
En los últimos días, Argentina registró una serie de amenazas de tiroteos en establecimientos educativos que encendieron las alarmas en distintas provincias. El fenómeno, que ya derivó en allanamientos, detenciones y la activación de protocolos de emergencia, muestra una problemática compleja que no puede reducirse a episodios aislados ni a explicaciones simplistas.
Según informó Infobae, se detectó una “oleada” de intimidaciones que obligó a suspender clases y desplegar operativos de seguridad en varias jurisdicciones. Las autoridades confirmaron que muchas de estas amenazas se difundieron a través de redes sociales, lo que amplificó el temor en comunidades educativas enteras.
Por su parte, el diario La Nación recogió testimonios de familias y estudiantes que describen un clima de angustia persistente. “No podés dejar de pensarlo”, expresó una madre, reflejando el impacto psicológico que trasciende incluso cuando las amenazas no se concretan.
Una violencia que no comienza con el arma
Especialistas consultados por Diario Cristiano coinciden en que estos episodios no surgen de manera espontánea. La docente y directiva escolar Viviana Álvarez Velasco advierte que “resulta ilusorio pretender abordar una problemática de esta complejidad de manera esporádica o reactiva”.
En ese sentido, agrega que el abordaje “debe comenzar por aquellas situaciones que a menudo se minimizan o naturalizan” como lo son los “gritos, empujones, peleas entre grupos, burlas o insultos”.
Para la directiva, estas conductas “constituyen el terreno donde la violencia se aprende, se reproduce y, en muchos casos, escala hacia formas mucho más graves”.
Álvarez Velasco también remarca el carácter colectivo del problema. “Nadie enseña ni educa en soledad. La escuela es, ante todo, un espacio social y socializador”, señaló.
Y advierte sobre el límite institucional. “Pretender que la escuela resuelva, por sí sola, situaciones tan complejas no solo es injusto sino también insuficiente”, afirmó.
Además, introduce una dimensión que excede lo pedagógico. “Las formas más extremas de violencia no solo son tragedias sociales, sino también delitos”, subrayó, al recordar que estos hechos tienen consecuencias penales en Argentina.
Docentes frente a lo impensado
Las amenazas no solo generan miedo en los estudiantes. También exponen la vulnerabilidad del cuerpo docente.
Álvarez Velasco lo reconoce sin rodeos al responder si se encuentra preparada para una situación semejante. “En cuanto a si estoy preparada para enfrentar una amenaza de este tipo, la respuesta es no. Y creo que difícilmente algún docente lo esté”.
Desde su experiencia cotidiana, describe señales de alerta tempranas. “En más de una ocasión, fue necesario conversar con las familias para que revisaran qué llevaban los chicos en sus mochilas [bolsas o morrales]”, cuenta.
Y agrega que es “frecuente que aparezcan dibujos de armas… que luego se incorporan a sus juegos”.
“Nadie está preparado para ir a morir a la escuela” - Rocío Guerrero
La docente Rocío Guerrero, por su parte, confirma que estas amenazas ya llegaron a las escuelas. “En uno de los colegios donde trabajo llegó la amenaza y se activó el protocolo vigente”, en el contexto de un miércoles y jueves donde llovieron amenazas en todo el país. Sin embargo, advierte sobre la falta de preparación. “Nadie está preparado para ir a morir a la escuela”, dijo con una contundencia que deja sin aire a cualquiera.
Además suma una crítica estructural. “No hay ninguna bajada a las escuelas o docentes de qué hacer ante una situación así”, aseguró.
Esa falta de lineamientos claros se traduce en respuestas improvisadas. “Imagino que uno actuaría por lógica… tirarse al piso y demás, pero no hay un procedimiento claro”, explicó, evidenciando la vulnerabilidad en la que quedan los docentes ante un escenario extremo.
Redes sociales y conductas extremas
Uno de los factores más repetidos en los testimonios es la influencia del entorno digital. Guerrero describe situaciones concretas. “Hace aproximadamente dos meses un grupo de niños organizó mediante WhatsApp un ataque masivo a su escuela por diversión”, contó. Según su relato estas situaciones se llevan a cabo con una cuasi naturalidad que espanta. También relató otro caso alarmante sucedido recientemente. “En febrero una nena de 5to grado agarró el arma del padre y fue a la escuela a amenazar a una maestra”.
Según Guerrero hay un elemento clave y es que “los adolescentes están solos durante horas a la exposición de redes y medios… los retos virales son masivos”. La falta de tutela real de adultos en las familias y posteriormente, la imposibilidad de tutela escolar agrava la situación y la exacerba de manera exponencial.
“hay que trabajar las cuestiones de los retos virales en TikTok… un docente no puede estar ajeno a estas situaciones” - Pablo Pedrazza
En ese sentido el docente Pablo Pedrazza coincide en este diagnóstico. Él sugiere que “hay que trabajar las cuestiones de los retos virales en TikTok… un docente no puede estar ajeno a estas situaciones”. Aunque el contexto social no acompaña tal dedicación, en su diálogo se desprende una pasión por acompañar en el crecimiento y buen desarrollo de sus alumnos, a quienes conoce muy bien. Por ello advierte sobre la desconexión con la realidad que los menores tienen o viven. “Una cosa es el mundo real y otra cosa es el Fortnite… si jugás Fortnite en la vida real, dos tiros y se acabó el juego”, le repite a sus educandos.
