¿Cómo reconocer la voz de Dios?

Adoración
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¿Cómo reconoces la voz de Dios? Hay tantas voces que podríamos escuchar. Voces de amigos, familiares, compañeros de trabajo y de otras personas en nuestras iglesias y comunidades. Voces en línea compiten constantemente por nuestra atención a través de las redes sociales, arrastrándonos hacia narrativas y agendas específicas.

Y luego están las voces de nuestra propia creación: voces internas que susurran expectativas, emociones, temores y deseos. Incluso cuando la habitación a nuestro alrededor está en silencio, nuestra mente puede seguir acelerada. Procesamos conversaciones, responsabilidades, decisiones, noticias, horarios, desilusiones y asuntos pendientes.

Si queremos ser personas guiadas por el Espíritu, ¿qué voz prevalecerá en medio del ruido? ¿A quién vamos a escuchar? ¿A quién le permitiremos que nos dé propósito y dirección? ¿Qué voz se elevará por encima de todas las demás para guiarnos hacia la verdad, la esperanza y la vida?

Si eres un seguidor de Cristo, solo hay una voz que verdaderamente importa. Solo hay una fuente de verdad y sabiduría en la que podemos confiar plenamente para que nos guíe de forma correcta. No obstante, debemos aprender a reconocer y distinguir su voz por encima de todas las demás.

"Las ovejas le siguen, porque conocen su voz. Mas al extraño no seguirán" (Juan 10:4–5).

Aquí hay una familiaridad implícita. Las ovejas no se limitan a oír al Pastor; conocen su voz. Lo reconocen porque han aprendido cómo suena. Y, en última instancia, esta clase de familiaridad y discernimiento comienza al sumergirse en su Palabra.

Cuando dedicamos tiempo a meditar en la Palabra de Dios, comenzamos a reconocer que Dios tiene su propio timbre de voz. Aprendemos cómo suena al conocer su corazón. Descubrimos qué lo conmueve y qué le entristece. Vemos cómo responde ante la debilidad, la rebelión, la fe, el arrepentimiento, la injusticia, la humildad y el hambre espiritual. Aprendemos lo que celebra y lo que corrige. Y lo más importante: vemos su corazón revelado de manera perfecta a través de Jesús.

Cuando conoces a alguien durante muchos años, no necesitas que se identifique cada vez que te llama. A veces lo reconoces con solo unas pocas palabras. Su tono te resulta familiar, su vocabulario te resulta familiar, su personalidad te resulta familiar.

Sabes cómo suena porque lo conoces. Y con Dios debería ocurrir lo mismo.

Cuanto más penetra su Palabra en nuestro interior, más familiares nos resultan sus pensamientos, valores y caminos. Ya no buscamos simplemente un versículo que pueda validar algo que escuchamos; estamos aprendiendo a reconocer si algo verdaderamente suena como Él.

Esto es fundamental porque no toda impresión espiritual procede del Espíritu Santo. Algunas se originan en nuestros propios pensamientos o están influenciadas por nuestros deseos, temores, expectativas y experiencias pasadas. La Escritura también nos advierte que otras voces espirituales buscan captar nuestra atención. Por ello Juan escribió: "Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios" (1 Juan 4:1).

Jesús confrontó continuamente a líderes religiosos que conocían la Escritura a la perfección y que, sin embargo, no lograron reconocerlo cuando estuvo justo delante de ellos.

"Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí" (Juan 5:39).

Conocían el texto, pero no alcanzaron a la Persona.

Por tanto, no se trata simplemente de un llamado a leer más tu Biblia. Es una invitación a encontrarte con Dios en su Palabra. Lee hasta que reconozcas su corazón. Lee hasta que sus caminos te resulten familiares. Lee hasta que su verdad comience a moldear tus instintos. Lee hasta que algo en tu interior reconozca: "¡eso suena a mi Padre!"

Jesús mismo modeló esta clase de discernimiento. Cuando Satanás lo tentó en el desierto, el enemigo no ofreció únicamente mentiras evidentes; en cierto punto, Satanás incluso citó la Escritura. Jesús estaba discerniendo algo mucho más sutil que la verdad frente al error: estaba discerniendo entre la Palabra de Dios correctamente comprendida y la Palabra de Dios manipulada para un propósito equivocado.

