
Un fuerte operativo federal, realizado por la mañana de este domingo en Tapalpa, Jalisco, en México, dejó como resultado la muerte de Nemesio Oseguera, “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Las autoridades de seguridad informaron que fuerzas federales llevaron a cabo un operativo en el que se abatió al líder del cártel delictivo considerado el más peligroso del país.
Tras el hecho, varias vías de comunicación fueron bloqueadas por gente vinculada al cártel en Jalisco, Michoacán, Tamaulipas y Guanajuato. Además, se presentaron enfrentamientos, por lo que se activó el protocolo de seguridad llamado “Código Rojo”.
Éste protocolo tiene por objeto contener el riesgo que corre la ciudadanía en casos de enfrentamientos armados o quema de vehículos. Por ello, se suspendió el transporte público en algunas zonas.
En el Aeropuerto Internacional de Guadalajara, hubo reportes de disparos y la presencia de hombres armados, lo que desató el pánico entre los viajeros. También hubo quemas de tiendas en otros estados.
Pastores y líderes amenazados
Varios pastores evangélicos han sido intimidados para pagar “derecho de piso” al Cártel Jalisco Nueva Generación. En la mayoría de los casos los pastores no levantan denuncias ante las autoridades por temor a represalias a su integridad y la de sus familias.
“Te hablo a nombre del patrón, sabemos dónde vives, la dirección de la iglesia y lo que hace tu familia pastor, por lo que tienes que pagar tu cuota al jefe de plaza del cártel. Si no la quieres pasar mal coopera”. Mensajes así son parte de las llamadas que han recibido pastores y líderes para pagar altas sumas de dinero y por el hecho de “tener abierta una iglesia”.
Los ministros de culto han tratado de contener “la ola” de extorsiones telefónicas denunciando a los números telefónicos que les proporciona el gobierno o cambiando sus propios números de teléfono móvil. Otros toman la difícil decisión de cerrar los templos por el constante acoso y las amenazas en su contra.
Sólo en 2024 más de 100 iglesias evangélicas cerraron en Chiapas debido a la violencia e inseguridad generada por el crimen organizado. Pastores y feligreses tomaron la decisión de suspender actividades, reportando hostigamiento por parte de grupos delictivos.
En esa ocasión el presidente de la Asociación de Pastores Evangélicos de Tapachula, Gamaliel Fierro Martínez, aseguró que el problema es generalizado porque los grupos delictivos hostigan a toda la población.
“Se han desplazado habitantes y feligreses, hay iglesias que tenían actividades durante toda la semana y ahora las han reducido a un día por semana con distintos horarios, porque el problema es ya tarde noche”, explicó Fierro.
Aunque en un inicio la orden del líder el cártel Nemesio Oseguera, “El Mencho” era no meterse con gente de ninguna religión, “especialmente con los católicos”, las cosas se salieron de control.
Los católicos también son intimidados
La organización Pueblo Creyente del municipio de Chicomuselo, municipio en la Sierra Madre de Chiapas, denunció en 2023 que agentes de pastoral y servidoras de la parroquia local fueron detenidos por integrantes de la agrupación El Maíz, considerada base social del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Se tiene registrado que 11 integrantes de esa comunidad que colaboraban con la diócesis de San Cristóbal de las Casas, fueron ejecutados el 13 de mayo de 2024, “por resistirse a formar parte de alguna de las bandas del crimen organizado”.
En la zona, los religiosos católicos han denunciado atropellos a sus derechos humanos, constantes amenazas, intimidación, hostigamiento, despojo de sus bienes naturales y materiales, además de migración forzada, persecución, detenciones, desapariciones y asesinatos sin que hasta el momento haya respuesta por parte de las autoridades.
Las cifras no son alentadoras: según datos del Centro Católico Multidimensional (CCM), hasta un 80 por ciento de los asesinatos en contra de religiosos permanecen impunes.
Entre 2019 y lo que va de 2026, trece sacerdotes han sido asesinados en México. El país es considerado uno de los más peligrosos para el ejercicio religioso debido al crimen organizado y la violencia estructural.
Casos recientes como el del párroco Ernesto Baltazar Hernández (Estado de México) o Bertoldo Pantaleón Estrada (Guerrero) son sólo un par de ejemplos.
Los sacerdotes son blanco de la delincuencia organizada al trabajar en comunidades vulnerables, defender derechos humanos o denunciar la inseguridad, convirtiéndose en figuras "incómodas".





