Menos del 1% de las víctimas de trata son identificadas, pero la iglesia puede ayudar, afirma líder ante foro de la ONU

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Sarah Scott Webb, en representación de la Red Mundial por la Libertad, explica a los delegados del foro de la ONU que menos del uno por ciento de las víctimas de la trata de personas llegan a ser identificadas oficialmente. Christian Daily International

Menos de una de cada cien víctimas de trata de personas llega a ser identificada formalmente, advirtió el lunes una defensora mundial de la lucha contra la trata en un evento paralelo de las Naciones Unidas, calificando esta brecha como un fracaso fundamental de los sistemas de protección en todo el mundo y un desafío que la iglesia está en una posición única para ayudar a abordar.

Sarah Scott Webb, fundadora y directora de Oceania Freedom Network y líder de World Freedom Network, intervino en el evento paralelo del Foro Político de Alto Nivel titulado "Del compromiso a la acción: Soluciones urbanas para la trata de personas en Liberia y Sierra Leona", celebrado el 13 de julio en la Comisión Internacional de Justicia Social del Ejército de Salvación en Nueva York.

"Menos del uno por ciento de las víctimas de trata son identificadas oficialmente", declaró Webb ante los asistentes. "Eso significa que por cada víctima que logra recibir protección y asistencia, más de noventa y nueve permanecen invisibles: invisibles para los gobiernos, invisibles para los servicios, invisibles para la justicia, invisibles para nosotros".

¿Por qué permanecen invisibles?

Webb sostuvo que la identificación de las víctimas es el cuello de botella más crítico en la respuesta global contra la trata. "La identificación de las víctimas es la puerta de entrada a todas las demás áreas de la lucha contra la trata", afirmó. "Sin identificación, las víctimas no reciben protección, los traficantes no rinden cuentas, las comunidades siguen siendo vulnerables y la verdadera naturaleza de la trata permanece oculta".

"Menos del uno por ciento de las víctimas de trata son identificadas oficialmente" - Sarah Scott Webb

El evento paralelo fue coorganizado por la Alianza Evangélica Mundial, World Freedom Network, Rain Collective y World Hope International. Reunió a estados miembros de la ONU, agencias del organismo internacional, investigadores, miembros de la sociedad civil y organizaciones de base de fe para analizar enfoques basados en evidencia para combatir la trata, con un enfoque especial en Liberia y Sierra Leona.

Los ponentes analizaron los hallazgos de investigaciones en ambos países de África Occidental, donde los programas comunitarios liderados por redes locales de confianza están fortaleciendo la resiliencia comunitaria frente a las nuevas formas de explotación. La sesión se enmarcó en el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 11: Ciudades y Comunidades Sostenibles, y el ODS 17: Alianzas para lograr los Objetivos.

El núcleo del discurso de Webb fue un desafío a la forma en que se entiende la identificación de las víctimas. Explicó que la definición estándar —el momento en que una autoridad oficial certifica formalmente a alguien como víctima de trata— es correcta pero incompleta, ya que solo captura el final de un proceso mucho más largo.

Como ejemplo, citó a su país de origen. En Nueva Zelanda, explicó, se considera que la identificación de una víctima ocurre en el momento en que el departamento de Inmigración de Nueva Zelanda certifica formalmente que se ha cumplido el umbral legal de trata o explotación. Dicha determinación activa protecciones legales para la persona afectada. "Así es como se entiende comúnmente la identificación de las víctimas, y no está mal", señaló Webb. "Pero está incompleta, porque es solo el final del proceso de identificación, no todo el proceso".

"La identificación de las víctimas es la puerta de entrada a todas las demás áreas de la lucha contra la trata" - Sarah Scott Webb

"La identificación de las víctimas comienza mucho antes de ese momento de determinación formal", afirmó. "Se define con mayor precisión como un proceso: una serie de interacciones en las que diferentes personas, en distintos puntos de contacto, detectan indicadores de trata, generan confianza, hacen las preguntas adecuadas, comparten información y toman decisiones que determinan el rumbo de la víctima hacia la seguridad".

