
En un giro inesperado durante el debate presidencial celebrado este lunes en San José, la campaña electoral de Costa Rica se ha visto sacudida por una grave acusación de índole personal y ética.
La candidata del oficialismo, Laura Fernández, acusó públicamente al actual diputado y también aspirante presidencial, Fabricio Alvarado, de haberla acosado sexualmente en el pasado.
El momento de la acusación
El incidente ocurrió en el marco de un debate organizado por Radio Columbia y la Universidad Latina. Fernández, quien se desempeñó anteriormente como asesora legislativa, aprovechó una de sus intervenciones para señalar directamente a Alvarado, líder del partido Nueva República y una figura prominente dentro del sector cristiano evangélico del país.
"En nombre de las mujeres de Costa Rica tengo que alzar la voz", afirmó Fernández durante el encuentro. La candidata relató que los hechos habrían ocurrido cuando ella trabajaba como asesora y acusó a Alvarado de realizar "comentarios pasados" y enviarle fotografías. El punto más crítico de su declaración fue cuando mencionó que el diputado utilizó elementos religiosos en este contexto: "Nunca voy a olvidar cuando me arrinconó en una oficina con la falsa promesa de regalarme una Biblia".
Fernández calificó a Alvarado como un "lobo con piel de oveja" y aseguró que su denuncia busca representar a las mujeres que han sido víctimas de situaciones similares en el ámbito político y laboral.
La respuesta de Fabricio Alvarado
Ante las declaraciones de la candidata oficialista, Fabricio Alvarado rechazó categóricamente los señalamientos. El legislador, conocido también por su trayectoria como periodista, cantante cristiano y más recientemente pastor, apeló a su integridad personal y familiar para defenderse.
Alvarado manifestó que su familia conoce su carácter y que siempre ha dado la cara ante cualquier cuestionamiento. Durante el debate, lamentó el tono que ha tomado la contienda electoral, cuestionando en qué momento se perdió el respeto y la altura en las discusiones políticas del país.
"Mi familia sabe quién soy yo", reiteró, sugiriendo que las acusaciones forman parte de una estrategia de ataques en su contra en el tramo final de la campaña.
Contexto electoral y repercusiones
Este enfrentamiento surge en un momento de alta tensión, a pocos días de que los costarricenses acudan a las urnas el próximo 1 de febrero. Laura Fernández, representante del Partido Pueblo Soberano, y Fabricio Alvarado, de Nueva República, se encuentran entre los principales aspirantes.
Según todas las encuestas publicadas a la fecha, Fernández goza de la mayoría de apoyo popular con porcentajes cercanos al 40%. Mientras tanto a Alvarado las encuestas lo colocan entre los primeros cinco favoritos.
Ambos candidatos son considerados de derecha y ambos se disputan el voto del electorado más conservador. Durante la actual campaña política Fernández y Alvarado han tenido enfrentamientos anteriores por demostrar quién representa verdaderamente al voto cristiano.
Para el electorado cristiano evangélico, que representa una base importante de apoyo para Alvarado, estas acusaciones resultan particularmente sensibles, dado que involucran el uso de símbolos de fe en un contexto de presunta conducta impropia. Por otro lado, la gravedad de los señalamientos de Fernández coloca el tema del acoso en el centro de la agenda pública costarricense.
En octubre del año pasado otra mujer denunció por abusos sexuales cometidos cuando ella era menor de edad a Fabricio Alvarado, quien afirmó que se trata de una "campaña sucia" en su contra. Alicia Castillo, de 32 años de edad, publicó su testimonio en redes sociales acusando a Alvarado de haber cometido abusos sexuales en el 2006 cuando ella tenía 13 años y él 32.
Hasta el momento, no se ha confirmado si la candidata oficialista presentará una denuncia formal ante las autoridades judiciales o si el intercambio permanecerá únicamente en el plano del debate político. Lo que es evidente es que este suceso redefine la narrativa de los últimos días de campaña, obligando a los electores a procesar una denuncia que toca directamente la ética y la vida privada de dos de los candidatos con mayor visibilidad en el país.





