Costa Rica e Israel: ¿debemos rechazar un TLC antes de conocerlo?

Costa Rica e Israel
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Hay temas que, apenas se mencionan, provocan posiciones encontradas. El Tratado de Libre Comercio entre Costa Rica e Israel es uno de ellos. Para unos representa una oportunidad comercial y tecnológica que el país debería aprovechar. Para otros, la relación con Israel es razón suficiente para rechazarlo.

En medio de estas posiciones creo que vale la pena hacer una pausa y plantearnos una pregunta sencilla: ¿hemos estudiado realmente el tratado o estamos decidiendo nuestra posición a partir de lo que pensamos sobre Israel?

Un tratado comercial no significa estar de acuerdo con todo lo que hace un gobierno. Significa establecer reglas para que dos países puedan comerciar, invertir y cooperar en determinadas áreas. Costa Rica puede mantener sus posiciones en política internacional, expresar sus desacuerdos y, al mismo tiempo, mantener relaciones comerciales con otros países. Eso también forma parte de una política exterior independiente.

Un tratado comercial no significa estar de acuerdo con todo lo que hace un gobierno.

Israel es un país pequeño en territorio y población, pero tiene una capacidad tecnológica que difícilmente puede ignorarse. Agricultura de precisión, manejo del agua, innovación, ciberseguridad, biotecnología y dispositivos médicos son algunos de los campos en los que ha desarrollado conocimientos que pueden resultar de interés para Costa Rica.

Costa Rica también tiene mucho que ofrecer: talento humano, estabilidad, experiencia en manufactura avanzada, servicios, dispositivos médicos y una ubicación privilegiada en Centroamérica. Por eso, cuando hablamos de una relación comercial con Israel, la pregunta no debería limitarse a cuánto podemos venderle. También deberíamos preguntarnos qué podemos aprender y qué podemos desarrollar juntos.

Un acuerdo de este tipo puede abrir puertas para la inversión, la capacitación, la investigación y la transferencia de conocimientos. Pero esas oportunidades necesitan personas y empresas preparadas para aprovecharlas.

Costa Rica tiene instituciones y programas que pueden apoyar a las pequeñas empresas, capacitar trabajadores, promover la innovación y acercar las universidades al sector productivo. Si esos esfuerzos se orientan también hacia las oportunidades que ofrece Israel, el tratado puede convertirse en algo más que un acuerdo de comercio.

Puede convertirse en una oportunidad para aprender, innovar y generar nuevas posibilidades para los costarricenses.

Por eso considero importante que la relación sea de beneficio mutuo. Costa Rica puede ofrecer talento, producción, servicios y estabilidad; Israel puede aportar experiencia, tecnología, innovación e inversión. Cuando ambas partes ponen sus fortalezas sobre la mesa, el comercio puede convertirse también en una forma de cooperación.

Uno de los argumentos que más se escucha entre quienes se oponen al tratado es que Israel es un “Estado genocida”. Las situaciones que ocurren en Medio Oriente son dolorosas y no deberían ser tomadas a la ligera. La vida de civiles, sean israelíes o palestinos, merece respeto y protección.

Bendecir también puede significar cooperar.

Pero una acusación no debería convertirse, por sí sola, en la razón para rechazar un tratado comercial. Podemos tener posiciones firmes sobre el conflicto y, al mismo tiempo, estudiar el acuerdo que Costa Rica está considerando. Podemos cuestionar decisiones de un gobierno sin convertir ese cuestionamiento en un rechazo automático hacia todo un país.

Al final, la pregunta debería ser mucho más sencilla: ¿qué contiene el tratado y qué puede significar para Costa Rica?

El conflicto actual no puede ignorarse, pero tampoco podemos reducir a Israel únicamente a lo que ocurre en Gaza. Costa Rica mantiene relaciones diplomáticas con Israel desde hace décadas y ha desarrollado cooperación en agricultura, educación, ciencia y tecnología. Mantener una relación comercial tampoco significa aprobar cada decisión del Gobierno israelí. Costa Rica puede tener relaciones con otros países y, al mismo tiempo, mantener sus propias posiciones.

Para quienes somos cristianos existe, además, una razón particular para mirar a Israel con interés y respeto. La historia bíblica está profundamente relacionada con ese pueblo y esa tierra. Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, David, los profetas, los apóstoles y Jesús forman parte de una historia que los cristianos reconocemos como propia.

