
Cuando Natalia Campos recibió la noticia de que su hija Micaela había nacido con parálisis cerebral severa, el futuro que había imaginado para su familia cambió en cuestión de horas. Lo que siguió fue un largo camino de adaptación, preguntas sin respuestas sencillas y una fe puesta a prueba por las circunstancias. Más de veinte años después, aquella experiencia se convirtió en uno de los pilares de Crayones rotos todavía pintan, un libro que buscó llevar esperanza a personas que atravesaron temporadas de sufrimiento y reconstrucción.
“Ese día, nuestros sueños se derrumbaron en cuestión de horas. Tuvimos que enterrar a la hija que imaginábamos y aprender a amar profundamente a la que Dios nos confió”, recordó la autora en una carta abierta a los lectores que compartió con Diario Cristiano en una entrevista en exclusiva.
La historia detrás del libro no se limitó a ese episodio. Mientras aprendió a cuidar a una hija con necesidades especiales, la vida le presentó nuevos desafíos. Llegaron crisis familiares, el divorcio de sus padres, la depresión y posterior demencia de su madre, la pérdida de su sobrino Mateo y períodos de profunda tristeza que la llevaron a recibir medicación.
“Sé lo que es perder la alegría. Sé lo que es sentir que la esperanza se escurre”, afirmó.
La autora reconoció que atravesó momentos particularmente oscuros. Habló de días en los que no quiso levantarse de la cama y de un dolor tan profundo que llegó a sentir que desaparecer sería una forma de dejar de ser una carga para otros.
"Y una vida quebrada, en las manos de Dios, todavía puede dejar trazos de esperanza"
Campos, teóloga, asesora familiar y autora de Quebranto: Cuando el alma se rompe y la fe sangra, dedicó años a la enseñanza y al acompañamiento pastoral de personas y familias que atravesaron procesos de dolor, pérdida y restauración. Casada con Fernando y madre de Micaela y Macarena, cursó estudios doctorales y sostuvo que gran parte de lo que compartió en sus libros no surgió únicamente de su formación académica, sino de las experiencias que marcaron profundamente su propia vida.
Durante esos años, una de las preguntas que más la acompañó fue cómo conciliar la realidad del sufrimiento con la convicción de que Dios es bueno.
“Por años me costó decir que Dios era bueno. Sabía que su voluntad era perfecta, pero no entendía cómo el dolor podía formar parte de ese plan”, confesó.
La respuesta no llegó a través de explicaciones simples. Según relató, fue en medio del quebranto donde descubrió una verdad que transformó su manera de entender la fe.
“El Señor no siempre explica, pero siempre acompaña. Su fidelidad no consiste en evitar el dolor, sino en permanecer en medio de él”, aseguró.

Esa convicción dio origen a Crayones rotos todavía pintan, una obra publicada por Editorial Certeza Argentina que propuso un recorrido devocional de 40 días para quienes enfrentaron pérdidas, heridas emocionales, enfermedades, crisis familiares o temporadas en las que la esperanza pareció agotarse.
El título surgió de una imagen sencilla, pero significativa. Para Campos, los “crayones rotos” representaron a las personas que fueron marcadas por el dolor, las decepciones o los errores, pero que conservaron valor y propósito.
“La buena noticia es que estar roto no significa estar descartado. Un crayón roto sigue teniendo color. Y una vida quebrada, en las manos de Dios, todavía puede dejar trazos de esperanza”, explicó.
La autora sostuvo que muchas personas continuaron adelante con sus responsabilidades diarias mientras cargaron heridas invisibles. Por eso, una de las motivaciones centrales del libro fue crear un espacio donde el sufrimiento pudiera ser reconocido sin vergüenza y acompañado con honestidad.
“A veces en la iglesia sabemos hablar de victoria, pero nos cuesta hablar del proceso, del duelo, de la vergüenza, de la espera y del silencio”, señaló.
Lejos de ofrecer fórmulas rápidas o respuestas simplistas, Campos planteó que la restauración suele desarrollarse como un proceso. En algunos casos implicó sanar heridas; en otros, aprender a vivir de una manera nueva después de ellas. Pero en todos los casos, sostuvo, la esperanza encontró un camino incluso en medio de las circunstancias más difíciles.
“Por años me costó decir que Dios era bueno. Sabía que su voluntad era perfecta, pero no entendía cómo el dolor podía formar parte de ese plan”.
La autora expresó que deseó que las páginas nacidas de sus propias noches de dolor acompañaran a quienes sintieron que ya no tenían fuerzas para seguir adelante. Personas que enfrentaron enfermedades, pérdidas, fracasos, culpas o preguntas que todavía no encontraron respuesta.
A través de su labor como teóloga, asesora familiar y escritora, Natalia Campos acompañó a personas que enfrentaron situaciones similares a las que ella misma vivió. Su mensaje, plasmado en Crayones rotos todavía pintan, nació de una convicción forjada en medio de años de lucha: la gracia de Dios no solo consoló, sino que también reconstruyó lo que pareció irrecuperable.
Porque, como sostuvo a lo largo de su obra, Dios no descartó lo que se rompió. Y así como un crayón quebrado conserva su color, una vida herida todavía pudo convertirse en una historia de esperanza.
Autora: Lizzie Sotola es corresponsal en Latinoamérica para Diario Cristiano Internacional. Es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social graduada en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora, Argentina. Cuenta con una trayectoria de más de 25 años como profesional. Tiene una vasta experiencia en medios de comunicación, organizaciones educativas y religiosas como también editoriales cristianas. Ha trabajado para Editorial Vida, Sociedad Bíblica Internacional, Alianza Evangélica Latina y la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de Argentina (ACIERA). Además ejerce como periodista freelance para los festivales de la Asociación Evangelística Palau en Iberoamérica y dirige una agencia de difusión llamada Noti-Prensa.





