
Tras su victoria electoral este domingo 1 de febrero con más del 48% de los votos, la presidente electa de Costa Rica, Laura Fernández, ofreció su primera conferencia de prensa en la que delineó lo que será la relación de su administración con el sector religioso del país.
Con un tono conciliador y firme, Fernández subrayó que su gestión se caracterizará por la defensa irrestricta de la libertad de conciencia y de culto.
Un compromiso con la libertad
Al ser consultada sobre su posición respecto a las iglesias y la fe de los ciudadanos, Fernández fue enfática: "Mi posición es la de la libertad. Las personas tienen que tener total libertad al culto, sean católicas, sean cristianos, judíos o si simplemente no profesan ninguna fe".
La nueva mandataria destacó que liderará un "gobierno de respeto a la diferencia y de respeto al credo de cada uno de los costarricenses".
Este enfoque busca dar continuidad al espíritu con el que celebró su triunfo, donde en sus primeras declaraciones públicas tras conocerse los resultados, rindió su futuro gobierno a Dios, reconociendo Su soberanía sobre la nación.
Su fe personal y formación
Durante el encuentro con los medios, Fernández compartió detalles sobre su vida privada y su trasfondo religioso, aclarando que, aunque su función pública será inclusiva, mantiene convicciones personales profundas.
"En el seno de mi intimidad personal, porque eso es algo mío y de mi familia, yo soy una persona católica respetuosa y viviente, ferviente de las tradiciones del catolicismo", afirmó.
La presidente también mencionó que su formación académica estuvo ligada a instituciones religiosas: "Fui formada en una escuela y en un colegio católico y me siento siempre muy cercana en mis devociones personales".
Inclusión en el equipo de gobierno
Fernández aseguró que la filiación religiosa no será un factor de discriminación a la hora de conformar su gabinete o elegir a sus colaboradores. Por el contrario, buscará la excelencia técnica y moral por encima de cualquier etiqueta. "Para integrar el gobierno, para conducir a Costa Rica, yo me voy a rodear de los mejores perfiles sin ningún tipo de discriminación", señaló la mandataria electa.
En este sentido, reiteró que "cualquier persona católica, evangélica, que no profesa ninguna fe y tiene estatura técnica, moral, un buen corazón, puede trabajar con nosotros".
Una "cruzada" por los valores y la familia
La presidente electa hizo un llamado a la unidad nacional a través de lo que denominó una "gran cruzada" que involucre a todos los sectores sociales y religiosos.
"Creo que llegó la hora de una gran cruzada por la dignidad humana nacional, de una gran cruzada por el amor al prójimo, de una gran cruzada por la justicia social, por el rescate de valores y de la familia", expresó con determinación.
Asimismo, envió un mensaje de tranquilidad a los líderes de las distintas denominaciones, asegurando que mantendrá las puertas abiertas al diálogo, tal como lo ha hecho hasta ahora con figuras de diversas comunidades.
"Jamás perseguiría a ningún líder religioso de la iglesia que sea", puntualizó, mencionando su cercanía y conversaciones frecuentes con líderes católicos, cristianos evangélicos, judíos, testigos de Jehová y de otras expresiones de fe presentes en el país.
Fernández concluyó reafirmando que su objetivo es que el pueblo costarricense pueda profesar sus creencias "en absoluta libertad, en plenitud y sin ningún tipo de desigualdad".