Webb ilustró este punto con el caso de una joven migrante que pasó por una clínica de salud, una auditoría laboral en una fábrica, un lugar de culto y un encuentro de inmigración; cada interacción representó una oportunidad de rescate perdida. "En cada punto de contacto ella era visible. Interactuó con múltiples sistemas diseñados para proteger a las personas. Y, sin embargo, nunca se concretó la identificación. No porque a nadie le importara, sino porque cada punto de contacto vio solo una parte de su historia".

Un proceso de múltiples contactos

Contrastó esto con un escenario alternativo de los mismos encuentros, en el que un trabajador de la salud pregunta si la mujer es libre de dejar su trabajo, un auditor laboral nota que ella no tiene su pasaporte en su poder, un líder religioso reconoce miedo en lugar de simple estrés y sabe a quién llamar, y un oficial de inmigración se detiene a hacer preguntas antes de imponer una sanción administrativa. "Nada cambió respecto a la víctima", dijo Webb. "Todo cambió en el ecosistema".

Webb enfatizó que la identificación de las víctimas requiere concientización, confianza, detección, derivación y colaboración en múltiples sectores. Gobiernos, fuerzas del orden, profesionales de la salud, empresas, investigadores, iglesias y la sociedad civil tienen un papel en este proceso, pero ninguno puede hacer el trabajo por sí solo.

El papel de la iglesia

Se hizo especial hincapié en el papel de las iglesias y comunidades de fe. Webb señaló que estas comunidades a menudo cuentan con la confianza y el acceso local de los que carecen los sistemas formales, lo que les permite llegar a personas que jamás se acercarían a una oficina gubernamental o a una comisaría.

"La sociedad civil y las comunidades de fe aportan confianza, conocimiento local y acceso a comunidades vulnerables", afirmó Webb. "Juntos, creamos las condiciones para que las víctimas puedan ser reconocidas, protegidas y apoyadas".

La identificación de las víctimas requiere concientización, confianza, detección, derivación y colaboración en múltiples sectores.

Este argumento cuenta con una larga trayectoria internacional, señaló. El Protocolo de Palermo —el acuerdo de las Naciones Unidas que ha sido la columna vertebral legal de la respuesta global contra la trata durante más de dos décadas— ha reconocido la colaboración como uno de los pilares de una respuesta eficaz desde su adopción. El ODS 17 refuerza este mismo principio, añadió, afirmando que los desafíos globales complejos solo pueden resolverse mediante una sólida colaboración de múltiples partes interesadas.

Señalo que la importancia de estas alianzas fue reafirmada en la sesión ministerial de la Asamblea General de la ONU celebrada ese mismo día. "La colaboración es esencial", dijo, "tal como lo destacó el presidente de la Asamblea General en la sesión ministerial de esta mañana en la ONU".

Webb también destacó la necesidad de basarse en evidencia antes que en suposiciones. Investigar por qué las víctimas permanecen ocultas —qué barreras existen, dónde fallan los sistemas y qué alianzas marcan la mayor diferencia— es lo que hace posible mejorar las políticas y las prácticas de prevención, puntualizó.

"Si no logramos entender por qué las víctimas permanecen ocultas, no podremos construir los ecosistemas que ayuden a encontrarlas", advirtió.

Lo que está en juego es crucial: se calcula que 50 millones de personas viven en condiciones de esclavitud moderna en todo el mundo, de las cuales 27.6 millones sufren situaciones de trabajo forzado. La respuesta a estas cifras, concluyó, depende de persuadir a todos los sectores de la sociedad —incluida la iglesia— de ver la identificación de víctimas como una responsabilidad compartida, en lugar de una tarea delegada únicamente a las autoridades.

"Debemos dejar de ver la identificación de las víctimas como un evento único", concluyó, "y empezar a verla como una responsabilidad compartida. Nuestra responsabilidad".


Artículo publicado originalmente en Christian Daily International, versión en inglés de Diario Cristiano Internacional.

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