En Génesis 12 encontramos la promesa hecha a Abraham: “Bendeciré a los que te bendijeren”. No creo que este pasaje deba utilizarse para decir que un cristiano está obligado a apoyar un tratado comercial. La Biblia no da una instrucción de ese tipo a Costa Rica. Pero sí creo que un cristiano puede reconocer el lugar que Israel ocupa en la historia bíblica y expresar esa convicción mediante amistad, respeto y cooperación.

Pablo, en Romanos 11, hace una advertencia muy seria a los creyentes provenientes de las naciones: “No te jactes contra las ramas”. Para mí, ese mensaje sigue siendo relevante. Nos recuerda que la relación de la Iglesia con Israel no debería estar marcada por el desprecio ni por la arrogancia. Eso tampoco significa aprobar todo lo que haga un Gobierno israelí. Significa poder defender a Israel y, al mismo tiempo, mantener la capacidad de pensar, preguntar y discrepar.

Quizá aquí es donde la convicción cristiana puede encontrarse con el interés nacional. Bendecir también puede significar cooperar.

Antes de juzgar, escuchar. Y antes de levantar muros, preguntarnos si todavía podemos construir puentes.

Costa Rica puede encontrar en Israel conocimientos y tecnologías que pueden ser útiles para la agricultura, el manejo del agua, la salud y la innovación. Israel puede encontrar en Costa Rica un socio estable, talento humano y una puerta hacia la región. Las empresas pueden encontrar oportunidades, las universidades pueden desarrollar proyectos conjuntos y los jóvenes pueden acceder a nuevos conocimientos.

Al final, un tratado comercial debería importar por lo que puede representar para las personas. Una pequeña empresa que consigue un nuevo mercado. Un productor que puede mejorar su producción gracias a una nueva tecnología. Un estudiante que encuentra una oportunidad de capacitación. Una universidad que desarrolla una investigación junto con una institución israelí. Ahí es donde las cifras de comercio comienzan a tener rostro humano.

Por supuesto, apoyar una relación más profunda con Israel no significa poner los intereses de Israel por encima de los de Costa Rica. Todo lo contrario. Debemos preguntarnos qué gana nuestro país: nuevos mercados, inversión, empleos calificados, tecnología, oportunidades para las pequeñas empresas y posibilidades de innovación. Y también debemos estar atentos a cómo se implementará el tratado y a que sus beneficios lleguen a distintos sectores de nuestra sociedad.

Apoyar el TLC no significa darle un cheque en blanco al Gobierno. Significa reconocer una oportunidad y pedir que esa oportunidad se convierta en resultados.

Como cristiano, veo en Israel una nación con un significado particular dentro de la historia bíblica. Como costarricense, veo también la posibilidad de que Israel sea un socio importante para nuestro desarrollo. No encuentro contradicción entre ambas cosas.

Costa Rica puede defender sus intereses, mantener una política exterior independiente y preocuparse por la paz y la vida humana, mientras construye relaciones comerciales y de cooperación con otros países.

Por eso creo que el debate sobre el TLC merece algo más que consignas a favor o en contra de Israel. Merece que lo conozcamos, que leamos lo que realmente propone y que nos preguntemos qué puede aportar a nuestro país.

Quizá esa sea la conversación que necesitamos: no decidir primero si estamos a favor o en contra de Israel, sino preguntarnos qué relación queremos construir con Israel y qué puede significar esa relación para Costa Rica.

Porque antes de rechazar una oportunidad, vale la pena conocerla. Antes de juzgar, escuchar. Y antes de levantar muros, preguntarnos si todavía podemos construir puentes.


Autor: Mauricio Bolaños Barrantes es un diseñador gráfico costarricense, casado, y actualmente labora en la Universidad de Costa Rica, donde combina su creatividad con el servicio institucional. Paralelamente, se desempeña como Director Nacional para la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén (ICEJ) en Costa Rica. Desde esta función, lidera iniciativas de apoyo y solidaridad con el Estado de Israel, trabajando en colaboración con la Embajada de Israel y promoviendo valores de fe, reconciliación y unidad entre naciones desde una perspectiva cristiana.

Le puede escribir a: ecij44@gmail.com

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