Límites, sanciones y responsabilidad adulta
Los entrevistados coinciden en que la problemática excede el ámbito escolar. Guerrero plantea con claridad que “no se puede reducir estas situaciones solo a una cuestión vincular buena o mala con un compañero”. Y apunta al entorno familiar. “Si un alumno viene con un arma… hay una familia ausente e irresponsable que deja un arma de fuego al alcance de un menor”.
Además, cuestiona la falta de herramientas institucionales. “No hay más sanciones escolares… entonces se pretende que con la inmadurez de un adolescente comprenda por sí mismo que algo está mal”, indicó.
Asimismo advierte sobre limitaciones concretas en la prevención. “No se pueden revisar mochilas”, algo que ya habí dicho Álvarez Velasco. Esta situación, sin duda, dificulta detectar situaciones de riesgo antes de que ingresen al aula. “No es lo mismo detectar un arma en la entrada que cuando ya la sacó”, remarcó.
Pedrazza refuerza esta idea también al manifestar que hay pocos límites. "En la escuela hay pocos límites y en las familias hay pocos límites”. Y agrega que “cuando no hay límite, el pibe rompe los acuerdos de convivencia, rompe la ley”. También advierte sobre la falta de consecuencias. “Un estudiante puede decir ‘no quiero’ y no lo hace… y no hay consecuencias en eso”, dice.
A esto se suma un factor estructural muchas veces invisibilizado: la salud mental. Guerrero advierte sobre “estudiantes sin tratamiento psicológico o psiquiátrico y familias que también carecen de acompañamiento”, lo que agrava escenarios de riesgo y deja a la escuela con herramientas limitadas para intervenir.
Escuelas desbordadas y contención emocional
La licenciada en Gestión Educativa, Ángeles Reinwald pone el foco en el impacto emocional y social. “Ante toda situación extrema, lo primero es la contención”, apuntó.
Pero abre un interrogante clave: “¿Quién contiene al que contiene también?” Desde su mirada, la escuela está sobrecargada. “Es el último bastión que contiene… pero su función primaria es enseñar”, confirmó.
Y describe el contexto social bajo la existencia de “un círculo de violencia que la escuela no puede resolver sola”. Que recarga el impacto posterior. “Hay una herida que deja el miedo… no solo en los que participaron, sino en las familias”, advierte.
También señala la necesidad de procesos de reparación incluyen la inclusión de “rituales de duelo donde la gente pueda despedirse de las víctimas”.
Incluso, plantea una mirada más amplia sobre estos hechos: “El victimario también puede ser una víctima… de manipulación o del contexto en el que vive”, advirtió, incorporando una dimensión que complejiza el análisis sin quitar gravedad a los hechos.
El valor de la vida y el daño irreversible
Pedrazza introduce un enfoque pedagógico centrado en las consecuencias. “Hay que hacer entender lo que es el valor de la vida”, sostiene. Para él la propuesta pasa por trabajar desde el impacto humano. “Pensemos qué perdió ese que no está más… y qué perdieron los familiares”. En esa línea, agrega que “no solo te destruís vos, destruís a un montón de gente alrededor”.
Reinwald sostiene que tanto víctima como victimario, son “una víctima del sistema” en tanto y en cuanto son “víctimas de la manipulación, porque si justamente hay una red que impulsó a este adolescente a tomar esa decisión, ese adolescente es una víctima también”.
El factor de fe
A Reinwald le preguntamos acerca del rol de la iglesia en situaciones como estas. Dijo que la comunidad de la iglesia juega un “papel de contención fundamental”. Según afirmó “no hay otro lugar de contención mayor que la iglesia. Porque la iglesia es una comunidad de sanidad. La iglesia es una comunidad de contención pura”, señaló.
“Creo que la iglesia es el punto neurálgico para la solución de todos los problemas”, repitió para explicar a continuación que “la comunión al interior de la iglesia sana”.
“La comunión al interior de la iglesia trae luz, la comunión al interior de la iglesia es salud emocional, porque justamente el Cristo vivo, esa vivencia de Jesucristo como mi Señor y mi Salvador, acomoda las cuestiones mentales. Sana la dolencia, sana la emoción, sana todo”, señaló.
Y concluyó afirmando que “es fundamental el lugar de la iglesia. Porque en la iglesia hay respuestas para todas nuestras preguntas. Cada uno de nuestros interrogantes tiene respuesta en el Señor Jesucristo, en la Biblia, en el cuerpo de la iglesia”.
Una problemática que exige respuestas integrales
Las amenazas de tiroteos en escuelas argentinas no solo plantean un desafío en términos de seguridad, sino que exponen una crisis más profunda de tipo espiritual como señaló Angeles Reinwald.
Los testimonios coinciden en un punto central y es que la violencia extrema no aparece de un día para otro. Se construye en contextos donde confluyen la falta de límites, la fragilidad de los vínculos, la exposición sin control a entornos digitales, la ausencia de acompañamiento adulto y las limitaciones de un sistema educativo que no logra dar respuesta en soledad. Y un ingrediente fundamental, que es la falta de Dios y una vida espiritual sana.
Frente a este escenario, los especialistas insisten en la necesidad de un abordaje integral, sostenido y colectivo, donde escuela, familia, Estado y comunidad, incluyendo a las iglesias locales, asuman responsabilidades concretas para prevenir que estas amenazas dejen de ser advertencias y se conviertan en tragedias. En ese marco, también se destaca el valor de las comunidades como espacios de contención, donde el acompañamiento cercano, la reconstrucción de vínculos y la presencia activa de adultos pueden marcar una diferencia real en contextos de vulnerabilidad.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional. Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA). Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Evangelística Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