Su respuesta fue directa: "Escrito está también" (Mateo 4:7). Jesús conocía mucho más que versículos aislados: conocía el corazón y la intención de su Padre.

Por esta razón, limitarse a recopilar versículos bíblicos no basta. Necesitamos permitir que todo el consejo de la Escritura penetre en nuestro interior hasta transformar nuestra forma de pensar. La Palabra de Dios debe convertirse en una parte tan natural de nuestros pensamientos que cualquier otra voz comience a sonar desafinada o extraña.

Pero también debemos ser conscientes de nuestros propios filtros. A veces, el mayor obstáculo para escuchar a Dios con claridad no es el diablo: somos nosotros mismos.

Nuestro propio corazón puede filtrar lo que oímos. Podemos desear algo con tantas fuerzas que asumimos que Dios lo ha prometido. Podemos temer tanto a algo que cualquier advertencia nos parece profética. O tal vez ya hemos llegado a una conclusión de antemano y luego interpretamos de forma inconsciente cada impresión como una confirmación. Sin embargo, la Palabra de Dios penetra bajo la superficie para dividir con precisión el alma del espíritu.

"Porque la palabra de Dios es viva y eficaz… y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12).

La Palabra de Dios no solo proporciona una plomada para evaluar una revelación o una verdad: también pone a prueba a quien la recibe. La Palabra expone nuestros motivos, cuestiona nuestras suposiciones y confronta nuestros temores. Revela en qué aspectos nuestra manera de pensar ha sido moldeada más por la cultura, las experiencias, las decepciones o las preferencias personales que por el corazón de Dios.

En una cultura saturada de información continua, opiniones, discusiones, titulares, notificaciones y comentarios, necesitamos esta purificación interna más que nunca. En ocasiones nos presentamos ante la presencia de Dios con tanto ruido interior que ya estamos anticipando lo que Él debería decir antes de habernos detenido a escuchar.

Sin embargo, aprender a distinguir su voz requiere espacio. Requiere atención. Requiere acallar las voces que compiten a nuestro alrededor el tiempo suficiente para reconocer la suya. Hay una pureza, un peso y una cualidad en la voz del Espíritu Santo que se vuelven cada vez más reconocibles cuanto más tiempo pasamos con Él.

A veces, la dificultad para reconocer la voz de Dios no se debe a que Él haya dejado de hablar; puede que simplemente hayamos olvidado cómo detenernos y escuchar.

Tampoco debemos angustiarnos por escucharlo todo a la perfección. Aprender a oír la voz de Dios es algo relacional, y las relaciones se desarrollan con el tiempo. Escuchamos. Respondemos. A veces nos damos cuenta de que entendimos mal. Y entonces volvemos a escuchar.

Cometer un error no tiene por qué dar por terminada la conversación. Si permanecemos humildes y dispuestos a aprender, incluso nuestras equivocaciones pueden formar parte de nuestro aprendizaje. Empezamos a reconocer en qué momentos nuestras emociones condicionaron lo que oímos. Descubrimos las suposiciones que trajimos al diálogo. Aprendemos a distinguir cómo se siente su paz en comparación con nuestra propia urgencia. Poco a poco, nuestros oídos espirituales se van afinando cada vez más.

Al calmar el torbellino de voces en competencia y pasar tiempo en su Palabra y en su presencia, algo comienza a suceder. Nos familiarizamos cada vez más no solo con lo que Dios dice, sino con cómo suena. Y finalmente, algo en nuestro interior empieza a reconocer la verdadera voz de Dios.

Y, por encima de todas las demás voces, aprendemos a seguir la suya.


Autora: Wanda Alger ha estado en el ministerio durante más de 35 años como líder de alabanza, maestra, autora, consejera de liberación y conferencista. Autora de nueve libros, Wanda inspira a los creyentes a caminar en el poder del Espíritu y a madurar a través de la Palabra y la sabiduría de Dios. Al ser fundadora de iglesias y estar casada con un pastor, también imparte conferencias sobre liderazgo piadoso y la capacitación de los santos para la obra del ministerio. Su amplia biblioteca en línea de recursos gratuitos, junto con todos sus libros y videos de formación, puede encontrarse en su sitio web WandaAlger.Me. 

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