esta historia también tiene un significado especial: nos invita a recordar las raíces bíblicas de nuestra fe.
Una fe con raíces
En Génesis 12 encontramos el llamado de Dios a Abraham y la promesa de que por medio de él serían benditas todas las familias de la tierra. En Génesis 15 y 17 se desarrolla el pacto con Abraham, mientras que en otros pasajes encontramos el pacto con Israel en el Sinaí, las promesas hechas a David y la esperanza del nuevo pacto anunciada por los profetas.
Durante siglos, muchas comunidades judías vivieron dispersas por el mundo, pero conservaron sus tradiciones y la memoria de Jerusalén.
Estos pactos tienen significados propios dentro de la historia bíblica. Para los cristianos que reconocemos la continuidad de las promesas de Dios a Israel, constituyen una razón importante para conocer su historia, orar por su pueblo y mantener una relación de respeto y solidaridad.
Jesús nació en el seno del pueblo judío, y las Escrituras de Israel forman parte esencial de nuestra herencia espiritual. En Romanos 11, Pablo utiliza la imagen de un olivo para explicar la relación entre Israel y quienes, procedentes de las naciones, han sido incorporados por la fe. También advierte que no debemos sentirnos superiores ni jactarnos frente a las ramas naturales.
Esta enseñanza debería llevarnos a la humildad. No podemos hablar del amor de Dios y, al mismo tiempo, alimentar el desprecio hacia el pueblo judío.
La canción de Ofra Haza no es una enseñanza bíblica, pero su mensaje sobre las raíces y la pertenencia nos recuerda que hay historias que no debemos olvidar.
Israel es mucho más que las noticias
Cuando escuchamos hablar de Israel, muchas veces pensamos primero en la guerra y los conflictos. El 7 de octubre de 2023 dejó una profunda herida en la sociedad israelí por los asesinatos y secuestros cometidos durante los ataques de Hamás. Después, la guerra en Gaza también ha provocado un enorme sufrimiento entre la población palestina.
Reconocer el dolor de los civiles palestinos no disminuye nuestro amor por Israel, ni nos obliga a olvidar a las víctimas israelíes. Podemos defender el derecho de Israel a vivir con seguridad y, al mismo tiempo, orar por todas las personas que sufren.
La canción de Ofra Haza no es una enseñanza bíblica, pero su mensaje sobre las raíces y la pertenencia nos recuerda que hay historias que no debemos olvidar.
Israel es mucho más que las decisiones de sus gobernantes o las imágenes que vemos en los noticieros. Es un pueblo con una historia milenaria, familias, tradiciones y una identidad que ha permanecido viva a través de los siglos.
Por eso, nuestro acercamiento a Israel no debería depender únicamente de los acontecimientos políticos o militares. También debe nacer de nuestras convicciones bíblicas, del deseo de conocer mejor al pueblo judío y de la voluntad de fortalecer los lazos que nos unen.
¿Qué podemos hacer desde Costa Rica?
La respuesta comienza con algo que está al alcance de todos: orar.
El Salmo 122:6 nos invita: "Pedid por la paz de Jerusalén". No deberíamos recordar estas palabras solamente cuando las noticias son difíciles. Oremos por las familias israelíes, por la protección de sus habitantes, por la sabiduría de sus autoridades y por una paz que permita a las nuevas generaciones crecer sin miedo.
También podemos aprender sobre las fiestas bíblicas, conocer la historia del pueblo judío, acercarnos a las comunidades judías de Costa Rica y promover espacios de encuentro entre cristianos y judíos.
Como director nacional de la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén en Costa Rica, considero importante seguir fortaleciendo estos vínculos. No se trata de ignorar nuestras diferencias religiosas ni de estar de acuerdo con cada decisión política. Se trata de construir una relación de amistad basada en el respeto, el conocimiento y la solidaridad.
Apoyar a Israel desde nuestra fe significa también rechazar el antisemitismo y enseñar a las nuevas generaciones a conocer la historia judía sin prejuicios. Nuestra oración no debería depender de quién gobierna ni de la atención que los medios prestan al conflicto. Si nace de una convicción profunda, debe permanecer viva también cuando las noticias cambian.
Apoyar a Israel desde nuestra fe significa también rechazar el antisemitismo y enseñar a las nuevas generaciones a conocer la historia judía sin prejuicios.
Un solo destino, una esperanza que permanece
Al volver a escuchar Goral Echad, pienso en quienes vivieron lejos de Israel, pero nunca dejaron de sentir que una parte de su corazón permanecía allí.
Como cristianos costarricenses, tenemos la oportunidad de mantener viva la oración por Israel, conocer mejor las promesas bíblicas y acercarnos al pueblo judío con respeto y amistad. No podemos resolver desde Costa Rica todos los problemas de Medio Oriente, pero sí podemos decidir cómo responder: con indiferencia y prejuicios, o con oración, solidaridad y esperanza.
No tenemos que escoger entre amar a Israel y desear la paz. Podemos defender su derecho a vivir con seguridad, recordar a las víctimas y orar por todos los que sufren, sin renunciar a nuestras convicciones.
Sigamos orando por Israel. Sigamos acercándonos al pueblo judío. Y no olvidemos que conocer las raíces de nuestra fe también nos ayuda a comprender mejor aquello en lo que creemos.
Autor: Mauricio Bolaños Barrantes es un diseñador gráfico costarricense, casado, y actualmente labora en la Universidad de Costa Rica, donde combina su creatividad con el servicio institucional. Paralelamente, se desempeña como Director Nacional para la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén (ICEJ) en Costa Rica. Desde esta función, lidera iniciativas de apoyo y solidaridad con el Estado de Israel, trabajando en colaboración con la Embajada de Israel y promoviendo valores de fe, reconciliación y unidad entre naciones desde una perspectiva cristiana.
Le puede escribir a: ecij44@gmail.com





