
"¿Puede sacarme de aquí? No estoy bien. No sabía que era claustrofóbica", le dije con ansiedad al técnico de resonancia magnética en la fría y rígida sala del hospital. Él, amablemente, me dio un minuto para que me recompusiera. ¿Por qué estaba tan alterada? Mi confianza y optimismo parecieron hacerse añicos en el suelo. Sintiéndome débil, vulnerable y atrapada, me di cuenta de que tenía un problema.
No solo tenía que someterme a esta prueba, sino que allí estaba yo, sintiéndome débil y ansiosa, todo frente a otra persona. Vergonzoso, sin duda. Incómodo, por partida doble. Para colmo, era un desconocido.
Mi problema se presentaba sombrío y directo ante mí. ¿Pero no ofrece cada problema una oportunidad? Sentí mi desesperada necesidad de paz, y la Escritura era la solución. Le avisé al técnico: "Las Escrituras de la Biblia me traen gran paz y verdad. Así que, si no le importa, voy a recitar pasajes en voz alta mientras realiza la resonancia". Él respondió: "No hay problema".
Los minutos parecieron pasar más rápido una vez que comenzó la prueba. Proverbios 3:5-6 salió de mi boca; más tarde, brotaron los versículos del Camino de los Romanos. Antes de darme cuenta, sonó un fuerte pitido y salí de aquel espacio tan apretado como un burrito.
Respirando lo que parecía el aire más puro del planeta, me senté con paz en mi corazón y comprendí de nuevo el poder de proclamar las Escrituras en voz alta, no desde una posición de fortaleza, sino de debilidad. La Palabra de Dios no solo tuvo el poder de transformar mi mente, sino que también abrió la puerta para compartir a Jesús.
Antes de irme, le pregunté al técnico: "¿Ha oído alguna vez el Evangelio?". Él respondió: "No". Después de preguntarle si podía compartirlo con él, asintió con la cabeza. Sus ojos llenos de curiosidad se aferraron a cada palabra mientras escuchaba el Evangelio por primera vez. Aunque aún no estaba listo para poner su fe en Jesús, me agradeció por haberlo compartido. Busqué en mi bolso, le entregué un folleto titulado "Jesús lo cambia todo" y él lo recibió con gusto y una sonrisa.
Dios me humilló ese día y me enseñó algunas lecciones transformadoras que espero que le animen a tener un mayor valor en su testimonio del Evangelio y en su caminar con Cristo.
No se contenga: recuerde que la Escritura es poderosa
¿Creemos que Dios habla poderosamente a través de Su Palabra? Sí, sabemos que "la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos" (Hebreos 4:12). La Escritura ilumina la oscuridad y es una lámpara a nuestros pies, proveyendo una dirección clara (Salmo 119:105). Las palabras humanas a veces fallan, pero se garantiza que las palabras de Dios nunca volverán vacías (Isaías 55:11). La Palabra de Dios es verdadera y digna de ser proclamada.
Creemos todo esto, pero ¿por qué a veces nos abstenemos de proclamar las Escrituras? ¿Quizás nuestros ojos están más enfocados en nosotros mismos que en las páginas de Dios y en Su presencia? ¿Quizás nos aferramos al miedo y a la comodidad? ¿Quizás nos preocupa lo que otros dirán si decidimos compartir?
No se contenga: comparta las Escrituras con desconocidos
Permítame animarle: la capacidad de Dios es más poderosa que la nuestra. Al proclamar las Escrituras, le dejamos los resultados a Él y respiramos. Es tarea de Dios impactar los corazones. Lo que nos corresponde a nosotros es la obediencia. ¿Abriremos nuestra boca para hablar?
La Escritura proclamada nunca vuelve vacía. No importa si los oídos que escuchan son los de su mejor amigo, el empleado del supermercado o una persona en el gimnasio. El poder de la Palabra de Dios no disminuye cuando se comparte con extraños en comparación con los amigos. Compartamos libremente con quienquiera que Dios ponga en nuestro camino.
Específicamente, con las personas que conocemos por primera vez, compartir las Escrituras puede abrir la puerta a una conversación sobre el Evangelio. Ande en el espíritu, no de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio que Dios ya le ha dado (2 Timoteo 1:7). Si todavía se siente inseguro o desea crecer, equípese con consejos prácticos sobre cómo iniciar y dirigir conversaciones sobre el Evangelio.
No se contenga: proclame las Escrituras en su debilidad
¡Anímese! Dios obra de manera regular y poderosa en nuestra debilidad. "Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad". Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo" (2 Corintios 12:9).
Cuando nos sentimos débiles y elegimos compartir las Escrituras con amigos y extraños por igual, nos negamos a permanecer en la oscuridad de nuestros problemas. Estamos proclamando la verdad en medio de la dificultad. Estamos anclando nuestra esperanza en la Palabra inmutable de Dios, en lugar de en nuestros sentimientos y circunstancias siempre cambiantes.
Pasajes bíblicos para proclamar en la debilidad: Permita que Dios transforme su mente y ministre a otros al proclamar las promesas de Dios en las Escrituras:
La presencia de Dios es real: "Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; y salva a los contritos de espíritu" (Salmo 34:18).
Las cosas cambian, pero el amor y la misericordia de Dios permanecen: "Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana" (Lamentaciones 3:22-23).
Jesús le invita a encontrar descanso en Él hoy: "Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28).
Que la Palabra de Dios more en nosotros tan abundantemente que no pueda evitar desbordarse. Proclamar las Escrituras en voz alta no solo es poderoso para quien escucha, sino que también transforma nuestros propios corazones. Ya sea que compartamos con un extraño o un amigo, hagámonos a un lado y dejemos que la Escritura ocupe el lugar central. Jesús lo vale.
Artículo publicado originalmente en inglés en The Christian Post del cual Diario Cristiano Internacional forma parte.
Autora: Heather Barnes es conferenciante, escritora, esposa y madre de tres hijos. Como directora de proyectos especiales en Decision Point, impulsa la misión de la organización dirigiendo proyectos estratégicos, formando a líderes y contratando personal.





